Un artista tan vasto como lo fue Miguel Covarrubias (Ciudad de México, 1904 - 1957) requería un libro que igualara su ambición, eso procura hacer Miguel Covarrubias: Trazos, diagramas y contactos de América a los Mares del Sur, publicado por el Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM y que acaba de ser reconocido por el INAH con el Premio Antonio García Cubas 2026, en la categoría de Libros de Arte.
“Este libro da un acercamiento sobre diversos aspectos de Miguel Covarrubias: el artista, el dibujante, el caricaturista. (...) Estamos viendo a un Covarrubias desde una óptica más completa”, dice Rita Eder, investigadora del IIE y editora del libro, donde se muestra cómo la capacidad de sintetizar y comunicar a través del dibujo permeó en las facetas de geógrafo, cartógrafo, antropólogo y etnógrafo del artista. “Aparte de todo, él era una persona que utilizaba el dibujo como método de conocimiento”, añade Eder.
En la publicación se abordan temas como las yuxtaposiciones con contemporáneos como Sergei Eisenstein, Roberto Montenegro y Adolfo Best Maugard; el cambio de paradigma que significó la forma en que representaba a las personas negras en sus dibujos; un estudio más a profundidad del mapa Art Forms from the Pacific Area; el mural desaparecido de su serie Pageant of the Pacific; sus ilustraciones sobre biología, tatuajes y arqueología sudamericana y hasta las caricaturas que hizo para las “Entrevistas imposibles” de la revista estadounidense Vanity Fair. Así como era diversa la obra del artista, son igual de diversos los capítulos del libro, que es resultado de un seminario de investigación que organizó Eder en 2017.
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Para la realización de los artículos del libro se consultaron acervos como el Archivo Covarrubias de la Universidad de las Américas, Harry Ransom Center, de la Universidad de Texas; Metropolitan Museum of Art, Museum of Primitive Art, Fundación Barragán, New York Public Library, entre otros, que ayudaron a proporcionar información inédita.

Un hallazgo
La historiadora de arte Mónica Ramírez Bernal lleva años estudiando el trabajo de Miguel Covarrubias, es por eso que cuando “escarbaba” el archivo del artista —que está en el Harry Ransom Center, en la Universidad de Texas— no pudo contener la emoción al encontrarse con una serie de dibujos de los que se conocía su existencia, pero que se creían perdidos.
Se trata de nada más y nada menos que los borradores de un libro inédito sobre arqueología sudamericana. El material conformaría el tercer libro de su serie “El águila, el jaguar y la serpiente”, un estudio comparativo de las expresiones artísticas de las culturas indígenas de las Américas, pero el tomo dedicado a América del sur no se publicó porque Covarrubias falleció antes de terminarlo; ni siquiera alcanzó a ver impreso el segundo volumen, que terminó complementándose con fotografías de Nickolas Murray.
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“Nadie había encontrado muchos de los materiales, había unos dibujos en el archivo Miguel Covarrubias, en la Universidad de las Américas (Puebla), pero en un viaje de investigación fue donde encontré los materiales”, cuenta Ramírez Bernal.
Aunque el hallazgo no fue precisamente en el acervo de Covarrubias —que fue donado a la Universidad de Texas por la viuda del artista, Adriana Williams—, sino que estaban ubicados en el archivo del editor del artista, Alfred Knopff, que ahí también se resguarda.
Los 150 dibujos hallados fueron los que dieron pie a esta investigación, realizada junto a la argentina María Alba Bovisio.
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Este hallazgo revela y confirma algunos elementos sobre la forma de trabajo de Covarrubias, dice Ramírez Bernal. Para empezar, hasta donde se sabe, Covarrubias nunca viajó a América del Sur, por lo que llama la atención la investigación realizada a distancia por parte de una persona que acostumbraba a hacer trabajo de campo.
“Eso nos hizo pensar distinto en su metodología, fue antropólogo, experimentó directamente muchas de las culturas de las que habló, pero también hubo otras que sólo vio en libros y fotos. Eso es importante, no creo que sea algo malo necesariamente, habla de cómo construía conocimiento en esa época”, dice Ramírez, quien también firma el capítulo “Art Forms of the Pacific Area. Propuesta sobre una tipografía del arte”.
Este hallazgo consiste principalmente en bocetos y muy poco texto, lo cual refuerza una idea que está presente a lo largo del libro: Covarrubias formaba conocimiento a partir de la imagen, un campo en el que oscilaba entre lo artístico y lo científico.
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“Todos los aspectos de Covarrubias están permeados por su enorme capacidad para el dibujo, inclusive su trabajo como antropólogo, cartógrafo, geógrafo. El libro aporta mucho sobre su metodología, sobre cómo pensaba una imagen antes de hacerla, tenemos a una mente muy ordenada”, añade Rita Eder.

El área gris
Otro aporte destacado del libro es tratar un tema que, bajo la óptica contemporánea, podría ser espinoso, pero que el investigador Marco Polo Juárez Cruz precisamente aborda desde “un área gris”: la forma en que Miguel Covarrubias retrató a las personas negras.
El investigador ha registrado que hay quienes consideran que el artista mexicano propició nuevos estereotipos, sin embargo, él más bien señala que “trabajó con tipos” y no desde la exuberancia, sino desde la antropología.
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Desde la cotidianidad del barrio de Harlem, en Nueva York, hasta distintos tipos de danza africana, Covarrubias se dedicó a retratar a las personas negras en un momento en el que “en la sociedad estadounidense los afroamericanos se están debatiendo en espacios culturales y artísticos cómo quieren ser representados, cómo se van a integrar a una idea general de sociedad estadounidense. Es la primera vez que tienen voz activa. Entonces los dibujos que hace Covarrubias abonan a estos debates”, declara Marco Polo Juárez Cruz.
A nivel global, el investigador recuerda que era un momento en el que el arte moderno se “nutría de influencias” y tenían “interés de ver hacia otra latitud”, como Paul Gauguin, que viajó a Oceanía, o Picasso, que estaba interesado en las máscaras africanas.
Para el doctor en Historia del arte, la representación de las personas negras de Covarrubias “están en este espacio gris donde se podría pensar que está abonando a estereotipos raciales, pero en el momento en que las caricaturas fueron creadas, hay una negociación que se hace dentro de los círculos cercanos a las comunidades afrodescendientes”, con esto se refiere Juárez Cruz a que en aquel entonces la caricatura en publicaciones como Vanity Fair era vista como una representación positiva y no peyorativo: “la caricatura pasa a ser un signo de ser famoso, de ser alguien dentro de la sociedad”.
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Para Juárez Cruz, la forma en que Covarrubias trabajó la representación africana revela “su disciplina antropológica”, una mirada que no partía de “lo exuberante ni el primitivismo, sin dejar de lado que fue un artista modernista de inicios de siglo, aún con ciertos paternalismos”.
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