El mono, la viñeta, la caricatura y el dibujo humorístico en general tienen una larga tradición en la historia de la gráfica de nuestro país y si bien mayormente ha utilizado al contexto político como principal insumo en cada época, el refinamiento de este arte no está ahí. También está fuera de los periódicos y las revistas, el medio a través del cual tuvieron un propósito público a lo largo del siglo XX y hasta hace algunos años.

Si bien no hay una organización colectiva de los artistas de este género, como se puede apreciar más visiblemente con los caricaturistas políticos, sus exponentes permiten entrever el pulso de la forma, fondo y canales a través de los cuales vive y hasta se viraliza este tipo de contenido, a través de la red y de la herramienta de (in) comunicación más compleja en la historia de la humanidad: las redes sociales.

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Changos Perros ha convertido la sencillez gráfica en una marca reconocible dentro del humor visual digital.
Changos Perros ha convertido la sencillez gráfica en una marca reconocible dentro del humor visual digital.

En entrevista para Confabulario, los artistas Jis y Changos Perros –porque el nombre artístico siempre ha sido importante en este performance gráfico– nos narran el estado de su arte y los retos a los que se enfrentan para hacer de éste una actividad productiva y una fuente de ingresos a través de las redes. Ambos “graficonautas” pertenecen a épocas distintas, pero convergen en la actualidad ante retos similares y demuestran que la creatividad –más allá de humor simplón– es lo que realmente se queda en la mente y gustos de un público digital con una atención cada vez más fugaz y dispersa.

Viñeta (Changos Perros): el personaje se encuentra sentado con un libro entre las manos. Entre corchetes dice “[yo leyendo poesía]”. En el globo en el que se lee su pensamiento dice: “no entiendo ni bergas, mencanta” (sic).

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Changos Perros es uno de los artistas emergentes con los que me he encontrado en la red, cuya obra me ha resultado representativa de lo que es la viñeta humorística hoy en día. Sus viñetas se componen de dibujos humanoides planos, en fondos blancos y contornos en negro, con trazos y gramática deliberadamente desaliñados. En su sencillez resaltan con facilidad sus ideas cargadas de humor.

“Lo simplifiqué lo más que pude y me di cuenta de que igual funcionaba para las cosas que quería decir y las ideas que tenía. El dibujo podía ser muy simple y no perdía fuerza, al contrario, se volvía más directo”. El cliché de “menos es más” aplica a este género, el haikú del humor gráfico:

“Con las viñetas encontré que el texto breve y directo se combinaba muy bien con un dibujo que era igualmente sencillo y contundente, pero además tenía una potencia que no conseguía con un dibujo más elaborado”. Fue un proceso largo, dice, pero su identidad gráfica ahora es inconfundible.

En la viñeta la forma también es fondo, puesto que es la posibilidad de emitir un mensaje en una sola estampa, de materializar rápido una idea, resumir toda una historia o un pensamiento, así como una opinión o alguna ocurrencia, acota por su parte Jis, alias José Ignacio Solórzano.

“Además, hay algo tanto conceptual como gráficamente que me ha hecho muy desesperado, o sea, brota la idea o la ocurrencia y quiero que de inmediato quede en el papel. Concluido, me retiro a plasmar la siguiente, nada de quedarme estacionado, no señor, nada de ‘continuará’. No, no, no”.

TRABAJAR EN (PARA) LA RED.

El plan de Changos Perros no era convertirse en ilustrador o humorista gráfico, sólo sabía que le gustaba dibujar y compartirlo con los demás. “La primera vez que subí algo a internet fue hace como 10 o 12 años, más o menos. Fue en un blogspot –creo que ya ni se usan– y porque un amigo que me veía dibujando todo el rato me alentó”.

La red se volvió el canal natural de distribución para el artista de origen tabasqueño, sin embargo, los blogs quedarían en el pasado y gradualmente el mercado de autoexplotación –como señala el filósofo Byung-Chul Han– llevó a este y muchos otros artistas a jugar el juego infinito de las redes sociales que, sin embargo, son esenciales, refiere. “Definitivamente mi trabajo no tendría el mismo alcance si no fuera por las redes, es algo curioso porque al principio me resistía mucho ya que dibujo siempre en papel, con tinta y todo eso. Soy muy análogo”.

Nuevamente sus amigos alentaron su presencia en las redes sociales, donde todo parece fluir de una manera muy natural, dice. “Me di cuenta de que mientras más contenido subes, por decirlo así, dibujos, historietas o lo que sea que hagas, es más fácil que conectes con un público. Esto parece una obviedad, pero para mí fue un gran descubrimiento”.

Se lo tomó en serio y comenzó a subir viñetas, si podía, diariamente e incluso más de una vez al día. Esto generó un crecimiento orgánico desde donde llegaron los fans y seguidores sin necesidad de una estrategia mayor o de pagar publicidad, añade.

“En mi caso, la gente me fue jalando a que hiciera más cosas. Me escribían para preguntarme: ‘oye, ¿no tienes un librito por ahí para comprártelo?’, ‘¿tienes una playera?’, ‘oye, ¿dónde vas a estar para buscarte y comprarte cosas?’. ‘Me gusta tu trabajo’. Es por eso que empecé a moverme un poco más”.

Su primer libro apareció porque observó que tenía suficientes seguidores como para intentarlo. Pero el público es una cosa y la maquinaria que te permite mantenerte en contacto con ellos es otra; el caricaturista acepta que el ritmo de las redes sociales ha ejercido una presión para la generación y publicación de contenido.

“Me ha pasado bastante. Ha habido varios momentos en los que me harto o que me estreso muchísimo por lo que he necesitado ‘vacaciones’ de las redes y me he alejado un poco, porque es cierto que uno termina trabajando para las redes sociales, para Instagram, para el algoritmo que es insaciable y siempre te pide cosas; nunca va a ser suficiente material y nunca te vas a entregar lo suficiente a ellas.

“Siempre va a haber otra manera de que este mecanismo te exija cosas. Empiezas a subir dibujos y luego te empieza a pedir videos, sonidos o clips mucho más pequeños. O sea, siempre te está exprimiendo de alguna forma. Me he dado cuenta de que cuando me estreso mucho empiezo a subir cosas demasiado rápido y sin pensarlas, luego me doy cuenta de que pude haber trabajado más una idea o hacer más lentamente un cómic”.

La llamada “monetización” de su trabajo a través de las redes es un camino diverso que Changos Perros, Jis y muchos más exploran todos los días. El tabasqueño refiere que ha encontrado varias formas, desde vender fanzines exclusivos, hasta asistir a eventos, ferias de arte, ferias del libro, talleres, ventas y “comisiones”, además de buscar constantemente convocatorias para becas y apoyos de gobierno.

El Manchón, por ejemplo, promociona su nuevo libro “Gente de a pie”, que recoge parte de su trabajo de cómic satírico de irreverencia multicolor, anclado en la cultura pop y personajes de la filosofía clásica, la política nacional y el ciudadano (a) de a pie. En sus redes también promocionó su taller de cómic (en línea) o su presentación en instituciones académicas como el ITESO.

Viñeta (El Manchón): Jaime Maussan sale del auditorio que enaltece la figura del rockstar tamaulipeco Rigo Tovar. Es sorprendido por Depredador que está a punto de caer sobre él con sus armas en mano. En el globo del ufólogo se lee “No debí haber venido a Tamaulipas” [donde se cree que hay una base submarina alienígena], mientras su expresión es de una sorpresa funesta.

Changos Perros ha hallado opciones, sin embargo, no significa que tenga todo resuelto. “Para mí la incertidumbre es una constante. No doy por hecho que viviré de esto mucho más tiempo; siempre pienso que en algún momento esto se acabará y bye, que regesaré a vivir con mis papás en Tabasco… No sé del todo cómo se mueve esto y cómo resolverlo, siempre estoy en esa búsqueda”.

“ALGO TIENE QUE PEGAR”.

Jis lleva 40 años en el negocio y ha pasado por el camino de la publicación impresa en diversos periódicos y revistas de circulación nacional, además de la edición de libros, participación en ferias del libro, eventos artísticos, jams y más –una carrera que ahora llega a un momento cumbre con el estreno en festivales de su documental biográfico “Molusco”–. No obstante, la compresión mediática lo dejó sin espacios tradicionales para seguir con publicaciones como “Otro Día”.

“Supongo que tengo seguidores de antaño y otros más que se han subido al barco, de las nuevas generaciones y más relacionada con las redes sociales, que es donde ahorita básicamente se conocen mis cosas”, dice el “monero filósofo”, como lo describe el periodista y escritor Naief Yehya.

El mundo de las redes, menciona, ha sido fascinante e interesante para difundir su obra, pero también ha significado una “serie de atolladeros”: porque tiene sus pros y contras muy evidentes. “La parte increíble es que se trata de un modo inmediato de poner en circulación cosas, las que uno elija, muchas veces siendo uno su propio editor, es decir, sin intermediarios”.

La posibilidad de retroalimentación inmediata también es algo inexistente a través de los medios tradicionales, añade, con comentarios del público que nunca imaginaron los que “somos antes del internet”.

No obstante, ante este azoro y encanto la otra cara de la moneda. “El pedo es que no entiendo cómo puede funcionar como una especie de chamba, me encantaría que así fuera, pero nunca he sabido cómo se cobra en las redes o las plataformas”.

Millennials como Changos Perros quizá hayan encontrado diversas respuestas o soluciones de financiamiento y monetización, pero, en general, todos se topan con el mismo reto. El monero de abolengo resume: “o sea, por una parte está bien interesante esto de las redes, pero por el otro, está bien cabrón”.

Viñeta (Jis-Otro Día): Un señor se reincorpora de su cama, mientras se viste y pone el calcetín izquierdo con cierta parsimonia matutina explica a su esposa el motivo de su partida: “Me tengo que ir. Murió David Bowie”, a lo que ésta responde aún desde la comodidad de su lecho: “Trata ahora sí de llorar lo que no le lloraste a tu madre”.

Azorado con estos nuevos lenguajes y herramientas, Jis aún tiene un anclaje en el trabajo editorial tradicional, aunque sabe que en periódicos y revistas la posibilidad es cada vez más escasa. No obstante, se está enfocando en ofrecer su trabajo a instituciones o empresas interesadas en retocar su imagen en redes a través de su lápiz multidimensional. “Pienso en alucines o inspiraciones que pueden relacionarse con cinetecas, librerías, tiendas de té… He estado pensado en todo ese tipo de universos y lanzar ganchos, ¡algo tiene que pegar, por Dios!

Algo más en lo que coinciden el tapatío y el tabasqueño (admirador del primero) es la importancia de las ideas que dan contenido a sus viñetas y cómics, algo que también se observa en la obra de artistas como El Manchón, Pepe Mecates (PPMKTZ) o Absurda Melancolía [me dejaste en visto para este artículo], por mencionar algunos. Todos creativos en la irreverencia y el humor, utilizando como activos aspectos de la vida personal o cotidiana, la salud mental, así como alusiones a la conciencia individual y colectiva.

“Al principio quería hacer chistes y me esforzaba por escribir situaciones cómicas, ridículas y todo eso, pero no lo lograba. Luego fui descubriendo que el humor que podía hacer nace de hablar de las cosas que me incomodan”, dice Changos Perros. “No es un humor artificioso flotando en la nada, sino que está directamente conectado con mi persona, mis traumas y complejos; ese lado que no te gusta porque te vulnera. Incluso aspectos que abordo en mi terapia psicológica”, añade. Antes del joven monero, Jis ya había transitado por ese infinito camino de la vida cotidiana (y sus absurdos) con Otro Día.

Cuando Changos Perros comprendió que podía escribir cosas reales sobre él y cuando dejó de “tratar de ser chistoso”, afloró el humor. “También me di cuenta de que mientras menos filtros tengas y te preocupas menos por el ‘qué dirán’, conectas más con las personas”.

JEROGLÍFICO DEL DEBRAYE.

Más allá de la preocupación financiera y de todos los retos y disociaciones laborales relatadas, la orfandad mediática y la exploración de Jis lo han llevado a espacios que van mucho más allá, a terrenos ignotos y amorfos, pero fértiles. Poco tiene que ver con la viñeta cómica y más con la cósmica o, como la define él, con el “debraye”.

Paradójicamente aquí se juntaron esos dos mundos, el tradicional y el digital. Una de sus más recientes publicaciones es producto de una serie de imágenes experimentales publicadas en Instagram en 2017 y que se materializaron en su libro Material serio (Tedium Vitae). Aquí, Jis advierte que este no es el monero humorístico que estás buscando, sino algo más abstracto y de profundidad “pacheca”.

“Durante estos años he estado entregado al debraye y el alucine gráfico puro, lo cual significó, por un lado, una especie de entrada a una etapa de mucho desmadre creativo; no tenía que estar haciendo cosas más o menos narrativas que te pide un cartón humorístico del periódico. Entonces, aquí he estado, entregado al más puro jeroglífico del debraye”.

Esta etapa es reflejo de su escritorio y su mente más hiperactiva, donde dice pasarla muy bien, pero es una verdadera “loquera”. No obstante, refiere que también le entró la nostalgia de ese otro Jis monero y humorístico que publica periódicamente en algún medio. “Me gustaría saber cómo hacer para gestionarlo y además poder seguir en mi debraye”. La aspiración es colectiva.

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