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Para los melómanos, las historias detrás de las canciones son un tipo muy atractivo de narración. Y no porque sintamos que nos acercan a su sentido último –un verdadero melómano sabe que, en realidad, el significado más importante en una canción aflora desde la interpretación personal— sino porque dichas historias, usualmente chismosas, nos permiten conocer detalles de la vida y de la personalidad de nuestros artistas; cómo son tras bambalinas, en quien se inspiró cierta canción, cuáles fueron sus circunstancias generativas.
Una canción que siempre me pintó para esconder una historia interesante es “Não tem nada não”, la cual fue hecha en coautoría entre João Donato y Marcos Valle a principios de la década de los 70 y grabada, por primera vez, para el antológico disco Previsão do Tempo (1973) de este último. Se trata de un clásico dentro del repertorio de ambos. Una vez que la tocaron en vivo, hay un video disponible en la web, le hicieron un preámbulo en el que entablaron una conversación que sonaba muy privada: “¿Te acuerdas cuando la hicimos?” le dice Valle a Donato. “Ya tenías las maletas hechas para devolverte a Estados Unidos y te terminaste quedando para siempre en Brasil”. Donato solo sonríe y dice: “Así fue”, y comienza a tocarla.
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Los versos de “Não tem nada não” representan el viaje que hace un hombre enamorado a otro país para encontrarse con su pretendida, quien, a pesar de haber mostrado interés por él, termina desairándolo y provoca así un disimulado reclamo cuyo inicio pudiéramos traducir libremente como: no te preocupes, tienes razón, el amor no vive de confusión.
¿Cuál será la historia detrás de esa letra ? Solo hay dos personas que pudieran decirnos con autoridad. Desafortunadamente, una de ellas, João Donato —ese al que Tom Jobim llamaba maestro y a quien los críticos describen como el doppelgänger de João Gilberto e, incluso, como el verdadero pionero del ritmo de la bossa-nova ya que grabó antes que nadie un track en donde tocaba ¡con un acordeón! el famoso ritmo ("Eu quero um samba",1953, de Os namorados) — murió antes de dar cualquier luz sobre el asunto a causa de una neumonía, en 2023, penoso hecho del cual apenas hace 2 días se cumplieron 3 años.
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Marcos Valle, por lo tanto, sería la única opción aún viable para despejar mi curiosidad. Con 82 años, el pianista carioca perteneciente a la segunda generación de la bossa-nova y autor de “Samba de verão”, uno de los temas más versionados del repertorio brasileño, sigue igual de activo que siempre; se la vive de gira por Europa y Estados Unidos junto a su esposa Patricia Alvi y sus músicos acompañantes y no deja de publicar material inédito, como el Túnel Acústico (2024), su 23.º álbum de estudio que le produjo la compañía Jazz is Dead. Su actualidad no solo radica en su vitalidad y en la excelente forma en que se conserva a nivel musical, sino en lo bien que ha envejecido su estética y en el interés que nuevas generaciones de músicos han tenido por él como lo prueban las remixes de los rapers Jay-Z, Kanye West y Pusha a sus canciones.
Para mi fortuna, me enteré que Marcos daría un concierto en México para dar inicio a su nueva gira, también organizada por Jazz is Dead, en la que recorrería más de 13 ciudades. Era la oportunidad perfecta….. Antes del show —el cual sucedió el pasado miércoles 8 de julio en el Foro Indie Rocks con un aforo lleno y una energía a tope— el artista me concedió una entrevista para Confabulario. En ella habló de la vigencia de la bossa nova, de su manera de componer, de la espiritualidad que sostiene su música y de las raíces afrobrasileñas que dieron origen a ese movimiento. También aproveché para preguntarle sobre aquella curiosidad.
Marcos ¿tú eres creyente?
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Mi familia es católica, aprendí todas esas enseñanzas, las letanías, las oraciones. Pero lo hacía de una forma mecánica, automática. Era muy joven y, más que la ortodoxia religiosa, me atraía la espiritualidad, buscaba una vida más allá de esta. No por orgullo. Más bien, me desconcertaba la idea de la nada. No quería saber nada de la nada, ¿qué es la nada? Un idea así no puede ser verdad. Así que pasé toda mi vida buscando la trascendencia. Cuando falleció mi padre, me interesé por el espiritismo, que viene de Allan Kardec, por conectar con otras vidas y cosas así. Lo hice porque lo echaba mucho de menos. Pero, en realidad, no encontré ahí las respuestas satisfactorias. Continúe esa búsqueda hasta que descubrí que la más auténtica religión que podía seguir era la de Dios dentro de mí. Y, claro, si puedo ir a un templo, voy. Es una experiencia que me gusta. Pero, incluso, si me quedo en casa también siento esa profunda conexión espiritual, cuando compongo música, cuando estoy en medio de un concierto. Por eso siempre le doy las gracias a Dios por todo lo que he hecho, por todo lo que me da. Me quedo pensando: ¿cómo puedo componer tantas canciones? Ya he compuesto un millón. ¿Cómo podría hacer tanto por mi propia cuenta? Hay algo espiritual que me ha impulsado a hacerlo y tengo que corresponder. La forma de hacerlo es tocando lo mejor posible. Eso sin olvidar nunca una cierta humildad: no estoy haciendo esto solo.
Aprovechando la fiebre futbolera, quería preguntarte cuál crees que sea la relación entre el fútbol y la música.
Creo que el fútbol, cuando se juega bien, es un arte: la forma en que la persona juega, lo que piensa, hacia dónde se dirige, cómo utiliza su propio cuerpo. Hay una especie de baile que despierta todos los sentidos, de la misma forma que sucede con la música. Así que esa unión de una cosa con la otra, esa picardía que hay en ambas, creo que las conecta.
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Y en Brasil, amamos el fútbol y la música por igual. Sin hablar de que varios artistas juegan al fútbol de forma amateur —incluso yo fui uno de ellos, hace algunos años— y a muchos jugadores les gusta cantar, como a Ronaldinho. Entonces, el puente entre las dos cosas yo diría que está en la pasión y en la sensualidad que implica.
¿Cómo crees que se manifiesta aún hoy en día la bossa nova? ¿Cuál es su actualidad?
La bossa nova sigue teniendo influencia hasta hoy, no tan fuerte como en la época de su estallido. En aquel tiempo hubo ese lanzamiento internacional. Ella se abrió paso y entró definitivamente en el mundo de la música y sigue ahí hasta hoy.
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Ahora bien, en Brasil, por ejemplo, hay nuevos compositores excelentes que traen un sonido contemporáneo pero que siguen incorporando la influencia de la bossa nova en su música, artistas como Musé Ibarra, Dora Morelenbaum, Julia Mestre o Ana Frango Elétrico siguen teniendo esa influencia, estudian lo que se hizo y crean cosas nuevas, incorporando esa armonía, ese ritmo, esas melodías y esa calidad que proviene de la bossa nova.
Tu proceso de composición más habitual, ¿cómo es? ¿Primero viene la música, luego la letra, o al revés, o surgen las dos cosas a la vez?
Normalmente, primero la música. Me gusta construir la música y luego adaptar la letra a ella. Es más fácil, aunque a veces surgen juntas. Por ejemplo, hay canciones en las que, cuando empiezo a componer, la letra no me sale completa sino apenas fragmentos en los que ya se revela cierta sonoridad, ¿no? Sí, digamos que si quieres eso, lo tienes. La melodía ya está sonando en mi cabeza.
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Ahora, cuando es alguien más quien escribe la letra —ya sea Joyce, mi hermano, Emicida, Moreno Veloso o alguno de los tantos compañeros de composición que tengo— prefiero darles libertad. Les digo:”Mira, haz lo que tú creas mejor. Escucha la melodía, porque no quiero imponer mi idea”. Así que dejo que escriban la letra basándose en lo que ellos imaginan. Es genial cuando ellos también se enganchan con la parte musical porque es más fácil. Por ejemplo, Joyce es una gran compositora. Cuando le doy una melodía, ella ya suele intuir una historia, pero no deja de darle prioridad al sonido, que es lo más importante.
La bossa nova tuvo una gran influencia de la música heredada por los esclavos afrodescendientes. ¿Ves algún conflicto en el hecho de que tú y la mayoría de sus exponentes sean blancos?
La samba es el ancestro inmediato de la bossa nova y, como dices, tiene raíces negras, proviene de la gente más humilde, de las favelas. Si no existiera la samba, no habría bossa nova. De eso puedes estar seguro. La bossa nova es una forma diferente, más sofisticada y propia de la clase media, de tocar samba. Pero la samba original está en la raíz y la raíz es negra, al igual que la raíz del soul y del funk.
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Por eso, cuando compuse un montón de canciones con Leon Ware, que fue colaborador de Marvin Gaye, nos resultó muy fácil trabajar juntos porque los orígenes eran los mismos. Y los ritmos creo que facilitan mucho las cosas: sea cual sea el origen de la música negra, tiene mucho ritmo, tiene muchísima percusión, mucho groove.
A la bossa nova la crearon personas más de clase media, como Tom Jobim, Carlos Lyra, Menescal, yo. Gente que estudió, que tuvo la oportunidad de ir al conservatorio, de aprender música clásica. Por eso la llamada música erudita también hizo su aporte a la estética bossanovista. Ahora bien, no hay que olvidar que la samba ya tenía una pequeña influencia del jazz por vía de las orquestas de los años 30.
Pero, para responder tu pregunta, creo que sí es legítimo. Es totalmente legítimo, porque es una consecuencia, porque la música siempre tiene una continuidad. Está la samba, influencia directa de la música de los esclavos. Luego viene la bossa nova, que es una mezcla de samba y jazz. Y luego el propio jazz se ve influenciado por la bossa nova. Luego llegan los DJ, que tienen influencias globales, los raperos —Jay Z y Kanye West— han sampleado algunas de mis canciones. Esa mezcla entre varias cosas es increíble, me parece fantástica. Si la mezcla no existiera, nos quedaríamos estancados.
¿Qué sensación te genera “Samba de verão”, una de las canciones más famosas de tu repertorio? ¿Te molesta su protagonismo o nunca te cansas de tocarla?
No, no me canso. Le hago un montón de arreglos diferentes para que siempre suene nueva. Hago una introducción diferente, un final diferente. La parte central la hago diferente; de vez en cuando cambio la armonía, de vez en cuando la cambio de tonalidad. Todo para sentirme bien tocándola y no sacarla del repertorio, pues sé que el público está esperando esa canción.
¿Qué recuerdos tienes de México?
La última vez que estuve aquí fue en el 72, participé en un festival internacional de la canción. En el jurado estaba Quincy Jones. Canté, toqué el piano y, al final, quedé en cuarto lugar. Así que guardo un recuerdo precioso de aquella época. Después nunca más volví. Así que estoy muy feliz de volver.
¿Hay algún artista mexicano que te guste o alguna influencia de México?
Me encanta la música mexicana, en especial, los mariachis. Adoro los metales. Busco mucho esa influencia, no es solo de un artista. Me gusta en general, la mezcla.
¿Cuál es la historia detrás de tu canción “Não tem nada não”, que hiciste en coautoría con João Donato?
La cosa fue así: João Donato, en el 73, volvió a Brasil después de una década y un matrimonio (con la americana Patricia del Sasser) en Estados Unidos. Al parecer la razón de fondo de su vuelta era un amor que iba persiguiendo, una chica que había conocido en Estados Unidos. Él estaba enamorado de ella y pensaba que su amor era correspondido. Entonces tomó un avión con boleto solo de ida. João Donato es así, casi un niño. Pero resultó que se había confundido, la chica, en realidad, no lo quería. Él se quedó perdido en esa situación. Quiso volver de inmediato a los Estados Unidos. Fue en ese momento de desolación que se le ocurrió llamarme por teléfono. Me contó esa historia y yo le dije: “Donato, ¿te vas? Pero si recién me entero de que estás aquí.. por favor, espera un momento”. Entonces fui a mi discográfica, hablé con Milton Miranda, el director musical de la discográfica, y le dije: “Milton tienes que grabar un disco de Donato”. Él se negó: “ Donato está muy loco, nunca se sabe con él.” Yo seguí insistiendo, insistiendo hasta que él dijo: “vale, solo si tu produces el disco.” Y yo le dije: «Lo produzco». Entonces llamé a Dona y le dije: “Dona, deshaz las maletas y ven aquí a casa, que vamos a grabar un disco”. Él llegó y lo primero que hizo fue dormir, pues no había podido descansar hasta ese momento. A la mañana siguiente empezamos a hacer el disco. Así nació el legendario “Quem e quem” y, de paso, la canción “Quem é quem” que incluí en mi disco "Previsão do Tempo”.
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