Cada junio, las calles de la Ciudad de México y de otros estados del país se pintan de arcoíris. Basta entrar al navegador y buscar “Mes del orgullo en México” para encontrar miles de imágenes y videos de las distintas marchas del orgullo en el país. Pero antes de las redes sociales, de las movilizaciones masivas y del reconocimiento institucional, la historia LGBT+ en México circulaba en volantes fotocopiados, bares semiclandestinos y archivos personales guardados en cajas.

De boca en boca, las personas de la diversidad sexual se enteraban tanto de los antros para ligar como de los personajes y colectivos que comenzaban a organizarse para defender sus derechos. Sin embargo, gran parte de ese pasado ha quedado en el olvido. Nombres que antes resultaban familiares y consignas que resonaban en cada marcha fueron quedando al margen del movimiento LGBT+.

Ante esta pérdida de memoria histórica, Juan Jacobo Hernández, pionero del movimiento LGBT+ en México e integrante de algunos de los primeros grupos activistas —como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR)—, planeó la creación del Atlas Histórico de los Movimientos de Liberación Homosexual y LGBTTTIQ+ en México, un proyecto de divulgación que busca reconstruir y acercar la historia del movimiento a nuevas generaciones.

“Actualmente las nuevas generaciones, o sea, desde gente de 40 a 50 años, hasta la fecha, o jóvenes de 14 y 15, desconocen los orígenes de los movimientos. Y, sobre todo, lo que a mí me motivó más a esto fue que no hay arraigo con el pasado. No hay memoria”, comenta en entrevista.

Un Atlas

Desde hace unos años, la idea del Atlas empezó a tomar forma. Al inicio, Hernández lo pensó como una “guía historiográfica”, aunque le pareció algo pretencioso. Con el tiempo, el concepto evolucionó hasta convertirse en un mapeo nacional de la diversidad sexual en México: un recorrido por dimensiones culturales, sociales, políticas, religiosas y cotidianas que atravesaron la formación del movimiento LGBT+ en el país.

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Los temas del Atlas Histórico de los Movimientos de Liberación Homosexual y LGBT+ en México van desde antes de que la comunidad tuviera un nombre. Hernández explica que el proyecto comienza desde la prehistoria, donde ya existen registros de prácticas sexuales entre personas del mismo sexo en cavernas, dibujos y distintas representaciones.

El recorrido también aborda el momento en que comenzaron a institucionalizarse la persecución y los castigos contra la homosexualidad, porque, como señala, “no siempre fue reprimida la homosexualidad ni la práctica homosexual”.

Después, el Atlas avanza hacia el siglo XIX, cuando empiezan a surgir formas de nombrar la homosexualidad y, junto con los movimientos feministas de la época, aparece lo que Hernández llama “la política sexual”. “En el mundo todos nos nutrimos de esa historia, de esa investigación, de esos hallazgos, de esos archivos”, explica.

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“Este árbol que ahora vemos tiene raíces profundas”, dice.

Entre esas raíces, Hernández también habla de lo que llama “los movimientos del cuerpo”, donde el cuerpo se convirtió en una herramienta de lucha política y social.

“Las mujeres pusieron el cuerpo por delante, los homosexuales el cuerpo por delante, los negros norteamericanos, el movimiento hippie, el movimiento del 68, los movimientos de liberación nacional en América Latina. Entonces esos son antecedentes importantes de los movimientos de liberación”, señala.

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Así, el Atlas llega hasta la consolidación de los movimientos queer en México: cómo comenzaron a organizarse y cuáles eran sus demandas. En esta parte también hay un capítulo especial dedicado al movimiento lésbico. Aunque las mujeres lesbianas están presentes a lo largo de toda la historia del Atlas, se busca darles un espacio propio para mostrar cuáles eran sus postulados, cómo se organizaban y qué aportaron al movimiento LGBT+ en México.

Oficio de la Comisión Civil contra el Abuso Policiaco a Jóvenes y Gays,  Ciudad de México, 1993 Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.
Oficio de la Comisión Civil contra el Abuso Policiaco a Jóvenes y Gays, Ciudad de México, 1993 Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.

Trabajo colectivo

Como parte de la construcción del Atlas, Hernández convocó a colectivos y activistas de distintos estados del país para compartir fotografías, carteles, publicaciones y materiales de archivo sobre la historia LGBT+ local. Sin embargo, reconoce que la respuesta no fue la que esperaba.

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Hernández atribuye esta falta de respuesta a la falta de memoria colectiva y de interés por preservar la propia historia del movimiento. “No hay costumbre de la recuperación propia de la historia”, afirma.

Para él, el Atlas también busca generar un sentido de pertenencia entre las nuevas generaciones LGBT+, especialmente en un contexto donde, considera, predomina el individualismo.

Pero participar en el Atlas también significa darle espacio a historias que muchas veces han quedado fuera de la memoria del movimiento LGBT+ en México. Hernández explica que gran parte de la atención suele concentrarse en ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey, mientras que colectivos pequeños y activismos locales de otros estados permanecen invisibilizados.

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Por eso, insiste en que es importante que las organizaciones y personas de distintos estados participen y compartan sus propios materiales. De otra manera, la historia termina reconstruyéndose únicamente desde lo que aparece en internet, y considera que no es lo mismo reconstruir una historia a partir de archivos y testimonios directos que limitarse a recopilar lo que quedó registrado en línea que muchas veces ni siquiera está completo.

Hernández estima que los capítulos dedicados a los Estados quedarán listos hacia julio, mientras que el primer manuscrito completo podría terminarse entre octubre y noviembre para su revisión editorial.

La edición digital del Atlas Histórico de los Movimientos de Liberación Homosexual y LGBTTTIQ+ en México está prevista para febrero de 2027, acompañada de algunos ejemplares impresos y presentaciones públicas.

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En los esfuerzos por recopilar esta memoria histórica también se suman organizaciones como como Yaaj México, dedicada a la defensa de los derechos LGBT+, y Colectivo Sol, organización enfocada en derechos sexuales y reproductivos.

Una lucha que aún continúa

Para Iván Tagle, director de Yaaj México, el Atlas también representa una oportunidad de ir más allá de una perspectiva anglosajona del movimiento LGBT+ y recuperar su historia desde un contexto mexicano. Para él, entender ese pasado también permite comprender el activismo actual, así como por qué el movimiento sale de un espacio politizado.

Además, considera que el Atlas funciona como un reconocimiento a quienes impulsaron las primeras luchas por los derechos LGBT+ en el país.

“Es ese homenaje a todas estas personas que dieron la vida para que nosotros podamos gozar de algunos derechos”, comenta. “Por supuesto que todavía falta más, pero es importante reconocer a quienes abanderaron estas causas”.

La recuperación de esta memoria también funciona como un recordatorio de que los derechos conquistados no son permanentes ni definitivos, sino que requieren defensa constante.

Tagle considera que las poblaciones históricamente discriminadas siguen enfrentando violencias y desigualdades incluso después de conseguir avances legales. Por eso, insiste en que la organización y la disidencia continúan siendo necesarias.

“No creo que llegue un momento donde podamos dar los derechos por sentados”, afirma.

Postales a la venta para apoyar el Atlas Histórico de los Movimientos de Liberación Homosexual y LGBTTTIQ+ en México. De izquierda a derecha: cartel de la Segunda Marcha del Orgullo Homosexual (1980), cartel de la Semana Cultural del FHAR (1980) y ejemplar de Del Otro Lado, núm. 15 (1994).  Crédito: Cortesía
Postales a la venta para apoyar el Atlas Histórico de los Movimientos de Liberación Homosexual y LGBTTTIQ+ en México. De izquierda a derecha: cartel de la Segunda Marcha del Orgullo Homosexual (1980), cartel de la Semana Cultural del FHAR (1980) y ejemplar de Del Otro Lado, núm. 15 (1994). Crédito: Cortesía

Entre fotos, cuadernos y archivos dispersos

Desde antes de pensar en un Atlas, la memoria del movimiento ya se encontraba repartida entre libros, testimonios y fotografías. Una historia dispersa en fragmentos, como la luz que atraviesa un cristal.

Actualmente existen textos que abordan el movimiento desde una mirada autobiográfica, como los de Luis González de Alba, y otros que profundizan en espacios de contracultura, como Tengo que morir todas las noches, de Guillermo Osorno.

Sin embargo, no siempre fue así. Durante mucho tiempo, quienes buscaban documentos, fotografías o testimonios sobre la diversidad sexual en México se encontraban con un vacío.

Esa fue la experiencia del cronista e historiador Miguel Alonso Hernández, uno de los fundadores de Archivo y Memorias Diversas, quien mientras realizaba una investigación para su tesis en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) encontró que había muy pocos lugares donde consultar materiales sobre la historia LGBT+ en México.

“Nos dimos cuenta de que las fuentes no existían, que había muy pocas”, recuerda. “En aquel entonces solamente existía el CIDHOM, el Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México, impulsado por Colectivo Sol”.

A partir de ello, Hernández y otros investigadores comenzaron a reunir documentos y fotografías que permanecían dispersos entre activistas y personas de la comunidad. Con el tiempo, ese esfuerzo daría origen a Archivo y Memorias Diversas.

Parte del problema, explica, es que muchos archivos desaparecen antes de poder ser resguardados: “Como nuestras cosas no son de interés para nuestros familiares, al fallecer, por lo general los familiares lo tiran”.

La memoria también puede perderse dentro de las propias instituciones. Hernández recuerda que, tras la desaparición del Centro Comunitario de Diversidad Sexual de la Ciudad de México, también se perdió el rastro de buena parte del acervo de dicho centro.

Por ello, Archivo y Memorias Diversas ha optado por mantenerse como un proyecto comunitario. “Para mí lo importante es que no tenga censura, que no lo desaparezcan, que de repente cambie el rector o cambien las líneas de investigación y ese archivo se vaya a la basura”.

Otro de estos proyectos es Eucalipto 20, una asociación civil dedicada desde hace más de dos décadas a la promoción del arte y la cultura LGBT+, dirigida por Salvador Irys y ubicada en una casa de Santa María la Ribera que fue una de las sedes del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) a principios de 1980.

Página de FHAR informa, boletín del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, sobre las redadas policiales y la organización homosexual en México.  
Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.
Página de FHAR informa, boletín del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, sobre las redadas policiales y la organización homosexual en México. Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.

En este caso, su origen viene de una necesidad distinta. A principios de los años 2000, sus integrantes identificaron la falta de espacios donde artistas con temáticas LGBT+ pudieran exhibir y compartir su trabajo.

La respuesta fue Hazme el Milagrito, un espacio ubicado en la colonia Roma que comenzó como una cooperativa de artistas y una tienda de decoración. Sin embargo, pronto se transformó en algo más: la primera galería LGBT+ de la Ciudad de México.

Con el tiempo, el proyecto fue más allá de las artes visuales y se convirtió en un centro cultural. Además de exposiciones, albergó presentaciones de libros, lecturas dramatizadas, talleres, conciertos y otras actividades. “De repente el lugar ya se volvió un centro cultural donde sucedían todo tipo de cosas”, recuerda Salvador Irys.

En 2007, el proyecto dedicó una edición de la Semana Cultural Lésbico-Gay a la historia del movimiento y reunió a integrantes de algunos de los primeros colectivos de liberación homosexual. Fue entonces cuando comenzó a surgir el interés por rescatar la memoria del movimiento.

A partir de entonces, comenzaron a llegar documentos, fotografías, carteles y publicaciones que habían permanecido guardadas durante años.

Una de las primeras donaciones llegó a través de Nahúm B. Zenil, quien resguardaba parte del archivo de José María Covarrubias, fundador del Círculo Cultural Gay y de la Semana Cultural Lésbico-Gay, y quien actualmente tiene una exposición en el Museo del Chopo, de la UNAM.

Lo que parecía ser una pequeña entrega terminó convirtiéndose en 18 cajas llenas de carteles, programas de mano y materiales reunidos por Covarrubias a lo largo de su vida.

“Cuando las empezamos a abrir, nos dimos cuenta de que estaban llenas de carteles de las primeras marchas, programas de obras de teatro y muchísimas cosas relacionadas con el tema”, recuerda Irys.

Aquellas cajas se convirtieron en el punto de partida para un archivo que siguió creciendo con nuevas donaciones. Entre ellas se encuentra el acervo de Las Amantes de la Luna, una de las revistas lésbicas más importantes que circularon en México durante 1980 y 1990.

Su editora, Cecilia Riquelme, decidió entregar los materiales al proyecto antes de regresar a Chile.

Ejemplar de la revista Las amantes de la luna.  
Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.
Ejemplar de la revista Las amantes de la luna. Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.

Aunque el archivo incluye materiales relacionados con la organización política del movimiento —como carteles de marchas y documentos de colectivos—, gran parte de su riqueza se encuentra en el ámbito cultural. Programas de mano, catálogos de exposiciones, publicaciones, fotografías, guiones y otros materiales muestran cómo la comunidad construyó sus propios espacios y expresiones artísticas.

Para Irys, esta dimensión resulta fundamental: “Se habla mucho de lo político y de lo social, pero lo cultural es importantísimo porque es lo que empuja los cambios”.

Hoy, el acervo sigue creciendo. Sin embargo, conservarlo también implica nuevos desafíos: desde clasificar miles de documentos hasta conseguir recursos para restaurar materiales que ya estaban dañados cuando llegaron al archivo.

Memoria lejos de partidos

Al igual que Archivo y Memorias Diversas, Eucalipto 20 no está dispuesto a entregar su archivo al gobierno. Para Irys, hacerlo implicaría asumir riesgos en un contexto donde distintos países han visto el ascenso de fuerzas conservadoras y de ultraderecha que podrían poner en peligro este tipo de acervos.

“Nadie me asegura que en las próximas elecciones gane la ultraderecha, agarre todo, lo meta en unas cajas y le prenda fuego”, afirma.

A pesar de esto, la intención del archivo no es permanecer guardado. Parte de sus materiales han sido utilizados en exposiciones de la UNAM, el Museo Universitario del Chopo, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco e incluso el Museo Reina Sofía de España.

Para Irys, la finalidad de estos documentos es que circulen y permitan conocer una historia que con frecuencia queda opacada por una narrativa extranjera. “Siempre que se habla de historia LGBT empezamos en Stonewall, en Estados Unidos, con Marsha P. Johnson o Sylvia Rivera”, señala. “Está padrísimo porque son un antecedente, pero nosotros tenemos nuestra propia historia y nuestros propios personajes”.

Desde su perspectiva, conocer la historia del movimiento en México también ayuda a comprender mejor el presente. “La marcha lleva cuarenta y tantos años y seguimos peleando por lo mismo. A lo mejor es porque no conocemos la historia”, comenta.

Cartel de la Marcha Queer convocada por el Bloque Negro,  

Ciudad de México, 1993. Foto: Eucalipto 20. Crédito: cortesía de Salvador Irys.
Cartel de la Marcha Queer convocada por el Bloque Negro, Ciudad de México, 1993. Foto: Eucalipto 20. Crédito: cortesía de Salvador Irys.

Más que musas: construir la memoria trans

Durante una entrevista con Salvador Irys, director de Eucalipto 20, surgió el tema de una exposición realizada por mujeres trans y concebida íntegramente por ellas. Desde la curaduría y la museografía hasta la selección de artistas, todas las decisiones estuvieron en sus manos.

Esto fue respuesta a una situación que, según Irys, se repite con frecuencia: las mujeres trans suelen aparecer en las imágenes y las obras, pero no siempre cuentan con los mismos espacios para producirlas. “Siempre somos la musa, pero nunca somos las que producen”, resume.

Esa misma necesidad de contar la historia desde las propias experiencias trans impulsó la creación de Memoria Trans México, un proyecto fundado en 2018 e inspirado en el Archivo de la Memoria Trans de Argentina.

Para Terry Holiday, una de las fundadoras de esta iniciativa, el proyecto nació con la intención de recuperar las experiencias de mujeres trans que atravesaron las décadas de 1970 y 1980.

Al recordar aquellos años, describe un “México de represión, un México de hipocresía, muy heteronormado y patriarcal”, donde las mujeres trans existían a plena vista, pero eran tratadas con indiferencia. “La gente sabía que existíamos, pero nadie nos tomaba en cuenta. Mucha gente incluso pensaba que si nos iba mal, teníamos la culpa por ser como éramos”, comenta.

La construcción de este archivo comenzó con una tarea aparentemente sencilla: volver a encontrar a sus amigas. Holiday recuerda que primero intentaron reconstruir una especie de árbol genealógico de amistades. Una persona llevaba a otra, y esa a otra más.

“También fue para ver quiénes quedaban. Primero por la pandemia del VIH en los 80; ahora por la pandemia de COVID en los 2000; y por la ola de transfeminicidios, de crímenes de odio, de desapariciones”, dice.

A partir de esos reencuentros comenzaron a reunirse fotografías y otros materiales que hoy conforman el archivo. Terry Holiday explica que cada imagen forma parte de un “fondo”, un espacio dedicado a cada persona que permite organizar su historia.

En estos registros se detalla quién aparece en la fotografía, quién la tomó, así como el año y el lugar en que fue capturada. “Hemos tratado de que no sea un archivo muerto, sino que la gente interactúe con él y conozca a las protagonistas y sus historias de vida”, señala.

Terry Holiday y su pareja, 1986. Crédito: Archivo Memoria Trans México
Terry Holiday y su pareja, 1986. Crédito: Archivo Memoria Trans México

Holiday también plantea una postura clara frente a la manera en que suele narrarse la experiencia trans. “Ya han lucrado tanto con nuestro dolor”, menciona, en referencia a los discursos centrados únicamente en la violencia y la marginación.

Al contrario, señala que esas experiencias no deben reducirse a la victimización. “Esas son experiencias de vida, sí, pero nos han servido para hacernos más fuertes y para seguir luchando por una vida mejor”, afirma.

Desde esa perspectiva, rechaza la idea de ser considerada una pionera. “Yo ni soy pionera, ni inventé el hilo negro. Yo aprendí de otras, y ellas aprendieron de otras”, dice. Para ella, la historia de las personas trans se construye como una “cadena” en la que las experiencias se transmiten de generación en generación.

Por eso, insiste en la importancia de que las juventudes trans conozcan lo que se ha hecho antes: los logros, pero también los fracasos y las pérdidas. “Es muy necesario que se informen… porque no tienen idea de lo que se ha logrado, ni del trabajo que nos ha costado”, señala.

Recuperar la historia del movimiento LGBT+ en México también implica reconocer que no existe una sola versión, ni un solo centro desde donde contarlo, sino múltiples colectivos y experiencias que han quedado fuera de los relatos más visibles, muchas veces concentrados en la Ciudad de México.

Iniciativas como el Atlas Histórico de los Movimientos de Liberación Homosexual y LGBTTTIQ+ en México, así como proyectos como Eucalipto 20, Archivo y Memorias Diversas y Memoria Trans México, buscan justamente reconstruir esa memoria dispersa desde distintos frentes.

Porque recordar también es un acto de resistencia.

Cartel de la Segunda Marcha del Orgullo Homosexual. Ciudad de México, 1980. Diseño: Juan Jacobo Hernández Chávez. Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.
Cartel de la Segunda Marcha del Orgullo Homosexual. Ciudad de México, 1980. Diseño: Juan Jacobo Hernández Chávez. Crédito: Eucalipto 20, cortesía de Salvador Irys.

Mentoría por: Rafael Cabrera

Este trabajo fue realizado sin fines de lucro por la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de la Coordinación de Difusión Cultural UNAM, y publicado originalmente en la plataforma Corriente Alterna. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización previa de la UIP. La publicación original se puede consultar en corrientealterna.unam.mx.

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