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Nos enfrentamos a una nueva forma de desigualdad: la desigualdad cognitiva. La periodista británica Mary Harrington escribió un magnífico ensayo al respecto en el New York Times en julio de 2025.
Harrington nos dice que: “La tecnología está alterando nuestra capacidad, no solo de concentración, sino también de lectura y razonamiento.” Se basa para su afirmación en estudios recientes sobre medición de coeficiente intelectual.
Durante gran parte del siglo XX, los puntajes promedio en pruebas de inteligencia (CI) aumentaron constantemente en muchos países a una tasa de cerca de 3 puntos por década. Este fenómeno se conoce como el Efecto Flynn y se atribuye a mejoras en educación, nutrición, salud pública, estimulación cognitiva y condiciones de vida en general.

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Sigue diciendo Harrington: “Según un informe reciente, las puntuaciones de alfabetización de los adultos se nivelaron y empezaron a descender en la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la última década, y algunos de los descensos más dramáticos se observaron entre los más pobres. Los niños también muestran una alfabetización decreciente.”
“La alfabetización a largo plazo no es innata, sino que se aprende, a veces laboriosamente. Como ha ilustrado Maryanne Wolf, académica de la alfabetización [multicitada en este espacio], adquirir y perfeccionar una capacidad de ‘lectura experta’ de formato largo altera literalmente la mente. Reconfigura nuestro cerebro, aumenta el vocabulario, desplaza la actividad cerebral hacia el hemisferio izquierdo analítico y perfecciona nuestra capacidad de concentración, razonamiento lineal y pensamiento profundo. La presencia de estas características a escala contribuyó a la aparición de la libertad de expresión, la ciencia moderna y la democracia liberal, entre otras cosas.”
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Estas investigaciones coinciden con los resultados del reciente estudio que culminó en el denominado Manifiesto de Liubliana, que nos dice en sus conclusiones que:
“La lectura de alto nivel es nuestra herramienta más poderosa para el pensamiento analítico y crítico. Ejercita la metacognición y la paciencia cognitiva, amplía nuestras capacidades conceptuales y desarrolla la empatía cognitiva y la perspectiva, habilidades sociales indispensables para una ciudadanía informada en una sociedad democrática.”
La desigualdad viene del diferente acceso que tienen familias más acomodadas a una mejor educación, en relación con familias más pobres y, lo más preocupante, es que la brecha se está ensanchando:
“Como señala Wolf, desde hace mucho tiempo la alfabetización y la pobreza están correlacionadas. Ahora los niños pobres pasan más tiempo al día frente a las pantallas que los ricos: de acuerdo con un estudio de 2019, cerca de dos horas más al día para los preadolescentes y adolescentes estadounidenses cuyas familias ganaban menos de 35 mil dólares al año, en comparación con sus compañeros cuyos ingresos familiares superaban los 100 mil dólares anuales.”
“Las investigaciones indican que los niños que están expuestos a más de dos horas al día de tiempo de pantalla recreativo tienen peor memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, niveles de atención, habilidades lingüísticas y función ejecutiva que los niños que no lo están.”
“Por un lado, un grupo relativamente pequeño de personas conservará, y desarrollará intencionadamente, la capacidad de concentración y razonamiento de larga duración. Por otro, una población general más amplia será efectivamente postalfabeta, con todas las consecuencias que ello implica para la claridad cognitiva.”
En adición a este complejo fenómeno que está sucediendo a nivel mundial, y que amenaza con incrementar la brecha de desigualdad entre ricos y pobres, vale la pena reparar en lo que está ocurriendo en México con la llamada “nueva escuela mexicana.” Nos lo explica de manera magistral Eduardo Backhoff, quien fue presidente del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) hasta su desaparición en 2018, y una de las figuras más destacadas en el ámbito de la evaluación educativa en México:
“La nueva escuela mexicana (NEM) desplaza el enfoque centrado en el desarrollo cognitivo individual y en la evaluación de resultados medibles, para privilegiar un enfoque socioformativo, situado y contextual, basado en proyectos comunitarios. El énfasis ya no está en cuánto aprende el estudiante, sino en su vinculación con el entorno.”
“Las consecuencias de este enfoque no son menores. Cuando no se desarrollan
habilidades cognitivas básicas —como la comprensión lectora, el razonamiento lógico-matemático, la metacognición o la resolución de problemas— se limita la capacidad y autonomía intelectual del estudiante. Se dificultan la argumentación, el análisis de información y la capacidad de distinguir entre hechos y opiniones. El resultado es un sujeto más vulnerable a la manipulación ideológica, mediática o social, con una autoestima frágil y mayores dificultades para enfrentar tareas complejas.”
“Quienes sí desarrollan habilidades cognitivas sólidas suelen ser estudiantes con apoyo familiar, alto capital cultural y acceso a escuelas privadas. Éstas, aunque formalmente adoptan la NEM, complementan o sustituyen los Libros de Texto Gratuitos con materiales de editoriales privadas que sí enfatizan la enseñanza sistemática del lenguaje, las matemáticas y las ciencias, así como la evaluación del aprendizaje.”
Todo lo anterior configura una tormenta perfecta. Mientras que Harrington advierte que la pérdida de capacidad cognitiva derivada de la falta de lectura profunda se da, en todo el mundo, de manera desigual entre ricos y pobres, en México esta brecha se acentúa aún más con una educación pública cuyo objetivo principal deja de ser el dominio progresivo de conocimientos y habilidades, y se redefine como un proceso orientado a la transformación social, la conciencia colectiva y la identidad comunitaria.
Como advierte Eduardo Backhoff: “Los estudiantes sin habilidades y conocimientos sólidos enfrentan menores oportunidades laborales, baja movilidad social y dependencia económica.”
En este contexto, la educación pública en México debilita el desarrollo cognitivo y está condenando a una generación entera de jóvenes a un futuro de miseria y marginación. La brecha entra ricos y pobres tiende a ir en aumento en todo el mundo, pero en México estamos empeñados en acelerar el proceso.
¿Quiénes se benefician de un escenario así? Sin duda los gobiernos autoritarios, que requieren de ciudadanos menos pensantes, que acaten órdenes sin chistar y que no sean capaces de pensar por sí mismos. Triste panorama.
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