En La captura (México, 2026), acezante film 14 del prolífico tapatío multigenérico también TVserialista en Netflix de 54 años Chava Cartas (saga Mirreyes vs. Godínez 19/25, Mexzombies 22, Sobreviviendo a mis XV 23), con guion de Bernardo Esquinca (Huachicolero de Nito 19) basado en crónicas del articulista de El Universal Héctor de Mauleón, el patrullero sinaloense mochiteco de la Policía Federal buen padre de familia aunque traumatizado por la muerte de varios morritos en una balacera Arturo Carmona (Alfonso Herrera intenso) debe solicitarle a su ponderado jefe Valladares (Gerardo Trejoluna) su cambio al mejor pagado turno de noche pues su esposa Isaura (Paola Fernández conmovedora) ha vuelto a embarazarse tras procrear las chavitas traviesillas con gafitas o sin, un turno donde el agente debe formar pareja con el malencarado oficial michoacano Rosales (Noé Hernández) sospechoso de lo peor al mostrarle fotos de su celular a vagos callejeros y exhibir un reloj carísimo, hasta que en un rondín rutinario ambos compañeros obligados aprehenden casi al azar en un auto robado a dos tipos semidesnudos que han emergido de una alcantarilla tras cruzar un túnel conectado con una casa de seguridad criminal apenas allanada por la Marina, y los sujetos resultan ser nada menos que el archibuscado narcolíder del Cártel de Sinaloa por tercera vez prófugo El Chapo Guzmán Loera (Héctor Kotsifakis desastrado) y el torvo gatillero en crepitante defensa de su patrón El Cholo Iván (Juan Pablo Pérez García), quienes de inmediato motivan el tendido de un descomunal cerco mafioso carretero en pick-ups y el asalto de sicarios en motocicleta eliminable, que obligan a los intimidados captores a difundir por las redes institucionales la imagen del hampón esposado en el asiento trasero para convocar el indispensable auxilio de Marina, Ejército y toda clase de Policías establecidas, al tiempo que, vueltos acorralados custodios, se refugian a la espera de refuerzos en un semivacío Motel del Puerto, separándose en dos espacios distintos, por los que pistola en mano ronda un misterioso Barraza (Antonio Fortier) que cesó de copular al atisbarlos por una ventana, mientras la angustiada esposa Isaura se atrinchera en su lejana casa con sus dos niñitas recogidas en la escuela por telefónica orden urgente de su marido aunque pronto estarán a tiro de los criminales, y en tanto que el policía Carmona se debate contra las duras amenazas y las propuestas corruptoras del poderoso Chapo, a la espera de que policías, marinos y soldados puedan romper el cerco delincuencial, para llevar a buen puerto la entrega imposible.
La entrega imposible se solaza enmarcándose a contrarreloj del 6 al 8 de enero de 2016 con horarios madrugadores y minutajes exactos (uno a las 7:00 a.m. y el otro a las 10:32), pese a no estar armando como una bitácora su thriller de acción violenta y ritmo trepidante, según la soberana edición de los hermanos Alberto J. y Sam Baixauli, donde la captura del delincuente supremo no es el problema sino su traslado y su sostenimiento con vida y en desahogado silencio intermitente, la trama melodramática confesa edificante y celebratorio inflamado, en cuyas aventuras positivas, como en el precedente film Contraataque de Cartas (25) y a diferencia de otras cintas críticas o elogiosas de los criminales y malosos (todas las TVseries tipo Narcos), aquí “ganan los buenos”, las fuerzas del orden (cualquiera que éste sea), los policías honestos e íntegros a toda prueba de fuego, solos ante el peligro: en el clímax de los hechos pretendidamente verídicos gritándoles envenenadores de la sociedad a los villanos en su sorprendida faz y que por ellos se ha desatado la cruenta guerra, sin importar la música apoteótica de Héctor Hernández Stumphauser, ni la sarcástica homologación como devotos padres proveedores de Carmona con el descompuesto Chapo a sus ¡19 hijos! invocando (“Se acabaron tus seis meses de vacaciones”).

La entrega imposible adopta con asombrosa eficacia una estructura griffiteana clásica, a base de simultaneidades de “mientras tanto” llevadas a sus últimas consecuencias truculentas y sus exitosas posibilidades recicladoras posmodernas, para imponer la furia inclemente de un emotivo y jamás jadeante suspenso múltiple: un suspenso construido con varias líneas realistas: grupúsculos criminales, Ejército, Marina, jefe Valladares de la benemérita preponderante Policía Federal al rescate, más un suspenso onírico-psicológico (flashes mentales del héroe traumatizado) y un suspenso estrictamente familiar, dando como resultado un suspenso ampuloso coexistiendo con otro conglomerado, sin llegar nunca ni al desorden ni a la congestión, en pos de un suspenso tradicional, por hábiles dilataciones del tiempo y del arcaico salvamentos en el último minuto del fundacional cine silente.
La entrega imposible utiliza como resorte dramático clave la diseminación de titubeos y de falsas pistas, el titubeo fundamental del oficial en apuros domésticos Carmona asaeteado por las vociferantes ofertas de 10 o 15 millones de pesos y protección perpetua si lo lleva a su guarida, falsas pistas como el merodeador Barraza de la policía secreta, el preguntón Rosales ostentando relojazo de papito difunto o el oportuno disparo ventanero del Ejército para salvar a Isaura con sus nenas, más cero desconfianza enigmática y culpable.
Y la entrega imposible culmina con los policías federales custodiando a los cautivos para que los marinos no usurpen su mérito, mientras con noble efusión se estrechan sus brazos los dos agentes heroicos (cuyos verdaderos nombres fueron cambiados por protección aún hoy), bromeando al fundar una nueva fraternidad existencial en sí y para sí (“Somos bien pendejos”), cual si reinventaran la axiología empática y los buenos sentimientos del paradigmático Hollywood con final feliz inmortal, o confirmando la ironía filosófica de Wittgenstein “Nuestras peores tonterías pueden ser sabias”.
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