En Tus dos muertos (México, 2025), desbordante film 3 del capitalino egresado y docente del CCC de 42 años Daniel Castro Zimbrón (Táu 12, Las tinieblas 16), con guion suyo basado en la novela negra homónima de Jorge Alberto Gudiño Hernández (primera parte de su saga Zuzunaga), el policía judicial ya hirsuto barbón canoso en decadencia pero aún temible extorsionador barrial y excomandante a la búsqueda de una reinstalación oficial Cipriano Zuzunaga (Gerardo Trejoluna jodido at his best) se ve un día encargado por el verdadero comandante Alvariño (Antonio Montes) de un peliagudo caso que exige toda su experiencia maldita y sus contactos entre los malvivientes y sexoservidoras de la imaginaria colonia capitalina de El Fresno a quienes cobra cuotas con lujo de alevosía obligándolos a seguir llamándolo comandante, pues se trata de averiguar el paradero del junior Juan Perea (Adrián Rossi) y de su ignorada novia, ambos secuestrados entre las tres y las cuatro de la mañana enfrente de la tienda de conveniencia Mandy (“¿Ya verificaron que el coche ése realmente sea de Perea?”/ “Sí”/ “¿Y el bolso?”/ “Creemos que es de la novia”), intentando salirle al paso a la desubicada policía federal e investigar en las peores circunstancias concebibles, ya que se trata del hijo no reconocido del poderoso diputado Manrique (Alexis Ayala), quien ha recibido como envío mudo los cercenados diez dedos de unas manos presuntamente de su vástago, un caso de particular interés para el corrupto procurador de justicia (José Sefami) que anda quedando bien con círculos de intocables y que deja al infeliz Cipriano a la intemperie total y carente de asideros (“Bueno, pues voy a tener que registrar la casa de Perea, entrevistar a todos los enemigos políticos del diputado, a su esposa y a todos sus círculos cercanos”/ “Ni en sueños, cabrón, de eso se encargan los federales, y si nos metemos, ahí va a haber pedo”), sin pistas ni posibilidad de obtener evidencias de ADN, e incluso sin oportunidad de analizar imágenes de cámaras de vigilancia, puesto que las del almacén son reportadas descompuestas por los empleados y el sabueso debe recurrir a las sucedáneas providenciales de un arcaico videoclub cercano que regentea el amable patrón excéntrico Arcángel (Brontis Jodorowsky), con quien el divagante y deprimido Cipriano va a entablar una espontánea relación de inmediata complicidad e inclusive de afecto equívoco, al grado de empezar a servirse del anacrónico establecimiento siempre desierto a modo de refugio y base de operaciones, evitando retornar a su propio depto, donde lo asaltan sus pecados, visiones y demonios, con los que debe lidiar al tiempo que se sumerge en un turbio laberinto indagador que lo conmociona y daña en lo personal, impotente de cara a ese derrame sangriento de su declive sarmentoso.

La cinta está basada en la novela negra Tus dos muertos, de Jorge Alberto Gudiño Hernández. Especial.
La cinta está basada en la novela negra Tus dos muertos, de Jorge Alberto Gudiño Hernández. Especial.

El declive sarmentoso paradójicamente, pese a su gusto por el asco y su seudocrítica denuncia fascinada por la pudrición social, se propone como una bien pulida y alisada versión de una novela reputada inadaptable (escrita en segunda persona, a disparadas frases cortas y arrancando al rudo grito escatológico en todos sentidos de “El hedor a mierda te escuece la garganta”), fiel a su lenguaje las artificiales atmósferas turbias, más que naturalistas, envejecidas a rabiar (esa preponderancia vigilante de un videoclub de los años noventa, esa infeliz cargando una bebé en la esquina), para lo cual resulta crucial la asfixiante fotografía en comatosos colores ocres ad vomitum de Claudia Becerril Bulos, el preámbulo de cruentas desgracias siempre anunciado por la música estancada de Paloma Peñarrubia jugando al free jazz.

El declive sarmentoso vuelca toda la densidad agobiante y su nauseado acopio de lugares comunes del melodrama negro en la creación de un solo personaje abominable de inspector corrupto hasta la médula ya en desgracia, lanzando por delante su estrepitosa mala conciencia, su vulnerada inquietud ante las paradojas del destino, su sociópata desprecio innato por la vida humana, su contradicción entre el aplastamiento de los demás y la protección de la inerme amiga mendiga Nat mendicante madre soltera con niñita cargando Nat (Fernanda Juárez) porque ella tiene esa hija como la que lo rechaza a él, embarrado de su inextirpable vocación derrotista, sin duda inspirado en la cauda de los detectives privados de moral ambigua de las oscuras novelas generadoras del más críptico film noir, un pésimo bicho a la deriva que se experimenta incapaz hasta de conseguir un café preparado a su gusto y se aferra a la única posibilidad recóndita en el mundo para reivindicarse como ser humano social/antisocial dentro de una sociedad tan corrupta como él, recuperar su puesto de comandante, un lamentable vejete contrariado a perpetuidad (antes, durante y después de su fallida aventura), un atormentado personaje impotente ante su propio destino cancelado que ve disolverse dramáticamente la última oportunidad de su vida para resarcirse, un vegetal parasitario suelto en las calles peligrosas del barrio bajo de El Fresno, atenazado por las culpas como la muerte aleve de un padre abusivo que regresan en exasperantes sueños vividos, envidiando la misoginia de ajados clásicos latinoamericanos tipo Memorias del subdesarrollo (Gutiérrez Alea 62), creyendo que el silencio es la expresión más agresiva del desprecio, un sufrido sufriente ser irracional que quiere a la vez adaptarse al mundo y forzar al mundo a que se adapte a él, aunque finalmente, retorna a casa, con la mochila del rescate repleta de billetes que desprecia hasta su joven protegida madre soltera Nat cargando a su bebita.

Y el declive sarmentoso se quedó varado en el pasmo y la perplejidad del abandono/autoabandono absolutos, escuchando el inoportuno e insistente sonido del celular sólo confirmando el todovaledero e inmortal dictum de Séneca: “La buena conciencia admite testigos; la malvada se agita y conturba aun en la soledad”.

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