A mi padre Manuel Mondragón Hidalgo y a mi hermana Susana Mondragón (QEPD)

Desde mi oficina, frente a mi escritorio, a menudo pienso en mi padre, especialmente en su profunda vinculación con la charrería. Esta reflexión surge ahora que he recibido las sillas charras de montar que él solía usar, las cuales representan un modelo único de este arte tradicional.

Don Manuel Mondragón Hidalgo fue un destacado dirigente de la Asociación Nacional de Charros, y su pasión por este deporte fue siempre intensa y genuina. Era conocido no solo por su liderazgo, sino también por su distinguida indumentaria, que incluía sombreros, chaparreras, cinturones y trajes típicos de faena, media gala, gala y etiqueta.

Durante años, tuve la oportunidad de observarlo mientras se preparaba para salir hacia el espléndido “Rancho del Charro”, primero ubicado en la esquina de Ejército Nacional y Schiller, y luego trasladado a la avenida Constituyentes. A su llegada, montaba alguno de sus caballos con gran destreza, a pesar de su edad avanzada.

Aprovechando un pequeño jardín interior dentro de mi oficina, decidí convertir ese espacio en un lugar especial para exhibir sus sillas de montar. Modifiqué y adapté los materiales y el estilo para crear una sala que acogiera las primeras dieciséis monturas que consideré sobresalientes.

Al finalizar, sentí un profundo orgullo al escribir en el muro, con un título sobresaliente: “En Memoria de Don Manuel Mondragón Hidalgo”. No podía dejar pasar la oportunidad de rendir un tributo a su legado en la charrería, ahora visible para todos. Este proyecto no habría sido posible sin la valiosa colaboración, esfuerzo e interés de mi sobrina nieta, María Cecilia Steta, a quien agradezco de corazón.

La inclusión, la amistad, la tradición y la cultura son palabras que describen a la charrería en México, símbolo del orgullo y la identidad mexicana. La charrería organizada tiene más de 90 años de existencia.

Sus orígenes se remontan a la época virreinal, cuando los indígenas montaban a caballo con fines laborales. Con el tiempo, los vaqueros y rancheros, conocidos posteriormente como charros, realizaban tareas cotidianas en las grandes haciendas ganaderas, minas y ranchos. Dentro de sus actividades laborales, comenzaron a desafiarse entre sí para demostrar quién era el más habilidoso, exhibiendo destrezas para montar, lazar y controlar al ganado, habilidades esenciales en su trabajo diario.

Tras la Revolución Mexicana, estas haciendas fueron desapareciendo paulatinamente. Todo parecía indicar que las prácticas de charrería llegarían a su fin. Sin embargo, los antiguos vaqueros se organizaron en asociaciones para preservar sus tradiciones, transformando la práctica en un deporte con reglas y estructuras formales. En 1920, Silvano Barba, Inés Ramírez y Andrés Zermeño fundaron en Guadalajara la primera agrupación mexicana de charrería, llamada “Charros de Jalisco”.

A partir de la formación de este grupo, surgieron muchas otras asociaciones, y se llegó a un acuerdo para crear los “lienzos charros”, recintos especializados que permitieran dar continuidad a esta tradición. En 1932 la charrería empezó a considerarse un deporte, mediante un decreto del entonces presidente de México, Pascual Ortiz Rubio, y se convirtió en una celebración popular, “nació la charreada”, un evento que se convirtió en una fiesta nacional. El 16 de diciembre de 1933 se fundó la Federación Nacional de Charros, su primer presidente fue don Silvano Barba González, de la Asociación Nacional de Charros, en el periodo de 1933-1937, marcando un antes y un después en su formalización.

Durante el mandato presidencial de Manuel Ávila Camacho (1940–1946), la charrería fue declarada deporte nacional. En septiembre de 2016, fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, consolidándose como un emblema de México que trasciende fronteras. Como ejemplo, las palabras del poeta español Manuel Benítez Carrasco: “Vestirse de charro es vestirse de México”.

La charrería es una práctica tradicional de comunidades mexicanas dedicadas a la cría y el pastoreo del ganado a caballo. En sus orígenes, facilitaba la convivencia entre ganaderos de distintos estados del país. Sus técnicas se transmitían de generación en generación dentro de las familias. Actualmente, asociaciones y escuelas especializadas en charrería capacitan a sus miembros, incluso preparándolos para participar en competencias.

La organización de concursos públicos, o charreadas, permite a los espectadores admirar la destreza de los charros en el arte de arrear, jineteo de yeguas y toros cerriles. Los charros, vestidos con indumentaria tradicional —sombreros de ala ancha para los hombres y chales de colores para las mujeres—, exhiben sus habilidades tanto a pie como a caballo.

La charrería es un elemento fundamental de la identidad y el patrimonio cultural de las comunidades que la conservan. Consideran esta tradición un medio para transmitir valores sociales importantes, como el respeto y la igualdad entre todos los miembros de la comunidad.

La charrería organizada sigue vigente en nuestro país, y sus actividades se presentan en distintos Lienzos o Rodeos ubicados en la Ciudad de México y en diferentes estados de la República. En estos lugares se llevan a cabo entrenamientos y concursos públicos o charreadas, que permiten a los espectadores admirar la destreza en nueve suertes: la Calada de Caballos, Piales en el Lienzo, Coleadero, Jineteo del Toro, la Faena de la Terna en el Ruedo, Jineteo de Yegua, Manganas a Pie, Manganas a Caballo y Paso de la Muerte.

El charro es uno de los elementos principales en la charrería, y esta figura no ha pasado inadvertida en las distintas formas de arte: existen canciones, poemas, pinturas y películas clásicas que la han inmortalizado. Gracias a la participación de grandes actores mexicanos, la figura del charro como símbolo cultural aumentó su popularidad de manera significativa.

Las mujeres también participan activamente en este deporte, y a su intervención más importante se le denomina La Escaramuza Charra. Su vestimenta es auténtica y varía en tres estilos: el vestuario de Adelita, la China Poblana y el de Charra de Etiqueta (prendas de gamuza). La vestimenta de las escaramuzas incluye un rebozo en forma de “X” o largo, sombrero charro de “4 Pedradas”, calzonera y botines de una pieza.

Para culminar mi artículo y solicitando a los lectores no se me tache de presuntuoso, con alegría, pero también con gran tristeza, recuerdo a mi hermana Susana Mondragón (QEPD) quien, en 1952, con un grupo de niñas y niños, se integró a la primera Escaramuza Charra de México y por tanto del mundo, ejemplo que se extendió después en toda la república, los EE.UU., Centroamérica, Sudamérica y Europa.

Ex Comisionado Nacional de Seguridad y ex Comisionado Nacional Contra las Adicciones