El 18 de agosto, Fernando Cerimedo fue detenido en Bolivia. El empresario digital está acusado de haber enviado sicarios para matar a su expareja, Nadia Beller, quien sobrevivió a tres disparos.

Desde entonces, desde una cama de hospital y vía su celular, Nadia ha corrido el telón sobre la participación de Cerimedo en la Red MAGA que opera hoy en Latinoamérica.

Para entender esa red, lo primero es abandonar la idea lineal de causas y efectos. No estamos ante una conspiración clásica, con una cabeza que da órdenes y una organización que las ejecuta.

Lo dicho: estamos ante una red.

La red no tiene un centro. No tiene un jefe. Ni siquiera tiene una ideología precisa. La red tiene un objetivo compartido y un método. Eso la cohesiona.

Su objetivo es capturar uno por uno los gobiernos de Latinoamérica para la ultraderecha y así convertirlos en vasallos de Washington.

El método lo resumió Steve Bannon con brutal precisión: “Flood the zone with shit” (Inunda el territorio de mierda).

Es decir: saturar el espacio público con mentiras, difamaciones y escándalos, propagados por ejércitos de bots y reafirmados por personajes afines de los periódicos y la TV, para que finalmente un elector decida su voto por el candidato de la ultraderecha.

Recontemos el método con más detalle.

Los integrantes de la Red MAGA se encuentran en reuniones en las capitales del continente, se reconocen, intercambian tácticas, se prestan infraestructura y se financian entre sí.

La red utiliza enormes cantidades de dinero —extraído de los gobiernos capturados y de negocios ilegales ejecutados desde esos gobiernos: lavado de dinero, tráfico de influencias y tráfico de drogas—.

Diseña mentiras dañinas para aplastar contrincantes y mentiras que dan lustre al candidato de ultraderecha; las difunde por medio de granjas de cientos de miles de bots; y las reafirma con su enjambre de periodistas afines de TV y periódicos.

Preguntará el lector: ¿de verdad las mentiras pueden decidir una elección?

Considere Chile.

En 2025, la red logró afianzar la idea de que la candidata presidencial de la derecha tradicional, Evelyn Matthei, padecía Alzheimer, y la intención de voto a su favor se desplomó.

O, yéndonos hacia atrás en el tiempo: en Brasil la red convenció a buena parte del electorado de que el candidato Lula da Silva había cometido un robo a la nación, fue encarcelado e impedido de participar en las elecciones, que ganó Jair Bolsonaro.

Además, el expresidente de Colombia, Gustavo Petro, señaló esta semana que probará que la red intervino el sistema de recuento de votos en las recientes elecciones de Colombia.

Lo seguro es que la Red MAGA sí ha intervenido en las últimas elecciones de Honduras, Ecuador, Chile, Colombia, Perú y Bolivia, y en cada caso la ultraderecha ha ganado.

Ahora que lo saben, ¿se atreverán esas sociedades a impugnar las elecciones intervenidas —y llamar a nuevas elecciones—?

El debate en cada país apenas empieza.

¿Y qué harán las únicas dos democracias del continente todavía no capturadas por la ultraderecha, a saber: México y Brasil?

En México es público que al menos opera Derecha Diario, nodo importante de la Red Maga, que sus mentiras son repugnantes y que es financiado localmente por Ricardo Salinas.

En Brasil, lo antes dicho: la red operó ya en elecciones pasadas.

Para terminar, un detalle interesante: la primera víctima de la Red MAGA en cada país ha sido el ala liberal de la política.

Capturados por la incierta promesa de compartir el botín, atraídos por “la libertad” de acción de los psicópatas, los intelectuales, los partidos y los medios liberales han puesto a un lado las restricciones usuales de la política democrática —la ética, la coherencia, el fair play— y se han rendido en cada país a la red.

Conspira con ladrones y al final te robarán a ti también.

La paradoja es que, al engullir al Estado, la Red MAGA no les ha compartido a los liberales nada más que migajas.