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El dolor de la toma del Palacio de Justicia, junto con los protagonistas de la vida política, la movida social y el mundo religiosa de Colombia, fueron retratados por Beatriz González. Esta maestra, que utilizó el pincel para gritar la realidad del país, falleció hoy, 9 de enero, a sus 93 años.
Esto, luego del deterioro de su salud según informó su familia, sin dar mayores detalles sobre el deceso de quien nació en Bucaramanga el 16 de noviembre de 1932.
Un hombre y una mujer, tomados de la mano, mirando al frente, mientras que sostienen un ramo de flores, fueron los que le contaron al mundo sobre el potencial y la perspetiva de la santandereana. Esta imagen, encontrada por azar en una foto de periódico, se convirtió en las manos de Beatriz González en su cuadro más emblemático: Los suicidas del Sisga.
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Desde entonces, a mediados de la década de los 60, la artista encontró un enfoque claro: “mirar al otro a través de la mirada de otros”, como ella misma lo explicó a REVISTA BOCAS en 2022. Así fue como empezó a transmitir en su obra una mirada crítica y aguda del país, a veces pintando sobre metales, muebles, llantas, cortinas de baño, vasijas de barro, en vez de lienzos finos y tradicionales.
Sus personajes han sido los protagonistas de la vida política, la movida social, el mundo religiosa del país, radiografiados con ironía a través de su ojo punzante. El presidente Julio César Turbay, tal vez, fue quien más estuvo en su mira durante los primeros años.
“En tiempos de Turbay –dijo Beatriz González a este medio en 2020– llamaban de Palacio a preguntar que ‘qué era eso’. Me mandaban ‘tiras’, unos tipos rarísimos, a las exposiciones; pero no más: era su forma de intimidar. No me hicieron salir del país como a Feliza Bursztyn (que atacaron diciendo que sus esculturas de chatarra eran cañones traídos de Cuba y terminó exiliada); o a García Márquez, que también terminó en el exilio. Alguna vez me escribió la viuda de Turbay a decirme que me admiraba mucho porque también era nortesantandereana, pero que me deberían llevar a un juzgado y que su marido había dejado el país como un jet; no más”.
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A partir de la década de los ochenta –específicamente tras la toma del Palacio de Justicia– su obra se centró en el dolor. En las víctimas. Cadáveres rescatados en los ríos, mujeres masacradas por balas que venían de cualquier parte. La muerte. A partir de ahí el color de su pintura también cambió. De esta época nació Auras anónimas, en donde plasma los casi diez mil columbarios del Cementerio Central que recuerdan los tantos muertos anónimos de este país.
Su primera exposición fue en 1964, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá y luego saltó al mundo como historiadora de arte, investigadora, maestra. El artista Luis Caballero la describió así: “Beatriz es la única gran pintora colombiana. La única que ha sido capaz de pintar colombiano”. El pintor Juan Antonio Roda dijo alguna vez: “Beatriz es la mejor pintora colombiana. La mejor de las mujeres y mejor que muchos hombres”.
El Museo del Banco de la República también fue uno de los portales que utilizó la pintora para colgar 'Fusilamientos del 3 de mayo' y nuestro 'Guernica', con los que puso sobre la mesa historias de masacres y conflictos sociales.
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La muestra que exhibió hace seis años, comenzaba con uno de los grandes hitos de la pintura colombiana de todos los tiempos. Su ‘Manet’ de ocho metros por cuatro. En tiempos de redes sociales, probablemente, puede ser una de las obras más fotografiadas y compartidas. Se tarta de un telón que salió de la carpa de un circo. “La he expuesto ocho veces”, contó Beatriz González en ese entonces, “pero en ninguna parte se había visto tan bien”.
En ese memorable recorrido también estuvieron exhibidos cuadros emblemáticos como el de la 'Reina Isabel', su 'Simón Bolívar' o su 'Antonia Santos'; la maestra primero copió a Velázquez y a Vermeer, pero luego encontró su punto de partida en las láminas populares, las láminas Molinari, y en las fotos de los reporteros gráficos en los periódicos.
Esa versatilidad en los temas también se trasladó a los soportes: ¿todo tenía que ser óleo sobre lienzo? Hoy en día los artistas colombianos pintan sobre inodoros o encima de un árbol, pero en su momento, solo ella era capaz de presentar una cama, un tocador o un aguamanil, como una obra de arte.
Era la única capaz de tomar una obra de 10 metros y luego trocearla con unas tijeras para vender los pedazos. “El trozo que hay en la exposición es de Santiago Cárdenas. Y las tijeras eran como las tijeras de oro con las que Misael Pastrana vivía inaugurando obras”.
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