Este sábado se cumple el plazo de 72 horas que el gobierno de Nicolás Maduro le dio al cuerpo diplomático de Estados Unidos para que se retire de Venezuela y cierre la embajada y los consulados norteamericanos en vista del rompimiento de relaciones diplomáticas decretado el miércoles pasado, luego de que el presidente Donald Trump desconociera la presidencia de Maduro y reconociera como nuevo presidente “encargado” de Venezuela al autoproclamado Juan Guaidó.

Y aunque Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, han dicho que no obedecerán a un gobierno al que ya no le reconocen autoridad, a partir de hoy se verá hasta dónde pretende llegar la Casa Blanca en su abierta ofensiva contra el régimen madurista y el apoyo a un nuevo gobierno provisional para los venezolanos.

En Washington se afirma que “todos las opciones están sobre la mesa” en el plan de la administración Trump para obligar a deponer a Maduro de la presidencia y para ello se han puesto en marcha diversas estrategias que buscan aumentar la presión interna y desde la comunidad internacional para aislar al régimen madurista.

Una primer estrategia es cortarle al gobierno de Nicolás Maduro el acceso a los fondos internacionales de Venezuela, producto de la explotación de la riqueza petrolera del país.

Y ayer se produjo un hecho que confirma la operación de Estados Unidos, en la negativa del Banco de Inglaterra para que el régimen venezolano retirara 1,200 millones de dólares en oro que tiene depositados en la institución británica.

La solicitud le fue negada a Maduro por el banco inglés por presiones directas de Mike Pompeo y del consejero de Seguridad Nacional de EU, John Bolton, a las autoridades británicas para que impidieran la operación, según fuentes citadas ayer por medios británicos. “Nos centramos actualmente en desconectar al régimen ilegítimo de Maduro de sus fuentes de ingresos”, dijo el mismo Bolton a la prensa estadounidense.

Al tiempo que a Maduro le cortan las fuentes de financiamiento, la operación de Estados Unidos de “ayuda humanitaria de 20 millones de dólares” para la oposición venezolana encabezada por Guaidó, es la parte visible de la intención descrita por John Bolton para que los activos venezolanos se traspasen ahora al “presidente encargado” y de esa manera apuntalar la consolidación del nuevo gobierno en Caracas.

Lo único que hasta ahora no le han podido quitar a Maduro es el apoyo de las Fuerzas Armadas, cuyos comandantes le han jurado lealtad a su presidencia.

Pero para eso, la Casa Blanca también empieza ya a operar con sus viejas tácticas.

El que derrocó a Noriega va a Caracas

La estrategia intervencionista de Estados Unidos tal vez es distinta en las formas a los viejos y burdos operativos con que la CIA derrocaba presidentes incómodos para Washington en América Latina, pero en esencia es el mismo juego de poder de la potencia: la política de la zanahoria o el garrote. El “intervencionismo suave” del que hoy hablan los estudiosos también puede recurrir a fórmulas y personajes de la época dura. La Casa Blanca envía a Elliot Abrahams a Caracas para reconocer al gobierno autoproclamado y, el enviado personal de Pompeo, lleva una misión específica: “restaurar la democracia” en tierras venezolanas.

Pero Abrahams es un “halcón” de la vieja guardia que trabajó con Reagan y con Bush. Elliot fue el artífice del derrocamiento del general Antonio Noriega en Panamá en 1989, además de estar también involucrado en el penoso caso del Irán-Contras en los 80, que investigaciones históricas confirmaron como el uso del narcotráfico para financiar a la contra nicaragüense. Fue parte de la misma operación que en México le costó la vida al agente de la DEA, Kiki Camarena y a su piloto, asesinados en Guadalajara por el cártel sinaloense, y por el que fueron acusados y detenidos los narcotraficantes Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca, aunque hay otras versiones que involucraron en ese asesinato a agentes de la CIA que tenían acuerdos con Caro Quintero para el financiamiento de la contra antisandinista en Nicaragua.

Abrahams, un diplomático experimentado de 71 años, especialista en temas latinoamericanos y en Oriente Medio, fue condenado en 1991 por ocultar información del escándalo Irán-Contra. Fue secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos de Ronald Reagan y asesor especial de Bush hijo durante la guerra en Irak. Según el diario El País, en los años 80, Elliot tenía colgada en su despacho una primera plana del diario cubano Granma, que siempre mostraba con orgullo: “Abrahams es una Bestia”, rezaba el titular.

Ese es el hombre que Trump manda a “restaurar la democracia” en Venezuela, en un mensaje claro a Nicolás Maduro de que le van a cerrar el cerco. “Elliot va a ser un verdadero activo en nuestra misión para ayudar al pueblo venezolano a restaurar totalmente la democracia y la prosperidad en su país”, declaró ayer Mike Pompeo al anunciar el nombre del “enviado” de la Casa Blanca a Caracas.

Hoy el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sesiona en Nueva York para tratar el tema de Venezuela. La decisión que tome el máximo organismo de seguridad internacional, bajo la clara influencia estadounidense, será clave para saber hasta dónde está dispuesto a llegar Donald Trump en su escalada intervencionista contra el régimen de Maduro.

Por eso se entiende que el desconocido presidente venezolano haya pasado de la amenaza de rompimiento con Washington, a la petición reiterada de “diálogo con la oposición” para solucionar el conflicto, aprovechando para ello la propuesta de México y Uruguay que plantearon una salida política a la confrontación venezolana. Ayer mismo el presidente Andrés Manuel López Obrador reiteraba que su gobierno está dispuesto a fungir como “mediador” en un posible diálogo y ofrecía los oficios de su canciller Marcelo Ebrard y hasta el país para ser sede de una mesa de negociación.

Pero las señales y mensajes desde Washington no apuntan para nada al diálogo y más bien, como lo dijo ayer el envalentonado presidente encargado, Juan Guaidó, “el diálogo sólo sería para hablar del fin de la usurpación”, refiriéndose a una deposición del poder de Nicolás Maduro. Y es muy posible que con un “halcón” como Elliot Abrahams en Caracas y con el cierre de los fondos internacionales al gobierno de Maduro, los llamados al diálogo hechos por el gobierno mexicano cada vez se vean más lejanos y que, salvo el uso del Ejército que aún conserva de su lado para reprimir y perseguir a los opositores —lo que desencadenaría la violencia—, a Maduro le queden cada vez menos opciones ante el embate abierto y frontal de la Casa Blanca en su contra.

Notas indiscretas…

Será el sereno o será que le gusta el clima canadiense, pero nos cuentan que desde finales del año pasado don Jesús Murillo Karam agarró todas sus chivas y con todo y familia se mudó a Canadá, donde hoy radica plácidamente. El ex gobernador hidalguense y ex procurador en el sexenio pasado, seguro va a descansar en Canadá luego de que las investigaciones del caso Ayotzinapa y el tener que sostener a contracorriente su “verdad histórica” cuestionada dentro y fuera de México lo dejarán, literalmente, agotado. Seguro nada tuvo que ver en el repentino cambio de domicilio y de país de la familia Murillo la Comisión de la Verdad que se acaba de instalar hace semana y media en el gobierno de López Obrador para “encontrar la verdad, aplicar la ley y fincar responsabilidades”. No sean mal pensados… La candidatura del investigador Ernesto Villanueva a comisionado del INAI ha despertado simpatías en unos lados y animadversiones en otros. Por ejemplo, a Villanueva se le ve cercano a Irma Eréndira Sandoval, la secretaria de la Función Pública, que sería una de sus promotoras junto con otros personajes de la 4T; pero en contraparte, hay otros operadores del gobierno lopezobradorista que ven con demasiado recelo y desconfianza a don Ernesto, y hasta recuerdan un episodio lamentable en el que al académico de la UNAM lo agredieron en Ciudad Universitaria y, él sin presentar mayores pruebas y hasta con solicitudes de información vía transparencia, culpó de su atentado al doctor Diego Valadés, presidente del Instituto de Investigaciones Jurídicas y hasta involucró a Luis Raúl González Pérez, entonces abogado general de la UNAM. Ese tipo de deslices, dicen los morenistas que no quieren a Villanueva, le van a costar que no llegue al INAI ¿Será que a Villanueva lo vetan sus enemigos o que lo ayudan sus amigos? ...Los dados mandan Serpiente doble. Semana de altibajos.



sgarciasoto@hotmail.com

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