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Sacude AMLO a la jerarquía militar

Sacude AMLO a la jerarquía militar
23/10/2018
02:12
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Para Juan Francisco Ealy Ortiz, por sus 49 años al frente del timón

Tras una fugaz y tensa reunión mañanera con Andrés Manuel López Obrador (que le anticipé el domingo), el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, convocó ayer a su despacho a los generales Roble Arturo Granados Gallardo, subsecretario, y Eduardo Zárate, oficial mayor, quienes durante meses se perfilaron como sus posibles sucesores.

En forma escueta, les reveló que minutos antes el presidente electo le había informado que el nuevo titular sería el general Luis Cresencio Sandoval, una estrella emergente en la milicia que todavía estaba fuera del círculo de acero que construye la alta jerarquía militar y no había sido incluido en el escalafón entregado al político tabasqueño con los nombres de quienes presumiblemente reunían los mayores méritos para estar al frente del Ejército

De acuerdo con información confiada a este espacio, Cienfuegos tenía preparada una presentación a López Obrador sobre temas ligados al sector. Pero la respuesta que obtuvo fue que mejor le fuera entregada al general Sandoval.

A Cienfuegos debe tenérsele por derrotado en un aparente duelo de pulsos que decidió construir con López Obrador en torno a diversos asuntos, siempre con el relevo en la Defensa como telón de fondo. Quizá el episodio más disruptivo entre ambos se produjo en  las primeras horas de este octubre y fue suficiente para que el presidente entrante tomara distancia de una transición de terciopelo con el alto mando de la Defensa y seleccionar al siguiente titular entre la lista propuesta, como lo ofreció en varias ocasiones.

Ese episodio clave —aunque no el único— lo constituyó la entrevista publicada por EL UNIVERSAL, el pasado día 1, con el general Alejandro Ramos Flores, jefe de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la Sedena, quien portó dos mensajes para el presidente electo: el primero, expreso y desafiante; el segundo, implícito y con la misma carga política de una bofetada. 

En el primer ámbito, Ramos Flores se refirió a la eventual comisión de la verdad que podría ser establecida para desahogar señalamientos y presuntas líneas alternas de indagatorias sobre la tragedia ocurrida con estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa. El funcionario militar, cuyas palabras solo son imaginables si contaron con la autorización del general Cienfuegos, declaró a este diario que el Ejército se ceñiría a las tareas de la comisión de la verdad si la gestión de la misma “se ajusta al marco de la ley”. El condicionamiento fue interpretado en el equipo de López Obrador como un desafío a la próxima autoridad presidencial.

Pero el sustrato implícito era aún más delicado. Ramos Flores ha tenido responsabilidades públicas tanto en el sector militar como en el civil. En 2004 se desempeñó como el número dos de la PGR en la gestión de Rafael Macedo de la Concha, con quien fue subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales.

En esa función, Ramos fue el ariete del gobierno de Vicente Fox para descarrilar la precandidatura presidencial de López Obrador mediante el polémico juicio de desafuero como jefe de Gobierno capitalino por la violación de un amparo que le impedía construir una calle para comunicar a un hospital en la zona de Santa Fe.

Ramos Flores pareció entonces ensañarse en sus declaraciones contra el ahora presidente electo, asegurando que el delito que se le atribuía no sólo traería su destitución del cargo, sino una pena de cárcel y la inmediata inhabilitación  como posible candidato a los comicios de 2006. Se  trató de un agravio que según se dijo a este espacio, López Obrador acumuló con especial resentimiento.

Todo esto allanó el camino para un “Plan B” del presidente electo,  quien finalmente se inclinó en favor del general Sandoval, el cual virtualmente se “brincará” el rígido escalafón militar. Ello se evidencia en dos hechos concretos: fue promovido a general de división apenas en diciembre de 2017, y será el primer titular de la Defensa proveniente de una comandancia de zona.

Sin embargo, el perfil de Sandoval González, de 58 años,  anticipaba ya que se trataba de una figura de creciente relevancia. Y varios elementos en su trayectoria lo convierten en un posicionamiento en sí mismo por parte de López Obrador.

A diferencia de la generación de sus actuales jefes, Sandoval ha estado en contacto con el mundo: estudió en el Pentágono y en Canadá; en este último país fue formado en Operaciones de Apoyo a la Paz.  Fue agregado en la embajada en Washington y tiene cercanía profesional con altos mandos del Ejército norteamericano. Con él llegará, sin duda, no solo una nueva generación de hombres y mujeres a la milicia. También, se espera, otra visión sobre temas cruciales en el país.

Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.

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