El yerno de la profesora Elba Esther Gordillo, Fernando González Sánchez, pronunció el discurso principal de la primera asamblea para la constitución del nuevo partido, Redes Sociales Progresistas (RSP).

Ahí dijo que el propósito de esta nueva fuerza electoral es ayudar al gobierno de la Cuarta Transformación “a consolidarse.” Luego añadió que este instituto “hará la diferencia en las próximas elecciones.”

Este verano se cumplirán trece años de que Felipe Calderón Hinojosa ganara la Presidencia gracias a que las redes de la maestra hicieron “la diferencia.”

Cuentan dentro del círculo más próximo a ese ex presidente que el día anterior a los comicios, Elba Esther Gordillo llamó al candidato panista para ofrecerle medio millón de votos.

Según el periodista Alberto Aguirre, Juan Camilo Mouriño, entonces el principal operador de la campaña calderonista, se enteró por voz de su jefe, 12 horas antes de que abrieran las urnas, de tan afortunada noticia.

La anécdota habría sido poco creíble sin la generosidad que luego tuvo el presidente Calderón para con la profesora: le entregó cargos tan relevantes como la dirección del ISSSTE o la Lotería Nacional, pero, sobre todo, la subsecretaría de Educación Básica, que justo ocupó Fernando González Sánchez, durante aquella administración.

Obviamente una de las voces más enojadas con la alquimia electoral del magisterio fue la de Andrés Manuel López Obrador, el candidato que, según los datos oficiales, fue derrotado por poco más de 240 mil votos.

En palabras del abanderado vencido, Elba Esther Gordillo, su aparato electoral y sus huestes sindicales eran parte de la mafia del poder que arrebató la banda presidencial a su legítimo destinatario.

¿Cómo explicar que, pasada una década, aquellos que eran mafiosos dejaron de serlo? ¿Qué agua o poción mágica, qué acto de arrepentimiento, qué plegaria a San Judas Tadeo o al Santo Niño de Atocha, lograron que don Fernando González Sánchez se haya vuelto agente de la Cuarta Transformación?

Todo parece indicar que ser o no ser mafia del poder pasa por la política de alianzas de los mafiosos, y no por su rol como poderes fácticos —enclaves del autoritarismo— capaces de colocarse siempre por encima de la ley.

Una vez que las Redes Sociales Progresistas, encabezadas por los socios de Elba Esther Gordillo, apoyaron a la candidata morenista a gobernador para el Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, comenzó a funcionar la piedra pómez que cura toda pertenencia previa a la mafia.

Luego vinieron las elecciones federales de 2018, donde los antiguos aliados de Felipe Calderón ratificaron su conversión al morenismo y, a la postre, obtuvieron la liberación de la profesora, quien había sido injustamente encarcelada.

Porque con toda seguridad RSP obtendrá su registro, la paradoja de esta historia reside en que la Cuarta Transformación contará también con un partido encabezado por el liderazgo magisterial próximo a Gordillo.

Ese partido servirá, como sucedió antes con el Panal, para negociar puestos, recursos, influencia y poder. Será un apéndice de Morena y si las cosas se ponen difíciles después de 2021, jugará, como ese grupo político sabe hacerlo muy bien, de bisagra en el Congreso.

Para quienes llevamos registro de la historia política contemporánea de nuestro país no deja de ser incómodo que la Cuarta Transformación, en la que tantas esperanzas se han depositado, utilice con frecuencia la piedra pómez para lavar la reputación de los integrantes de la mafia del poder.

ZOOM: ¿Por qué si los líderes de RSP quieren apoyar al gobierno y su partido, no ingresan mejor a Morena, con derechos plenos? ¿Será que ahí no les recibirían, o que estas personas prefieren autonomía, por aquello de que, en algún momento, la vela de la política se hinche en una dirección contraria a la actual?


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