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El pasado viernes 6 de abril, la noticia por la muerte de Urbano Zea sacudió a quienes gustan y siguen la natación. No podía dejar pasar la oportunidad para enviar un abrazo y deseos de pronta resignación a la familia de un hombre que dedicó toda su vida a este deporte, hasta representar a nuestro país en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
De familia deportista, su padre también fue olímpico —en basquetbol— en la justa de Roma 1960. Destacó desde las categorías infantiles y juveniles, hasta —poco a poco— hacerse de un lugar en los equipos representativos de su natal estado de Chihuahua y de México.
Con el estilo libre como su principal fuerza, se fue superando hasta alcanzar grandes niveles que lo llevaron a la Universidad de Nuevo México y después a los citados Juegos Olímpicos, en los que participó en las pruebas de 50 y 100 metros libres, el relevo 4x100 libres, además de los 100 metros mariposa y el relevo 4x100 combinado.
Para quienes somos unos apasionados de la natación, un personaje como Zea siempre será bien recordado, ya que se entregó a este deporte en busca de superarse día a día y de llevar el nombre de México a las mejores competencias.
El viernes se nos adelantó en el camino, pero siempre estará con nosotros, al recordar todo lo que consiguió como nadador y mexicano ejemplar. Un abrazo para su familia y un hasta luego, Urbano Zea.
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