Pemex: una imagen turbulenta

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

A casi 80 años de la creación de Petróleos Mexicanos, la empresa productiva del estado ha formado parte fundamental de la historia del país, empero su imagen ha sufrido un desgaste precipitado, pues de haber sido el bastión económico de México, hoy enfrenta problemas financieros a la sombra de la corrupción que la embarga.

Cuando Enrique Peña Nieto arribó a la Presidencia, su principal estrategia de comunicación fue promover las reformas estructurales que el país necesitaba para transitar a la modernidad y competencia, para lograrlo la Reforma Energética sería clave.

Una vez alcanzado el objetivo, le siguió una campaña mediática que promovía los beneficios de abrir el mercado del petróleo a compañías extranjeras para compartir riesgos y ganancias, la baja de los precios de combustibles y luz eléctrica fueron pieza central.

Sin embargo la caída internacional de los precios del petróleo provocó que las proyecciones de ganancias quedaran muy por debajo de lo esperado y de esta forma, la ciudadanía comenzó a reclamar resultados.

En febrero de 2016, el Presidente de la República optaría por hacer un cambio de funcionarios, llamó a José Antonio González Anaya a la Dirección de Pemex, para sustituir a Emilio Lozoya Austin, buscando estabilizar las finanzas e implementar de lleno la reforma energética.

El perfil de González Anaya era el de un tecnócrata egresado del MIT, pero no imponía una imagen de autoridad, en entrevistas evidenciaba una personalidad introvertida y titubeante a pesar de tener experiencia en distintos cargos de renombre, no sólo a nivel nacional, si no en organismos internacionales como el Banco Mundial.

La situación para el nuevo director de Pemex no sería sencilla, pues a finales del 2016 en una corte de EEUU la compañía brasileña Odebrecht, se declaró culpable de realizar pagos ilegales a funcionarios de varios países latinoamericanos para obtener beneficios con asignaciones de obra, desde luego México se vio involucrado.

Paralelamente a éste escándalo, el 2017 inició con un fuerte gasolinazo que tuvo un manejo comunicacional terrible, despertando el descontento de los mexicanos con manifestaciones por todo el país, que fueron desde saqueos hasta bloqueos de gasolineras. La imagen de Pemex seguía en picada.

Por si fuera poco, meses más tarde se involucró al ex Director, Emilio Lozoya Austin como parte de la red de corrupción del sector, acusándosele de recibir aproximadamente 10 mdd, incluso antes de asumir el cargo, cuando formaba parte del equipo de campaña del hoy presidente EPN.

El caso Odebrecht causa indignación internacional porque alcanzó a diversos países, pero en México no sería la primera vez que a Pemex se involucra con campañas políticas priístas. Basta recordar el denominado Pemexgate, que consistió en un desvío multimillonario de recursos por parte del sindicato hacia la campaña de Francisco Labastida, caso que prescribió en 2011 quedando como una mancha más de impunidad.

El panorama que viene no luce ameno para el cierre de la administración peñista, a pesar que en septiembre pasado el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade planteó que se continuaría con el sistema de suavización a los costos de la gasolina (Expansión CNN), el Presidente de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros, Pablo González mencionó que el precio podría llegar a 20 pesos por litro (El Universal, Noviembre 2017).

Lo anterior sale a relucir un día después de la presentación de la nueva imagen de la franquicia Pemex, que busca refrescar y revitalizar a una marca bastante desgastada y envuelta en problemas constantes.

Falta muy poco para la definición del candidato presidencial del PRI, y de ser Meade el elegido, su entrañable amigo González Anaya podría sucederlo en Hacienda, con un paso intrascendente por Pemex, empresa que muestra una cara débil ante los saqueos que durante décadas ha padecido.
 

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