Un equipo oxidado requiere de nuevas piezas, de analizar cuáles aún funcionan con una buena limpieza para que sigan produciendo a su máxima capacidad y, si no se puede, cambiarlas.

Ya detectado el problema, se debe analizar el mercado, acudir con el mejor postor y reemplazarlas para que la maquinaria trabaje a su máxima capacidad y, por ende, ofrezcan un producto de alta calidad. Así funciona.

Pero en Chivas parece que esto no va con ellos. Aquí las piezas oxidadas se dejan hasta que no den más y terminen por romperse y llevarse entre las patas a otras que su funcionamiento era bueno o aceptable.

Nos prometieron cambios de raíz y la primera medida fue “separar” de la toma de decisiones a José Luis Higuera . La mayoría de los aficionados lo celebraron, pero después nos enteramos que seguirá siendo parte del equipo, entonces, así no habrá un cambio real.

Amaury habló de una revolución, y para eso se necesitan cambios radicales, dejar atrás las malas prácticas para iniciar un nuevo camino hacia esa grandeza que hoy ya no tiene Chivas. Pero todo fue por encima. No hubo contrataciones de peso, salvo la de Oribe Peralta que parece más un tema mediático y para tranquilizar a la afición.

También dejaron en el banquillo a Tomás Boy , que hoy tiene la marca de ocho derrotas en nueve juegos; no hay un director deportivo, y el equipo no da para más, ha dejado de ser grande para convertirse en el hazmerreír de una Liga y que hoy los tiene sumergidos en la pelea por el descenso.

¡Una verdadera vergüenza!

@luiszubietam

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