Un ejército de paz parece viable (en la poesía)

Luis Cárdenas

Guardia civil no es lo mismo que un ejército de paz.

De hecho, así como tal, un ejército de paz no podría concebirse más allá de una figura retórica. En materia de seguridad, ya sea interior, exterior o pública, un ejército es y será un grupo siempre armado y entrenado en el uso de la fuerza letal.

En la lírica, un ejército de paz será un bello ensueño, una concepción sublime por etérea..

Dudo que las palabras pronunciadas por el Presidente Electo hace unos días en Tlatelolco sobre un ejército de paz se refieran a la poesía o quizá lo que pasa es que no entendí nada.

En el mundo existen 21 países sin Fuerzas Armadas, Samoa, las Islas Salomón, Palaos, Kiribati o Granada serían algunos buenos ejemplos, en algunos casos, como en Mónaco, aunque no existan ejércitos per se, sí están vigentes acuerdos con otras potencias que respaldarían en caso de ser necesario a la región “desarmada”.

En todo el mundo existen, eso sí, grupos armados que actúan como un brazo de coacción del Estado para mantener el orden legalmente establecido y en todo el mundo existen, también, grupos de poder fáctico, igualmente armados, que buscan beneficios diversos violentando el orden legalmente establecido.

En México, concretamente, existen nueve grandes grupos criminales, todos con múltiples escisiones, que han desaparecido o ejecutado a cientos de miles de personas durante la última década.

El Cártel de Sinaloa, el Cártel de Juárez, el Cártel del Golfo, Los Beltrán Leyva (con sus múltiples divisiones), los Caballeros Templarios (con sus múltiples motes), La Familia Michoacana (con sus múltiples fusiones), el Cártel Jalisco Nueva Generación, Los Zetas o el Cártel de Tijuana, son organizaciones con un gran poder de fuego, muchos hemos sido testigos, con la capacidad de vencer en batalla a comandos militares perfectamente bien entrenados, al grado incluso de tumbar aeronaves castrenses.

A ninguno se le podrá vencer desarmado, sin importar el número de becas, buenas voluntades, plegarias o los trenes que se construyan. En varias zonas de México hay una guerra que tiene que combatirse con gran poder de fuego sí, pero sobre todo con inteligencia y con ciencia.

Cambiarle el nombre a las Fuerzas Armadas por “guardia civil” o “ejército de paz” sería una respuesta tan simplona, demagógica e improvisada y una de las más grandes burlas hechas al pueblo de México: “El Ejército seguirá en las calles, pero ya no se llamará Ejército, luego entonces el Ejército no estará en las calles”

Un militar mexicano no es un improvisado ni mucho menos un multiusos, será un ser disciplinado siempre ante una orden de su comandante supremo que lo es, no por gracia o simpatías, sino por un mandato constitucional y acatará, sin oposición, cualquier mandato… Aunque el mandato lo degrade y lo humille, aquí sí, la patria es primero, sin demagogia.

Si el Ejército debe continuar en la calle que lo haga pero como lo que es: una institución del Estado Mexicano, con independencia de la transformación activa en ocurrencia.

Lo ideal, lejos de mascaradas discursivas, sería elaborar, de una vez por todas, un plan estratégico contra lo que nos ha llevado, en primera y última instancia, al infierno que sufrimos: ¿cómo jodidos acabamos con la impunidad? Igual vale la pena preguntar a los expertos, aunque cobren.
 

DE COLOFÓN.— Oclocracia.

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