Una semilla del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes

Guillermo Sheridan

Hace unos días se llevó a cabo un acto público titulado “Foro de Consulta para la Comunidad Artística”, al que asistieron varios de sus miembros y un par de funcionarios del Fonca.

Uno de ellos, el señor Roberto Frías, comenzó agradeciendo la “anfitrionía” de la Biblioteca de México José Vasconcelos, que no debe confundirse con la Biblioteca Vasconcelos de México. La primera es la que dirigieron Jaime García Terrés y Eduardo Lizalde; la segunda es la que dirigió hasta hace poco Daniel Goldin.

La Vasconcelos es la que está en Buenavista y se construyó con Fox; la otra es la que antes fue tabacalera y luego anfitrionó el arsenal y cuartel alrededor del cual no pocas balas encontraron anfitrionía en los cuerpos de no pocos compatriotas durante la “Decena Trágica”.

La cosa es que como sabe el lector memorioso, tanto Eduardo Lizalde como Daniel Goldin fueron sumariamente invitados por el nuevo gobierno de la Cuarta Transformación a sacar de las direcciones de ambas bibliotecas todos sus bártulos, incluyendo su experiencia, para transformarse en desempleados. Así es la vida.

Ignoro quién dirija ahora a la Biblioteca de México (su sitio web no se transforma aún), pero no que depende de la Dirección General de Bibliotecas, esa que guía el bibliotecario mexicano vasconceliano profesor y doctor Marx Arriaga. Se recordará que el doctor Marx es el principal crítico literario de las obras literarias de la escritora Beatriz Gutiérrez Müller, de cuyo examen profesional fue sinodal, y a quien el doctor Marx le agradeció públicamente su nombramiento de bibliotecario en jefe de la Patria diamantina, aunque hace días declaró que no, que tal anfitrionía se debió solamente a sus méritos transformacionales.

Bueno, pues el asunto es que el tal “Foro de Consulta” acabó en disonante batahola, a pesar de que un par de funcionarios —uno de cabello azul, Roberto Frías; otro de cabello cano, Edgar San Juan— anunciaron con vehemencia su propósito de transformar al Fonca en un organismo regido por la igualdad, la honestidad valiente y la descompadrazgoización para que “detone” en algo incentivante, calidoso, equitativo, imparcial, dinámico, plural y sin caspa.

Al pronosticar los años de gloria que esperan al Fonca, el funcionario azul se comprometió a nombre del director Mario Bellatín (ausente, dijo, por “un tema de salud”) a conservar el Fonca a la altura de su origen, cuando fue ideado, dijo, por Monsiváis, Poniatowska, Silvestre (sic) Revueltas y Gabriel Zaid, entre otros.

No mencionó a Octavio Paz, sin embargo, recordé que en 1944, luego de la injusta, temprana muerte de su amigo el poeta Alberto Quintero Álvarez, Paz le escribió, apenado y furioso, a Octavio G. Barreda: “Pienso que Efraín Huerta, José Revueltas, Neftalí Beltrán o cualquier otro podrían hacer cosas mejores si no tuvieran que escribir para los periódicos, para el cine o las agencias de publicidad. No creo que sea difícil dar, cada año, tres o cuatro becas a los artistas jóvenes, ni tampoco es necesario que los favorecidos sean figuras de primer orden. Lo importante es crear un ambiente, una atmósfera de cordialidad y de trabajo. En fin, ni Quintero pudo gozar de nada semejante, ni creo que los otros obtengan algo…”

Pero lo obtuvieron. Treinta años más tarde, en la revista Plural (en el número 49, octubre de 1975) aparecería el escrito de Zaid (“Ideas para un fondo de las artes”, en línea) que, ya como manifiesto, por invitación de Paz, firmaría una treintena de escritores, incluyendo a José Revueltas y a Juan Rulfo. Esto lo cuenta el mismo Zaid en Dinero para la cultura, libro que podrían anfitrionar los funcionarios culturales para detonar algunas ideas.

Y luego en 1989, cuando por fin se creó el Fonca, Paz habló en la ceremonia respectiva a nombre de los cultos y los artistas. Dijo que la creación del Fonca “es el reconocimiento de la naturaleza eminentemente social y libre de la cultura” y argumentó “la obligación que tienen el Estado y la sociedad económica de ayudar y estimular a la cultura, respetando siempre la libertad de creación y difusión de las obras literarias y artísticas. El Fonca nace inspirado por una idea que hoy todos compartimos: la cultura es, ante todo, una creación social libre.”

¿Detonará?

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