Están al punto del colapso en Cruz Azul . Volver a perder en la liga los lleva a acciones realmente ridículas, como la que Barra Brava señala en este mismo diario. Su caída libre, que viene desde la Liguilla pasada, no tiene explicación, es una maldición que tienen que sacudir de inmediato o será una pesadilla este torneo.

Nunca ha sido un equipo abierto a la crítica, lo demuestra constantemente bloqueando a periodistas y analistas que retratan su realidad, esa que nunca quieren reconocer. Pero que no estén de acuerdo con un comentario en Twitter y silencien al implicado no es tan grave como mandar grabar a los reporteros en las conferencias.

¿Qué ganan con esto? Además de perder tiempo, revisando de manera enfermiza cómo formuló un cuestionamiento “x” o “y” persona, es una medida inútil, pero de presión e intimidatoria, porque tener testimonio en video de un periodista preguntando es eso. Es una medida coercitiva que debería ser inaceptable por la Liga MX .

Pedro Caixinha

está malentendiendo a la prensa; claro que existe de todo: buena y mala, tendenciosa y amigable, pero permitir que se siga haciendo esto es reconocer que consideran a los medios como los enemigos, cuando la pésima actuación es de su equipo.

No son los medios quienes juegan, solamente son el mediador entre los personajes del futbol y el público, ese que mantiene —gracias a su pasión y amor a los colores— a un equipo. En lugar de analizar a los periodistas, deberían cuidar a sus jugadores, como Pablo Aguilar , quien en sus redes sociales publicó la imagen de un árbitro con un lazarillo.

Hace algún tiempo, Nicolás Castillo lo hizo y fue sancionado. Debe ocurrir lo mismo. Decisiones cuestionadas, como dejar ir a Iván Marcone y contratar en el mercado del pánico a un ilustre desconocido, han detonado una bomba de tiempo.

Perder el campeonato sin meter las manos, después de una Liguilla con altibajos, han llevado a Cruz Azul a cometer actos ridículos contra el periodismo. Ricardo Peláez sabe manejar a la perfección el tema, su paso por el América lo curtió y, si en ocasiones se engancha, es por la pasión con la que vive su puesto, pero pocas veces cae en medidas intimidatorias como la que se vivió el viernes en La Noria .

Si está enterado, debe detener esta barbaridad, aunque no sea su labor en el equipo, pero —de seguir sucediendo— se convertiría en un cómplice de Caixinha . En vez de valorar los cuestionamientos de los periodistas deberían estar metidos en cómo acabar esta crisis.

Es un equipo que tiene todos los elementos para triunfar, pero cuando el entrenador está más preocupado en lo que se dice, algo no está funcionando correctamente. Cruz Azul es mucho más que un entrenador bravucón, es una institución a la que le urge un campeonato de liga y esta imagen que ahora deja es muy lejana a la estabilidad.

Cuando fueron campeones de Copa y se la pasaron fanfarroneando que venía el doblete, por lo menos era un equipo que irradiaba confianza. Hoy, lo que transmiten a sus aficionados es nerviosismo y una alarmante falta de conceptos para salir adelante pese a las bajas y pese a las pregunta incómodas de los periodistas.

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