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El equipo dirigido por Diego Alonso le pegó un baile en los primeros 45 minutos de la eliminatoria, pero la falta de contundencia, el no aprovechar al menos un par de opciones más que generaron, dejó algo de esperanza para los cruzazulinos.
Esta será la primera gran prueba para Pedro Caixinha desde que llegó al equipo cementero. Ahora tendrá que ir contra la necesidad de que no le hagan daño en la vuelta en el Estadio Azteca, es decir, evitar que los Rayados les anoten, lo que les obligaría a hacer cuando menos tres goles (si es que los regiomontanos les hacen uno).
Durante esos primeros minutos del partido de ayer, la imagen que mostró Cruz Azul fue la de ese equipo con pánico escénico al que le intimida tener que definir una eliminatoria como favorito. Enfrente, se topó con un cuadro cuyos futbolistas clave han despertado justo en la Liguilla y que lo hizo ver mal en la zona defensiva. Y de no ser por alguna intervención de José de Jesús Corona o porque al final fallaron en la definición, Monterrey pudo haber liquidado la serie desde ese partido de ida.
Aquí no se trata de maldiciones ni de fantasmas, se trata de que Cruz Azul jugó un mal primer tiempo, con muy poca personalidad y aunque Caixinha aprovechó el descanso para acomodar y despertar a sus jugadores, ya no le alcanzó para por lo menos empatar el partido, anotar uno como visitante, lo que pondría la serie inclinada hacia su lado.
Desconcentrados, pensando en el América en la final, los cementeros se olvidaron de que su rival en esta fase hizo buenas contrataciones.
Se olvidaron de que ya no es el Monterrey que vencieron en la final de la Copa MX y por esos descuidos, por ese desdén con el que iniciaron la eliminatoria, ahora están abajo. Y ya no los escucharemos decir que esperan al América en la final, sino que confían en rescatar estas semifinales con su mayor fortaleza: el Estadio Azteca.
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Cruz Azul
nunca le ha ganado un partido de Liguilla a los Rayados y si se mantienen las cosas como ayer, no lo hará el sábado y tendrá que comerse otros seis meses sin el título de Liga, que es el que realmente importa, porque ayer mientras veían el juego de ida, ninguno de los aficionados celestes pensaban en el mentado doblete, sino que buscaban alguna alternativa para meterse rápido a la serie, algo que pudieron conseguir en un par de jugadas en la segunda mitad, pero que gracias a Marcelo Barovero, uno de los mejores porteros del futbol mexicano, no ocurrió.
Viene la mayor prueba para Caixinha en este torneo con el Cruz Azul . Olvídense del primero en que dirigió a este equipo. Es éste, en el que aumentaron las expectativas, en el que regresaron la ilusión a sus aficionados el que cuenta.
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El portugués debe demostrar que tiene la capacidad para volver a encender a su equipo desde el primer minuto del partido de vuelta, porque ayer, Monterrey mostró la peor cara del equipo cruzazulino en todo el semestre y si su técnico no logra meterlos en la eliminatoria rápido el sábado que viene, se avecina un golpe fuerte, de esos que esta afición no merece y no aguantaría otra vez.
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