Manipulación árabe versión 2022

Qatar 2022, por el bien del futbol y de la Copa Mundial, debería no jugarse o entregarlo a otra sede

Está por finalizar el último Mundial de verdad, como lo conocimos desde que nacimos, en lugares donde la pasión de un país se desborda y los cientos de miles de turistas gozan.

Todo cambia, pero hay cosas que lo hacen para mal. Por quedar bien con todos y ganar más dinero, la FIFA se corrompió hasta la médula espinal para darle la sede a un país anticlimático futbolísticamente, en fechas ilógicas para las ligas importantes en el mundo.

Qatar 2022, por el bien del futbol y de la Copa Mundial, debería no jugarse o entregarlo a otra sede.

La doble cara de Gianni Infantino en este tema es evidente. Por un lado, defiende públicamente que el futbol debe ser para el jugador y sus aficionados, y por el otro avala a una sede que —francamente— fue ganada con base en billetazos, en corrupción. Nadie acepta que se juegue ahí y menos en diciembre, como se encargó de informar la vocera Gwilym Hookway Morgan, mandándome un correo electrónico negando lo que hace dos días me había comentado. Es decir, además de lo poco atractivo que es jugar un Mundial en esas fechas, quieren controlar a los medios a como dé lugar.

Los qataríes enseñan su riqueza cultural, que es milenaria y muy atractiva. Han convertido los centros comerciales de Moscú en pasarelas de sus bellezas arquitectónicas, de su deliciosa comida, de sus trajes típicos, de su belleza femenina, de su dinero. Pero nadie dice qué carajos van a hacer para que las 32 selecciones lleguen a su país en noviembre y qué pasará con las ligas en el mundo. ¿Pararán dos meses? ¿La FIFA ordenará que se jueguen las ligas de enero a octubre? ¿La final de la Champions cambiará de fecha? Demasiadas preguntas que, cuando se les hacen frontalmente a los organizadores de Qatar 2022, con gran desfachatez dicen que ellos están listos para todo. No hay un tema en el que tengan un punto flaco. Se creen perfectos, aunque dicen muchas mentiras.

Confirman que se jugará del 21 de noviembre al 18 de diciembre de 2022; es decir, cuando finalice Rusia 2018 pasarán mil 590 días; exactamente, cuatro años, cuatro meses y seis días.

El tiempo que se esperó del Mundial de Brasil al que finaliza este fin de semana fue de mil 432 días, lo que se traduce a tres años, 11 meses y un día. Es decir, habría un desfase de cinco meses con respecto de los planes financieros de la FIFA. Por eso, hay negociaciones para el cambio. No lo quieren en diciembre, no se puede jugar en el verano, así que el problema es grande y no lo aceptan.

La FIFA, como explicó Infantino antes del inicio de Rusia, se nutre económicamente de derechos de transmisión, mercadotecnia, cuotas de los afiliados y algunos conceptos más que, al desfasar unos meses el Mundial, no le conviene a nadie.

Los árabes que trabajan en la organizacion son muy simpáticos, grandes publirrelacionistas, pero también les encanta manipular, lanzar la piedra y esconder la mano.

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