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En el último trago nos vamos

Élmer Mendoza

Propuso José Alfredo, y Edgardo Cozarinsky aceptó. Años después no tuvo dudas para titular con esas palabras este inquietante libro de relatos, publicado por Tusquets en Buenos Aires, Argentina, en julio de 2017. Además, En el último trago nos vamos ganó el pasado noviembre de 2018 el Premio Hispanoamericano de cuento Gabriel García Márquez, convocado por la Biblioteca Nacional de Colombia. Una fiesta completa para el autor, que vino a la recién concluida Feria del Libro de Guadalajara a presentar su libro. Contiene ocho cuentos, que son ocho momentos llenos de energía, nostalgia y creatividad. “Llegadas a cierta edad, las mujeres ya no tienen edad,” señaló Edgardo a Jiménez, que afirmó, bebió su resto y se puso de pie.

Edgardo Cozarinsky nació en Buenos Aires en 1939. Además de escritor es cineasta, y dueño de un estilo de gran fineza donde la variación de lugares, asuntos y costumbres se mueven alrededor de personajes adultos, con muchas vivencias y fieles a sí mismos. Es un admirador comprometido de la literatura rusa y en particular de Antón Chejov. El primer cuento, La otra vida, trata de los primeros días de muerto de un personaje atropellado en una avenida de Buenos Aires. Descubre que hay un mundo previo antes de desaparecer, encuentra conocidos incluyendo un viejo amor; se halla en el proceso de adaptarse cuando percibe un aroma, muy parecido al “santo olor de las panaderías”, de Ramón López Velarde, que lo llevará a una situación inesperada. Grand hotel des ruines es el segundo, donde cuenta las coincidencias entre dos personas mayores. Desarrolla ambas historias en breves apartados y resulta un recuento de emociones y momentos especiales que hacen pensar que la vida realmente se acaba hasta que se acaba y que lo único absurdo son ciertas repeticiones y algunas restricciones. La historia transcurre en oriente, en Birmania, con todo la fuerza cultural de sus templos en ruinas y la tupida vegetación yn desde luego, una guerra de exterminio. La dama de pique pone ante nosotros la mentalidad del jugador. En la baraja es la reina de espadas, e igualmente los personajes han llegado a la edad en que el juego es la única razón para vivir. También Kozarinsky deja muy claro que “El producto del trabajo es sagrado; el del juego, impuro.” ¿Cómo ven?

En la narración sobresale la primera persona, siempre es un personaje el que cuenta la historia, y son cuentos que tienen un desarrollo impecable. Cada relato es tan humano que poco importa que no cierre con un final que nos explique todo. Estas historias flotan y se adhieren a la memoria de todos los que hayan vivido con pasión. El cuento En el último trago nos vamos transcurre buena parte en Veracruz y alguna playa del sureste. Por supuesto que es una historia de amor. El ingrediente interesante es que los protagonistas son escritores reconocidos. Él no ha decidido aún escribir algo sobre el encuentro pasado cuando lee un cuento de ella donde aparece su relación y él no sale bien librado, ¿qué piensan qué hizo el señor? Kosarinsky, según nos platicó, durante muchos años fue un hombre nocturno. Le fascinaban los lugares donde se baila tango. Vio tanto allí que le fue fácil escribir Noches de tango, donde al narrador le llama la atención una mujer que baila maravillosamente, y que posee “ese atisbo de misterio que hace atractivas a muchas mujeres no bonitas.” Les va a encantar. Insomnios es un cuento que tiene una historia alterna de esas que siempre se quiere saber más. No me atrevo a adelantar nada, será mejor que, como los buenos lectores que son, lleguen a él y disfruten cada línea. Las ideas que el autor desliza sobre el arte de escribir son imperdibles. Little Odessa es el cuento que cierra el volumen. El escritor nos narra una noche en Nueva York. El encuentro entre un hombre común y corriente y una octogenaria adivina que cobra 50 dólares por sesión. El tema es Odessa, y unos bocadillos deliciosos que hacen surgir el vodka y la conversación se abre. Aparecen sus hijas, una querida amiga argentina que fue actriz, el teatro judío, que ya nadie quiere ver, y algunas otras cosas que alteran el encuentro entre estos personajes sin paralelo. En el último trago nos vamos es un libro que deja muchas inquietudes. Kozarinsky nos propone un universo de sensaciones y les da un tratamiento literario que no tiene parangón. Lo van a disfrutar, estoy seguro. Ya me contarán.

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