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Death, Love & Robots: cine en pequeñas dosis

Con Death, Love & Robots Netflix muestra su mejor rostro, aquel que está dispuesto a dar ventana a contenidos que de otra forma sería virtualmente imposibles de ver
22/03/2019
02:11
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Una de las razones por las que Alfonso Cuarón aceptó que Netflix fuera la empresa encargada de “distribuir” ROMA de manera exclusiva en su servicio de streaming es que el director veía en la temática de su más reciente cinta una barrera de entrada para el espectador común que va al cine. O dicho de otra forma: ¿quién -más allá de fronteras- querría ver una película mexicana, hablada en español y mixteco, filmada en blanco y negro, sobre la historia de una nana en la Ciudad de México de los años sesenta?

Con una falsa modestia, Cuarón desestima el peso de su propio apellido, pero fuera de ello, su estimación probablemente era correcta: el streaming era la mejor forma de distribuir una película como ROMA, y Netflix era la empresa más adecuada para ello, dado el tamaño de la campaña publicitaria que le aportó a la cinta.

Todo esto viene a cuento porque, más allá del debate sobre si Netflix está matando o no al cine, o sobre si la calidad de sus títulos deja mucho que desear (no parece haber filtro en aquello a lo que Netflix decide poner dinero), una de sus mejores virtudes es justo cuando le da ventana a trabajos que de otra forma perecerian en el mar de contenidos, ya sea por su temática, su falta de poder económico, o incluso por su formato.

Eso es justo lo que ocurre con Death, Love & Robots, una nueva antología de cortometrajes animados estrenada recientemente en Netflix donde los productores/curadores de los 18 títulos que componen esta primera entrega son los directores David Fincher (Se7en, Fight Club) y Tim Miller (Deadpool).

Con animadores de todas nacionalidades y con temáticas que giran alrededor de las tres palabras del título, este compilado recuerda, por un lado, al mejor de los subproductos emanados de The Matrix (Lana & Lilly Wachowski, 1999): la serie de cortos The Animatrix (2003) que resultó ser exponencialmente más interesante que las secuelas a la película original. Por otro lado, el tono distópico de prácticamente todos los títulos recuerda a la clásica revista Heavy Metal, donde era común ver historias cyberpunk que iban desde lo fantástico hasta lo lúgubre, siempre con tintes eróticos.

Sería ocioso listar la temática de los diversos cortos de Death, Love & Robots, pero lo que destaca en todos ellos son mundos colapsados, en guerra, donde la relación hombre-tecnología va desde la simbiosis absoluta, la inevitable sumisión, el fin de la sociedad como la conocemos y hasta el simple cariño por una máquina que se convierte en parte importante de nuestra vida.

El tono lúgubre de la mayoría de los cortos recuerda (y rivaliza en calidad) con las historias de otra serie de distopías digitales, Black Mirror, cuyo recurso de infundir un temor constante frente a las posibilidades de la tecnología aderezado incluso con ciertas lecciones de moral hace que cada nueva temporada de aquella serie resulte menos efectiva.

En cambio Death, Love & Robots exuda libertad por todos sus poros. No parece que ninguno de sus creadores hayan tenido restricciones respecto a tema, violencia explícita e inclusive el poder mostrar desnudos y escenas sexuales. Ninguno de estos tópicos es el centro en ninguna de las historias, pero tampoco hay falso puritanismo ni pudor alguno. Incluso en la distopía los humanos fornican, incluso en el marasmo digital de los ceros y unos hay robots que trabajan como strippers.

Pero lo que más sorprende es la capacidad de estos directores en condensar tanta emoción, suspenso, drama y en general buen cine, en tan pocos minutos. Caso concreto, el corto llamado Suits, una secuencia de acción donde una especie de granjeros espaciales tiene que combatir mediante enormes trajes tipo mecha una peste alienígena del espacio exterior. Su director, Franck Balson, logra en escasos 17 minutos ser más emocionante, épico y divertido que 10 años de MCU (y los que lleve el DCU).

Como es usual en este tipo de ejercicios, unos cortos son mejores que otros, pero en general, la media está muy alta, no sólo por la calidad de la animación (que varía desde secuencias hechas en computadora que recuerdan a los cinematics de los mejores videojuegos de hoy día, hasta el simple trazo a lápiz e incluso la mezcla entre acción real y animación) sino por lo efectivo de sus historias.

Con Death, Love & Robots Netflix muestra su mejor rostro, aquel que está dispuesto a dar ventana a contenidos que de otra forma sería virtualmente imposibles de ver, y lo hace además en un plano de libertad creativa envidiable. Algunas críticas apuntan contra la violencia extrema y la desnudez que califican como gratuita, allá ellos y su puritanismo en pleno 2019, por lo pronto es de celebrar que Netflix apueste por contenidos más arriesgados y enfocados para adultos.

Éste es el tipo de cosas por las cuales uno paga Netflix mensualmente sin chistar (incluso con alza de precios). Death, Love & Robots ya está en mi lista de lo mejor del año.
 

Twitter: @elsalonrojo
Alejandro Alemán
Crítico de cine con 9 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como 24 Horas, Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, Cambio, entre otros.