El turno de César Moheno

Adriana Malvido

Uno de los temas urgentes en el ámbito de la cultura tiene que ver con la economía y la precariedad en la vida laboral, no sólo de creadores y artistas sino de investigadores, académicos y gestores. Las plazas fijas, el seguro social, el derecho a una jubilación, aguinaldo, vacaciones, salario seguro y todas esas condiciones que garantizaban una vida al menos digna, parecen formar parte de un pasado que dejó su lugar al outsourcing, al pago por honorarios y al freelance, al “no hay presupuesto”, “el recurso no llegó”, “les pedimos paciencia” y a la idea de que el amor al arte y a la cultura bastan para sacrificarse por una noble y heroica tarea en un sector que no se salva de la corrupción y de la inseguridad.

Después de Alejandra Frausto y de Raúl Padilla, el viernes pasado tocó su turno a César Moheno, historiador con gran experiencia no sólo en el sector público sino en la tarea académica e intelectual y vicecoordinador de Cultura de José Antonio Meade. En su diálogo con el GRECU (Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM) expuso su proyecto, los ejes estratégicos y las directrices de la coalición “Todos por México” para Cultura: innovación, calidad, eficiencia y rendición de cuentas. Pero también escuchó la crítica en torno a la precarización en la vida de los trabajadores, la reducción de 50% al presupuesto para cultura en los últimos seis años durante la gestión de Meade como secretario de Hacienda, las irregularidades en los pagos a colaboradores de museos e instituciones culturales sujetos al artículo 3000, el Estado como gran competidor de la industria editorial, la disparidad del “pago en especie” exclusiva de los artistas plásticos … Y muchos asuntos más.

Se comentaron ejemplos inverosímiles, como aquel de que muchos maestros en escuelas públicas no se atreven a desempacar los Libros del Rincón porque si se dañan ellos deben pagarlos o que los campesinos contemplados para el programa de Empleo Temporal en zonas arqueológicas no pueden contratarse porque los recursos de la SHCP tardan tanto que cuando llegan, ellos ya tienen que volver al campo. Otro: el INAH recibe más de 450 millones de pesos al año por visitas al patrimonio que van directo a la Tesorería. Y si antes había un convenio con Hacienda para que esos fondos se invirtieran en proyectos de investigación y conservación, hoy se destinan a pagar las deudas con los trabajadores. El último año, la institución cerró con un déficit de 950 millones de pesos.

El historiador coincidió en la necesidad de una Política Fiscal para la Cultura. Expuso asuntos que deben cambiar. Dio ejemplos: del presupuesto para las 7 mil y tantas bibliotecas públicas a las que, dijo, urge modernizar, sólo tres en la CDMX se llevan 80% de los recursos. El sistema de “etiquetados” en las últimas tres legislaturas se convirtió en una “bolsa del agandalle” y “el moche”, por lo que propuso el trato directo de la Secretaría de Cultura con las comunidades creativas de los estados; si bien el modelo del Eficine ha funcionado, el problema es “el coyotaje” de intermediarios que ofrecen armar las carpetas a los cineastas a cambio de un porcentaje en caso de ganar algún apoyo… Moheno dialogó cordialmente durante dos horas y media. Había leído el libro ¡Es la Reforma Cultural, Presidente! y conoce a los autores. Defendió la creación de la SC como un “éxito” al que hay que darle tiempo para consolidarse y a Meade, porque también era titular de la SHCP cuando el sector alcanzó su máximo presupuesto.

El músico Horacio Franco puso el dedo en la llaga. Sí, dijo, “Meade es de primera”, pero “¿cómo van a afrontar el desprestigio que les han dejado?”.

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