El elegante mercadito de la colonia Roma

Mochilazo en el tiempo

Durante varias décadas, el Pasaje Comercial El Parián fue un mercado tradicional mexicano, sobresaliendo por la originalidad de su edificio. Hoy es sede de lujosas tiendas de la colonia Roma.

Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez.

Fotografía actual: Ruth Gómez.

Diseño web: Miguel Ángel Garnica.

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No es mentira que las calles de la colonia Roma encierran grandes tesoros arquitectónicos. Algunas de sus plazas, jardines, fuentes, camellones o casonas han sido acompañantes de la historia de la ciudad desde principios del siglo pasado, sobreviviendo a un sinfín de cambios en pro del desarrollo de la urbe.

Una de sus avenidas más longevas y quizás, la de mayor popularidad, es Álvaro Obregón, que en los inicios de la colonia solía llamarse Jalisco. Sobre ella se extienden, de punta a punta, una gran variedad de comercios y restaurantes que satisfacen las necesidades comerciales o sociales de quienes la visitan.

Entre aquellos que llaman la atención -por la originalidad de su estilo arquitectónico- es el que está ubicado en el número 130, el Pasaje Comercial El Parián. Para conocer sobre su origen, nos acercamos al investigador Rodrigo Hidalgo quien en entrevista telefónica nos dijo que “este peculiar edificio de estilo ecléctico [que tiene elementos de varios estilos] data de la primera mitad del siglo pasado. Originalmente fue el mercado de la zona y dentro se podían encontrar diversos puestos de comida, dulces y flores”.

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En su publicación del 21 de abril de 1932, EL UNIVERSAL ILUSTRADO publicaba anuncios de los locales que vendían sus productos dentro del Mercado El Parián.

Asimismo, nos comentó que la fachada norte - aquella que está sobre Álvaro Obregón- es la más elaborada, ya que destaca el mascarón con cuernos sobre la puerta, y más arriba, una cartela donde se lee “Pasaje Comercial”.

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Para la Real Academia de la Lengua Española, un mascarón es una “cara disforme o fantástica que se usa como adorno en ciertas obras de arquitectura”. En el caso particular de “El Parián”, este ornamento tiene una cara sonriente con lo que parecieran dos cuernos en la cabeza rodeado de detalles florales.

Sobresalen sus ventanas dobles del segundo piso que están rematadas por “arcos conopiales -que terminan en punta- en los que se aprecian cuatro escudos de armas sostenidos por querubines y grifos”. El último nivel tiene dos torres almenadas, como los que tienen las fortalezas o los castillos medievales, “cada uno con su respectiva terraza”.

“El elegante mercadito el Parián”
 
 

En 1932 EL UNIVERSAL ILUSTRADO publicó un breve reportaje del Pasaje Comercial El Parián. Se describe al edificio que abarca hasta el día de hoy, de Álvaro Obregón a la calle Chihuahua, se lee que se convirtió “en un gran centro comercial con todas las exigencias modernas que resuelve el problema de vida de muchas familias”.

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Reportaje del Mercado El Parián en EL UNIVERSAL ILUSTRADO. 1932

Era propiedad de un señor llamado Manuel Echeverría, que se planteó cómo hacer del espacio un lugar comercial y, al mismo tiempo, poder otorgar un beneficio a todos sus locatarios. Para lograrlo, el señor Manuel invirtió su capital para convertir esta pequeña privada, en un mercado.

En un ejercicio que en esta época sería prácticamente imposible, el dueño entregó a los comerciantes un espacio de dos plantas donde pudieran vender productos -los típicos de un mercado: carnicería, verdulería, etc.- y también pudieran vivir, sin pagar renta. Aunado a esto, el señor Echeverría les planteó que vendieran los productos a un precio un poco más bajo que los mercados vecinos y que procuraran que fueran de la mejor calidad.

Por ello, el texto del ILUSTRADO aseguraba que “cuando las damas de la Colonia Roma necesitan algo, lo encuentran en el Parián que es un orgullo para esta colonia y una consagración de su propietario, cuyo nombre va escrito con sangre agradecida en el corazón de todos los que han encontrado en el Parián la gran solución a su vida.”

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Interior de El Parián en 1932 publicada en EL UNIVERSAL ILUSTRADO y la otra imagen actual. La imagen actual fue tomada un miércoles a medio día, como se puede observar los locales comerciales están cerrados.

Si bien hoy, el pasaje sigue siendo “elegante”, ya no es un mercado como tal. Como su nombre lo dice, es un Pasaje Comercial donde se encuentran tiendas de ropa, diseño mexicano, comida, vino, un laboratorio médico y cuatro restaurantes al costado de sus entradas.

EL UNIVERSAL recorrió el pasaje y fuimos testigos que, al menos un día entre semana el panorama es desértico -sólo los restaurantes de las entradas tienen clientes-. Algunos de los locales estaban cerrados y eran pocos los que permitían el paso a la segunda planta.

Nos acercamos a una locataria quien comentó que sobre la historia del edificio se sabe muy poco: “aquí sólo sabemos lo que se dice de boca en boca. Hace varios años me explicaron que, según, aquí era como un canal donde vendían cosas, pero quién sabe. Lo que sí me consta y eso porque me lo contó un señor que vino a platicar conmigo es que aquí antes era un mercado y una tipo vecindad”.

Amable nos dijo que según lo que le había explicado su antiguo visitante, era que al principio el mercado había funcionado de maravilla; sin embargo, el uso y el ambiente de delincuencia que empezó a dominar en la colonia Roma lo hizo decaer y por ende, desaparecer.

Después del terremoto de 1985 y el proyecto de “recuperar” a la colonia, el edificio del Parián fue remodelado y actualmente se desconoce si la familia de Manuel Echeverría sigue siendo la propietaria, ya que los locatarios se refieren como dueños a “la inmobiliaria” -cuyo nombre no quisieron compartir-.

Cuestionamos a algunos sobre el por qué vendían sobre el pasaje, las respuestas fueron diversas ya que algunos nos dijeron que era un sitio “muy bello y tranquilo” para trabajar, otros porque es una de las colonias más importantes de la ciudad “aquí pasa de todo y viene muchísima gente, creo que a todos nos conviene estar en La Roma”, mientras que otros admitieron que, por un local con dos plantas, la renta sigue siendo muy accesible.

“A pesar de que entre semana este súper flojo, los fines de semana nos va muy bien. Yo sí he considerado el cambiarme pero en la ciudad ya todo está muy caro, por el espacio que tengo aquí en otras colonias me cobran más del doble. Creo que todos nos hemos aclientado y tomamos aquí como un centro de distribución porque si dependiéramos de las ventas diarias, sí nos iría mal”, dijo nuestra primera entrevistada.

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Fachada sur del pasaje Comercial El Parián en los años setenta. Archivo Fotográfico EL UNIVERSAL.

En la fachada sur, aquella que da a la calle de Chihuahua, en los locales que la fotografía de los años 70 donde se observan una carnicería, un puesto de verduras con nombre “La Michoacana”, una tienda de nombre “Esthe” y la frutería “El Gavilán” actualmente existen dos restaurantes.

Sin embargo, es justo en la calle de Chihuahua donde se pueden encontrar vestigios del barrio familiar y “tradicional” que alguna vez fue la colonia Roma, enfrente de El Parián se sostienen “tienditas de la esquina”, donde un pan dulce cuesta 10 pesos y alcanza para dos o tres personas mientras que en el café de al lado una pieza pequeña vale entre 15 y 30 pesos.

También encontramos una tortillería, una barbería, una pequeña tienda de regalos y una miscelánea donde los habitantes pueden encontrar verduras, frutas, helados, etc.; quienes reconocen que la colonia sí se ha encarecido, que sí han sufrido los costos de la plusvalía -servicios y rentas se elevan constantemente-, pero que a pesar de todo la colonia sigue siendo su hogar. Claro que de nada sirve la nostalgia, sobre esa misma vía se reúnen personajes de la red de “franeleros” que se adueñan de las calles de la colonia, cobrando el derecho del citadino para estacionarse a más de 40 pesos.

Finalizando su entrevista, Rodrigo Hidalgo nos compartió que Carlos Fuentes dentro de su novela “Los años con Laura Díaz”, publicada en 1999, hizo referencia a este lugar llamándolo “una selva en miniatura”. Dicha idea podría seguir vigente si se contempla al edificio desde el camellón de Álvaro Obregón, donde se observa su entrada custodiada por dos árboles y, a diferencia de una selva real donde se escucha la mezcla de sonidos de los animales, aquí impera el sonido proveniente de los habitantes de una capital que se transportan de un lado a otro, para divertirse o salir a trabajar.

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Vista exterior actual del Pasaje El Parián sobre avenida Álvaro Obregón.

Nuestra foto principal corresponde a la fachada de El Parián, sobre la Avenida Álvaro Obregón, en 1932. Archivo: EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

La foto comparativa antigua es la fachada de El Parián en 1932 en su parte posterior, sobre la calle de Chihuahua. EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Fotografías antiguas: Archivo fotográfico y hemerográfico EL UNIVERSAL.

Fuentes: Rodrigo Hidalgo y EL UNIVERSAL ILUSTRADO 21 abril 1932.

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