Las mujeres representan menos de un tercio de los investigadores a escala mundial, de acuerdo con información de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Ciencia (UNESCO). Por eso, este año, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se conmemora cada 11 de febrero, se enfoca en las recomendaciones de buenas prácticas para construir ecosistemas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas más inclusivos.
Mongabay Latam habló con tres científicas latinoamericanas sobre los obstáculos que enfrentaron durante su formación y a lo largo de su ejercicio profesional, sus motivaciones y mayores logros.
Graziella Bozzano, geóloga marina italiana radicada en Argentina, contó algunas de las emocionantes experiencias que ha vivido en las más de 20 expediciones marinas que ha realizado en Europa y Latinoamérica. Aunque siente que en general no vivió momentos duros que frenaran su carrera científica, el sexismo no faltó.

Para hacer la ciencia más inclusiva, Bozzano recomienda que las niñas tengan modelos a seguir más allá de lo relacionado a la belleza o el rol materno. “Que las niñas entiendan que hay otras formas de vivir la vida como mujer de forma muy plena”, invita. Además, desmitificar que las mujeres no sean buenas en las ciencias “es una cuestión de estímulos tempranos”, puntualiza. Por eso, aconseja algo que le acompañó en su niñez: regalarles libros y herramientas tecnológicas y científicas.
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Vicky Flechas, herpetóloga colombiana, sí ha tenido experiencias negativas con repercusiones en su vida laboral. En entrevistas laborales, ha visto que las oportunidades se han cerrado cuando los entrevistadores supieron de su maternidad. Propone la adopción de políticas que eviten la discriminación por género.
Específicamente, espera que pronto se deje de indagar sobre aspectos familiares que no están relacionados con la posición laboral, algo que usualmente no les sucede a los hombres.
Rosa Vásquez, bióloga molecular peruana, anima a las mujeres y a las niñas a cumplir sus sueños sin dejar su feminidad de lado, algo que se exigió mucho a las profesionales en décadas pasadas. “Las perspectivas artísticas y femeninas pueden sumar. Corremos el riesgo de perder si no integramos esas voces”, opina.
Cree que haber sido bailarina profesional durante su niñez le ayudó a ganar confianza para hablar ante audiencias grandes, pero también a tener creatividad a la hora de aplicar sus conocimientos científicos. “No se avergüencen de su feminidad”, aconseja.
Estas son las historias de tres científicas latinoamericanas destacadas:
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Graziella Bozzano nunca imaginó que terminaría explorando el fondo marino. De niña, soñaba con ser vulcanóloga mientras recorría las montañas de su natal Génova, en Italia, y los nevados de los Alpes. “Siempre hacía muchas preguntas sobre los eventos extremos, los terremotos, las erupciones volcánicas”, recuerda. Tanto que a sus diez años sus padres le regalaron una enciclopedia de ciencia. “Estaban hartos de mis preguntas”, dice entre risas.
Mientras cursaba la carrera de geología, cerraron la clase de vulcanología. Una beca para hacer una estancia en Barcelona, España, cambió su destino. Allí se unió al Grupo de Geología Marina del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y participó en su primera campaña oceanográfica en el Mediterráneo y a bordo del buque Hespérides. “Me quedé totalmente enamorada de la geología marina”, afirma.
Aunque asegura que no fue algo común, recuerda que al inicio de su carrera recibió un comentario sexista por parte del docente de geología regional. "Vos que sos mujer, vamos a hablar de los residuos”, aunque hablaba de algo técnico, lo dijo en referencia al estereotipo de que las mujeres se encargan de las tareas de limpieza en el hogar.
Años después de especializarse, se radicó en Argentina, donde ocupa un cargo como geóloga en el Servicio de Hidrología Naval. En 2025, Bozzano participó en dos expediciones a bordo del Falkor (too), el buque de investigaciones científicas marinas del Schmidt Ocean Institute. En la primera, realizada en agosto, fue la única geóloga entre un equipo de biólogos que exploraron el cañón Mar del Plata, en Argentina. “Me sentí con mucha responsabilidad, quería ver si podía estar a la altura”, dice.
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La campaña científica se volvió viral en la región. A pesar de que creía que los internautas que se conectaban a las transmisiones en vivo estaban más interesados en la fauna submarina, los comentarios le dejaron ver que no era así. Los seguidores de la expedición preguntaban sobre los cañones, esas misteriosas y enormes pendientes que aparecían en los videos.
“Finalmente hablé y los chicos [sus colegas] hacían fotos de los comentarios donde la gente me agradecía”, relata todavía con emoción. Poco a poco fue ganando confianza para explicar las formaciones geológicas de la zona. Recuerda especialmente un comentario que dejaron en el chat de la transmisión: “No sabía que me gustaba tanto la geología marina”.
En octubre colideró junto a otras tres científicas la expedición Ecos de dos Cañones. En esta ocasión colaboró en la planificación de las inmersiones del ROV Subastian, el vehículo de operación remota que toma imágenes y muestras del fondo marino. También estuvo a cargo de analizar aspectos técnicos para elegir los lugares de inmersión y obtener resultados. “Fue desafiante desde un punto de vista científico y personal, estaba 24 horas sin dormir”, cuenta.
Tras las expediciones, no acabó el trabajo. Ahora está en la fase de analizar las rocas y el sedimento recuperados en la primera campaña. El objetivo es conocer qué tipo de sustrato prefieren los organismos bentónicos. Además, en la campaña de octubre obtuvieron información batimétrica (profundidad oceánica) de la plataforma continental y del talud que ahora se está analizando para conocer mejor la morfología del fondo marino.
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Vicky Flechas quería ser veterinaria y trabajar con animales grandes. Sin embargo, durante su época universitaria llegó a la biología y terminó fascinada con los anfibios. “Las ranas son organismos increíbles”, dice. El género Atelopus, por ejemplo, es conocido como el de las ranas arlequín por sus llamativos colores. Actualmente trabaja en el Plan de Acción que busca evitar la extinción de las 99 especies de arlequín descritas.
El mayor reto de estudiar biología tuvo que ver con la época de conflicto interno en Colombia. A veces sola y en otras ocasiones con alguna compañera, tenía que viajar a zonas conflictivas para realizar trabajo de campo. “Íbamos a sitios donde no había nadie, éramos dos mujeres solas en una casa con sus hamacas, eso me aterraba”, confiesa. “Salir a campo a buscar ranas también implicaba estar de noche a solas”, relata.
Durante su formación, la mayoría de docentes eran hombres y había pocas mujeres referentes en herpetología. Eso está cambiando, asegura. Además, a medida que se especializó, se fue vinculando con más investigadoras.
Tras graduarse, al aplicar a trabajos los entrevistadores hacían preguntas que está segura que sus compañeros nunca recibieron. “¿Tienes hijos? Si vas al campo, ¿con quién se van a quedar?”, recuerda que indagaban. En una ocasión, se presentó a una entrevista mientras estaba embarazada. “Estoy segura de que no conseguí el trabajo por eso”, dice.
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Durante su especialización se consolidó como referente en la investigación del hongo Batrachochytrium dendrobatidis que ha causado un descenso significativo de las poblaciones de anfibios en Latinoamérica. Tuvo que buscar becas y apoyo financiero en el extranjero para continuar con sus estudios, que buscan encontrar soluciones para evitar la desaparición de anfibios por la enfermedad provocada por el hongo.
Las preguntas que hacían sus hijos sobre cuestiones científicas la motivaron a cofundar Bichos.team y El Microscopio Podcast, espacios dedicados a incentivar el amor por la ciencia en la infancia. En los talleres de Bichos.team, los pequeños se transforman en investigadores al explorar jardines y aprender sobre la clasificación de los seres vivos. También se vuelven científicos cuando experimentan y observan cómo el calcio puede endurecer una sustancia gelatinosa.
Considera que uno de sus mayores triunfos ha sido construir una red de mujeres herpetólogas. “Siempre que tengo un proyecto, trato de involucrar a otra mujer”, dice. Recientemente, junto a sus colegas mujeres, escribieron un capítulo sobre enfermedades infecciosas de los anfibios en la región andina, incluido en el libro Herpetofauna Andina, publicado por la editorial científica Springer Nature. En este contexto, donde la disparidad todavía se siente, aconseja que las mujeres sigan apoyándose y formando comunidades.
Rosa Vásquez creció en Lima, pero todos los años viajaba a las montañas andinas y a la selva peruana para visitar a sus familiares. Los recuerdos más alegres de su infancia están ahí, en medio de la naturaleza y escuchando a su abuela, quien le enseñó sobre plantas medicinales. La científica peruana publicó a mediados de 2025 el libro The Spirit of the Rainforest, en el que muestra cómo la sabiduría indígena y la curiosidad científica conectan con el mundo natural.
Cuando decidió que quería dedicarse a las ciencias, se dio cuenta que el idioma sería una barrera. “Desde muy chica noté que mucha de la información solo estaba disponible en ingles, en esa época no había traducción automática”, recuerda. Así que se propuso aprender inglés y a los 18 años se mudó a Estados Unidos para estudiar biología molecular.
“El hecho de ser minoría es un reto”, dice, pero no solo por ser mujer latina, sino también por su ascendencia indígena. “La ciencia actual está basada en el conocimiento occidental y no hay necesariamente una puerta abierta para otros tipos de conocimientos”, añade. Sin embargo, las científicas que encontró en el camino la inspiraron. “Ver que traían su feminidad a la ciencia me inspiraba, era saber que no tengo que cubrir mi feminidad para ser tomada con respeto”, señala.
Después de especializarse en el extranjero, en 2021 fundó Amazon Research International. Su objetivo era hacer ciencia con la sabiduría ancestral en el centro y con oportunidades para jóvenes, mujeres y hombres de las comunidades. “Quería retribuir, sé del talento que nace acá”, afirma.
El conocimiento indígena, por ejemplo, ha sido clave para levantar información sobre biodiversidad. Los habitantes amazónicos conocen la selva y las señales que dejan las esquivas especies de animales que la habitan. Esto permitió que, aunque tenían pocas cámaras trampa, en una investigación con indígenas asháninka identificaran en poco tiempo especies como el tapir, el puma, el oso andino y el huidizo armadillo gigante.
Uno de los focos de la organización es la investigación de las abejas sin aguijón. Esta especie es clave para la polinización y conservación del bosque amazónico. La organización liderada por Vásquez logró recientemente que sea reconocida como sujeto de derechos.
La presencia de Vásquez en los territorios indígenas asháninkas, kukamas o shipibos tiene un impacto inesperado. Las niñas y las mujeres la observan con curiosidad, se acercan, le hacen preguntas. “Eso de seguro les hace pensar: 'Si ella puede, yo también puedo'”, reflexiona.
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