La mayor frecuencia e intensidad de las lluvias, huracanes e inundaciones en México está elevando de manera significativa el costo de los siniestros para hogares, comercios y empresas.

Durante el último año, la siniestralidad asociada a fenómenos hidrometeorológicos registró un incremento superior al 70%, reflejando una creciente exposición de la población y del sector productivo a este tipo de riesgos, de acuerdo con un análisis de Grupo Interesse.

Datos de la (AMIS) muestran que durante 2025 las aseguradoras pagaron más de 11 mil 300 millones de pesos por daños ocasionados por fenómenos hidrometeorológicos. Además, en la última década, los huracanes concentraron cerca del 73% de las indemnizaciones relacionadas con estos eventos.

El aumento de los daños no se limita a las regiones costeras. Ciudades como Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara enfrentan con mayor frecuencia lluvias extraordinarias, inundaciones repentinas y vientos intensos que provocan afectaciones materiales, interrupciones operativas y pérdidas económicas tanto para familias como para negocios.

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Especialistas atribuyen esta tendencia a diversos factores, entre ellos el crecimiento acelerado de las zonas urbanas, la presión sobre la infraestructura de drenaje y los efectos cada vez más visibles del cambio climático. Esta combinación ha incrementado la vulnerabilidad de viviendas, inmuebles comerciales y centros de trabajo, elevando la recurrencia y el costo de los siniestros.

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“Los riesgos climáticos dejaron de ser eventos aislados para convertirse en una variable permanente que las empresas deben incorporar en sus estrategias de continuidad y protección patrimonial. En un entorno donde los eventos hidrometeorológicos son cada vez más frecuentes y costosos, fortalecer la cultura de prevención será clave para reducir la vulnerabilidad económica de las organizaciones”, señaló Verenice Mecalco, socia directora de Daños Tradicional de la firma especializada en seguros.

La firma destacó que los seguros se han convertido en una herramienta relevante para mitigar el impacto financiero de estos eventos, al permitir una recuperación más rápida tras un siniestro y reducir las afectaciones derivadas de la interrupción de actividades productivas.

De acuerdo con la directiva, las consecuencias económicas de los fenómenos meteorológicos suelen extenderse más allá de los daños visibles a la infraestructura. La pérdida de inventarios, la suspensión temporal de operaciones, los retrasos en las cadenas de suministro y las afectaciones a clientes y colaboradores representan costos adicionales para las empresas.

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“Muchas veces el impacto económico más importante no proviene únicamente de los daños visibles, sino de las consecuencias que generan en la operación de las empresas: pérdida de inventarios, suspensión de actividades, retrasos en las cadenas de suministro y afectaciones a clientes y colaboradores. Por ello, la protección debe entenderse desde una visión integral”, agregó Mecalco.

Ante el incremento de los riesgos climáticos, especialistas señalan que fortalecer las estrategias de prevención y protección patrimonial será un elemento cada vez más relevante para reducir las pérdidas económicas asociadas a fenómenos hidrometeorológicos.

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mcc

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