La transformación del mundo laboral en América del Norte exige, hoy más que nunca, una revisión profunda de sus cimientos, apunto Alejandro Martínez Araiza, secretario general del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC).
Señaló que el principal reto no radica únicamente en la competitividad económica, sino en la incapacidad histórica de garantizar condiciones laborales dignas para millones de trabajadores en México, Estados Unidos y Canadá.
A pesar de la implementación de la reforma laboral de 2019 en México, el líder sindical advierte que los cambios estructurales han sido limitados.

"El nuevo marco legal no ha logrado modificar de fondo las dinámicas que durante décadas han favorecido esquemas de simulación y precarización laboral y muchas de las deficiencias del sistema han quedado aún más expuestas”, reiteró.
El dirigente subrayó que el debate público ha omitido un elemento esencial que obedece a la centralidad del trabajador en la integración económica regional.
"Mientras las discusiones se concentran en aspectos comerciales o geopolíticos, las condiciones laborales continúan relegadas a un segundo plano; de ahí que, no puede existir un comercio sólido sin salarios dignos”, puntualizó.
El secretario general del SNAC consideró que el modelo que posicionó a México como proveedor de mano de obra barata ha llegado a su límite.
"La persistencia de bajos salarios y condiciones laborales deficientes no solo limita el desarrollo interno, sino que también genera desequilibrios en toda la región, razón por la cual, la fortaleza económica de Norteamérica depende de una base laboral más equitativa”, dijo.
También el líder sindical destacó que el contexto político reciente, particularmente tras los cambios impulsados durante la administración de Donald J. Trump, marcó un punto de inflexión en la relación comercial entre los países que forma el T-MEC.
“Con ese nuevo escenario resulta imperativo replantear las reglas del juego bajo principios de corresponsabilidad laboral”, añadió. "La defensa de los derechos laborales debe ser una prioridad compartida entre gobiernos, empresas y sindicatos”
“La implementación de jornadas más justas, como la discusión en torno a la reducción a 40 horas semanales, representa una oportunidad clave para demostrar un compromiso real con los trabajadores”.
El dirigente sostuvo que el futuro de la región dependerá de la capacidad de construir un modelo que coloque al trabajador en el centro, por lo que, solo a través de salarios justos, condiciones dignas y sindicatos auténticos será posible consolidar una Norteamérica más fuerte, competitiva y, sobre todo, más justa.
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