El otro día en mi clase de alemán hice un examen para ver si sí había aprendido suficiente en el nivel A1. No era oficial sino de simulación, pero venía fotocopiado de un libro “de verdad”. Un libro-libro, publicado en esta década, supongo que revisado por muuuucha gente.

En la sección de redacción de la prueba te planteaban una situación acerca de la cual debías escribir un mail: un amigo te visitaría y tú tenías que decirle que no podías recogerlo en la estación, pero que se fuera a tu depa, tons había que darle instrucciones para llegar. Hasta ahí todo bien, du nimmst el Metro porque el taxi sale muy teuer y luego te quieren ver toditita la Gesicht; chido, toll, va. Pero al cuate imaginario también había que avisarle, redoble de tambores, que tu mujer (o novia) estaría en tu casa.

El texto se tomaba la molestia de poner un paréntesis porque qué tal que no estás casado y todavía no tienes “mujer”, sino simplemente “novia”. Pero no de incluir otra posibilidad de pareja. ¿Les costaba mucho poner “Ihre Frau/Mann (Freundin/Freund)”? No. ¿Lo hicieron? Uf, no, pa qué, ya manda el libro así a imprenta, córrele.

(En mi respuesta escribí –con mil errores, pero la intención es lo que cuenta– algo así como: “Este examen sexista dice que en mi casa va a estar esperando mi mujer, porque sólo los hombres heterosexuales estudian alemán “.)

"Ay Plaqueta pero tú eres la que está discriminando y malpensando porque a lo mejor plantea la posibilidad de que seas lesbiana". Ay siiiiiiiiiiiiií güey. Todes sabemos que no es cierto.

Llevo toda una vida consumiendo textos donde usan el género masculino quesque de forma neutral, y a la hora de hablar de la pareja de ese “él” supuestamente indefinido, el 99% de las veces es una “ella” (fuente de la cifra: mis ovarios). A poco no. “No me dejarán mentir”. Estás leyendo un artículo en alguna revista o página de esas de “interés general”, dirigida “a todo público”, y te aparecen frases como “Este lugar es ideal para sorprender a la novia...”,  “Para que tu mujer no se enoje...” o “Convence a tu chica de...”. Lo mismo pasa con programas de tele y radio, podcasts, tuits y conversaciones en-la-vida-real. El otro día me pasó: una chica me dijo algo así como: “Sí, restaurantes románticos, ya sabes, para llevar a tu novia”. Cabe señalar que ella era bugabuguísima y sabía que yo era bugabuguísima.

A ver, paladines del género masculino omniabarcador, ¿por qué no usar también “él” o “ellos” para hablar de las parejas hipotéticas? ¿Por qué aquí sí se rompe la regla que la RAE y ustedes defienden con tanta pasión? ¿Por qué ahí no somos “pinches feminazis ridículas ahora sí ya exageraron”? ¿Eeeeeeeh?

NO WEY CÓMO QUE NOVIO NO SOY PUTO WEY.

Ya dejen ustedes lo heternormado. Que al "él" le querramos poner en automático a una "ella" como pareja es la prueba de cómo el lenguaje construye imágenes en nuestra cabeza, y si el lenguaje nada más es masculino, pues en el cinito mental aparece un machín (de tez clara, bugas, cisgénero, de entre 25 y 40 años, sin discapacidades y con una prenda con cuellito... a veces nuestro cerebro es deprimentemente parecido a Shutterstock) cuando hablamos de “una persona”.

La mente: peligrosamente similar a un banco de imágenes de los que usa el Selecciones.

“Piri is qui ya diji li Riil Iquidimii Ispiñili”.

Ahí está tu pinche Real Academia de Tobi:

“Ay Plaqueta, ¿pero cómo sabes que de esas 34 personas siete son mujeres y 27 hombres? ¿Sólo por su peinado y por su atuendo? ¿Cómo estás tan segura de su identidad sexogenérica? ¿Estás diciendo que todas las mujeres usan traje sastre y los hombres tacuche y corbata? #CONAPREEEEED”.

Hueves.

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Pilón:

Hay un antiguo acertijo que sólo funciona en inglés. Ahí les va:

A father and son are in a horrible car crash that kills the dad. The son is rushed to the hospital; just as he’s about to go under the knife, the surgeon says, “I can’t operate—that boy is my son!” Explain.

En 2012, Mikaela Wapman y Deborah Belle se lo aplicaron a estudiantes de la universidad de Boston. De los que no conocían el jueguito, al 86% no se les ocurrió la respuesta obvia: la persona que ejerce la medicina y que no puede operar al niño es... su mamá. OCHENTA Y SEIS POR CIENTO.

(Debo confesar que cuando lo leí por primera vez también me destanteó.)

Y eso que es en inglés, donde el género gramático no existe. Imagínense cómo está dañada nuestra mente hispanonormada.

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Pilón II:

Chequen la entrada de Wikipedia sobre la neutralidad de género en los idiomas en los que aplica: . Ahí me enteré de que en alemán tienen el mismo pedo de “Aaaay qué flojera decir chiquillos y chiquillas”, que han aplicado varias estrategias pero tampoco han logrado un consenso. Está muy interesante.

Yo, en español, sigo proponiendo el “chiquilles”, aunque suene al PERRE BERMÚDEEEEEEEZ.

VIVA LA NEUTRALIDAD DE GÉNEREEEEEE.

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