Disculpará usted amable lector que ahora escriba para contarles mis experiencias con la inseguridad en la Ciudad de México. Pero es que pareciera un problema que sólo afecta a unos pocos descuidados, a algunos tontos que no tienen precaución o a aquellos que tienen alguna especie de maldición.

Comenzando apenas el sexto mes del 2016, ya superé los robos de los que fui víctima el año pasado. En 2015 un policía preventivo intentó extorsionarme, tardaron poco más de 9 meses, pero finalmente lo cesaron de sus funciones. En el mismo año, abrieron el automóvil de mi hermana y me robaron una mochila con ropa de entrenamiento.

En lo que va de este año, ya he sido víctima de 4 robos. El primero, casi comenzando el año. Abordé un microbús que corre por Avenida Río Churubusco y pasa por un lado de la Ciudad Deportiva. Había unas 15 personas, cuando 2 hombres no mayores de 30 años subieron, pidieron que no nos pusiéramos “locos” y que no hiciéramos alguna “pendejada”, sacaron dos pistolas y pasaron lugar por lugar a arrebatar lo que veían y meterlo en una bolsa de plástico. Esa ocasión sólo me quitaron una gorra, una mochila con un par de libros y mi cartera.

La segunda fue en abril 2016, ocurrió en el Centro de la Ciudad de México, específicamente en la calle Del Carmen. Iba al museo de San Ildefonso cuando por lo menos 8 personas me rodearon, una señora metió la mano a mi pantalón, la tomé del brazo y en ese momento otra persona me golpeó en el hombro. Solté a la señora y desapareció entre la “bolita” (nombre que los del Ministerio Público le dan a esa forma de robar, y que por lo que dicen, es muy común en esa calle) llevándose mi celular.

En mayo de 2016, iba conduciendo mi moto hacia mi casa y dos hombres en otra moto deportiva se me cerraron mientras yo esperaba en un cruce a que el semáforo diera el verde. El tipo que iba de copiloto se bajó, sacó una pistola y me encañonó apuntándome al pecho y gritándome que me bajara y que le pusiera la pata a la moto. Después me apunto a la cara y me dijo que me alejara. Inmediatamente levanté denuncia por robo con violencia y unas horas después me informaron que ya habían asegurado la moto y tenían a un sospechoso. Según lo que me contaron los policías de investigación, el tipo que me encañonó iba conduciendo mi moto y se detuvo a cargar gasolina, cuando dos tipos en otra moto intentaron robarle la moto, pero se resistió y le dispararon por la espalda. Cabe señalar que las cámaras del C4 de Patriotismo y Nuevo León, en la colonia Escandón de la Ciudad de México, no pudieron captar nada porque según el informe, estaban apuntando en otra dirección. Y las cámaras de la gasolinera en donde balacearon al tipo que me robó la moto no servían, así que no hay más pruebas que puedan clarificar la versión de los policías de investigación.

El sábado 4 de junio, cuando salía de un concierto en la Carpa Astros, muy cerca al metro General Anaya, por lo menos 5 personas me rodearon y me sacaron del pantalón mi celular y cartera. “La clásica bolita” como gustan llamarle al hecho, los policías preventivos.

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Y pues no, no creo que sea mala suerte, ni que haya una consigna mística en mi contra. Creo que algo va mal con la seguridad de la Ciudad de México. Algo está mal con las instituciones encargadas de procurar justicia. Algo está mal con la burocracia que entorpece y victimiza. Algo está mal con la Cultura de la Legalidad que no ha podido arraigarse en las prácticas cotidianas de la ciudadanía.

Según el estudio anual sobre los delitos de alto impacto en 2015, elaborado por el Observatorio Nacional Ciudadano. La Ciudad de México presentó aumentos en 2015 en su tasa de homicidios dolosos de 14.28%, ubicándose en 20° lugar a nivel nacional, al igual que en los homicidios culposos donde la tasa creció 12.52% respecto a 2014, posicionándose en el lugar 22. En el resto de los delitos estudiados, registró disminuciones en sus tasas: la reducción de 11.09% de los secuestros colocó a la Ciudad de México en 16° lugar y la disminución de 0.09% de las extorsiones provocó que subiera del 6° al 5° lugar, puesto que su tasa de 7.22 Averiguaciones Previas por cada 100 mil habitantes fue 73.06% mayor que la nacional. Por otra parte, pese a la reducción de los robos con violencia de 8.84%, subió un peldaño para situarse como la tercer entidad con mayor incidencia de este delito, 96.57% por arriba de la tasa nacional; mientras que la baja de los robos de vehículos de 18.78%, provocó que pasara de la 6° a la 9° posición en el ranking nacional.

Ni los números ayudan, ni mucho menos la sensación de inseguridad que golpea a personas que han padecido, de la misma manera que éste que escribe, agresiones que ponen en riesgo la vida, el patrimonio y la confianza.

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Aún quedan siete meses en este año. Se ve difícil, pero si hay algo, algún remedio de contención, protección o repulsión, quisiera conocerlo para no verme nuevamente en otra situación de inseguridad. No me queda más que pedirles, aunque las circunstancias parezcan muy adversas, que cumplamos con nuestra obligación de denunciar ante las instancias correspondientes. Sé del trago amargo que nos obligan a pasar cuando atentan contra nuestra seguridad o patrimonio, pero también sé que la denuncia es algo en lo que podemos contribuir para mejorar esta situación por la que atravesamos los que vivimos en la Ciudad de México.


Christian Eduardo Díaz Sosa
Investigador - ONC
@ChristianDazSos @ObsNalCiudadano

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