A eso sabe la unión. Confieso que lo había olvidado. Estamos tan acostumbrados a la polarización y al encono, a la lectura binaria de nuestra vida pública que de pronto escuchar en el estadio Azteca a más de 80,000 mexicanos cantar el Himno Nacional y corear el nombre del país -gritos que encontraron eco en millones de gargantas en los dos México, el que está adentro de nuestras fronteras y el que está en Estados Unidos- me recordó que hay otro camino posible.
¿Será mucho pedir que lo que vimos hoy derive en una modesta reconciliación? No lo digo con ánimo romántico. Juro que no. Más bien encuentro inspiración en los abrazos, el festejo, la cerveza compartida, la algarabía del gol y esos gritos con las tres sílabas del país.
¿Me equivoco si sugiero que de pronto nos hemos desacostumbrado a presumir lo que es ser mexicano? Con toda franqueza, yo creo que no lo he olvidado jamás, pero si alguna vez me queda duda, ya llevo en la memoria el llanto de mis tres hijos durante el Himno Nacional. Uno nació en México, pero creció en Estados Unidos y los otros dos nacieron en Los Ángeles, California. Hoy saludaron a la bandera y cantaron cada palabra del Himno. Yo lo hice cerrando los ojos y cuando los abrí los vi conmovidos.
Eso es ser mexicano.
Somos tanto.
Que no se nos olvide, aunque haya tantos que insisten en querer obligarnos a la amnesia.
@LeónKrauze

