AMLO, Trump, Bolsonaro: tres son multitud

Solange Márquez

Nacionalistas y conservadores, dos características que unen a los presidentes de las dos principales economías del continente americano: Jair Bolsonaro y Donald Trump, dos presidentes sui generis surgidos de procesos de polarización social y de decepción ciudadana, se reunieron el pasado martes.

Trump le abrió las puertas al recién llegado Bolsonaro en un ambiente de camaradería donde se habló de ampliar las relaciones comerciales y fortalecer la cooperación militar en la región. Jair Bolsonaro y Donald Trump tienen muchas cosas en común, desde su abierta oposición al aborto, al matrimonio y adopción homoparental hasta sus ideas políticas pasando por su abierta oposición a todo aquello que pueda oler a socialismo en la región. Por supuesto, Venezuela ha sido un punto de encuentro para ambos mandatarios y de desencuentro con México.

Desde el inicio de su mandato, en enero pasado, Bolsonaro ya aspiraba a que Brasil se convirtiera en el socio favorito de Estados Unidos y ha trabajado en aras de conseguirlo, aún a costa de dañar sus propias relaciones con China.

La enorme dificultad para México ha radicado en tratar de sostener una buena relación con un Presidente con el que se tienen pocas coincidencias en lo ideológico y lo político. En los meses que lleva la presente administración ha quedado claro la premisa planteada por el propio presidente desde el inicio de su mandato: no hay mejor política exterior que la política interior.

Los temas de discrepancia suelen tratarse por lo bajo, tratando de mantener una postura que en el largo plazo será insostenible, especialmente en el tema migratorio por los altos costos que está implicando para México haber adoptado el papel de tercer país seguro sin tener ningún acuerdo signado con nuestros vecinos.

El asunto de Venezuela es otro de los eslabones más débiles de la cadena en la relación con Washington. Una partida que, por cuestiones ideológicas, tiene ganada Brasil. Trump y Bolsonaro han operado activa y abiertamente en contra del régimen de Nicolás Maduro empujando por el cambio de gobierno mientras que México ha mantenido la postura de supuesta “no intervención” que, de facto, ha devenido en un apoyo tácito al régimen bolivariano.

Era marzo de 2018 cuando el aún presidente Enrique Peña Nieto recibía en Los Pinos al yerno de Donald Trump para tratar temas de migración, seguridad fronteriza y la negociación del todavía TLCAN. Congelados los planes de una visita de Peña Nieto a la Casa Blanca, la visita de Kushner era una forma de salvar las formas y los pocos acuerdos que aún pudiera conseguir el ya muy débil gobierno saliente.

Un año después la historia parece repetirse. Cumplidos ya 100 días de la nueva administración, la reunión entre AMLO y Trump parece no ser prioritaria. Casi al tiempo en que Trump y Bolsonaro regalaban a la prensa enormes sonrisas de complicidad, en México, el miércoles, en la casa de un empresario de Televisa, Andrés Manuel se reunía con Jared Kushner, yerno de Trump y su asesor para Política Exterior. De noche, lejos de Palacio Nacional, del círculo oficial y de la prensa, casi como si hubiera sido a escondidas.
La relación cordial Trump-AMLO poco puede compararse con el “romance” entre el primero y su homólogo brasileño.

 

Internacionalista

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