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Arquidiócesis reprueba asesinato de Gisela Mota

La editorial del semanario católico "Desde la Fe" hizo fuertes críticas sobre la corrupción y el "fracaso" por el restablecimiento de la paz en el país

Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL
Nación 10/01/2016 16:32 Ruth Rodríguez Actualizada 17:52
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La Arquidiócesis de México afirmó que en Morelos, la corrupción tiene nombres y apellidos. El Estado es trampolín político para aspiraciones presidenciales y la bajeza del oficio del gobierno estatal juega a desacreditar y amenazar a quienes pueden ser estorbo; la incapacidad política solapa al crimen organizado ante la desestructuración institucional, las fracturas entre alcaldes y la penetración del narcotráfico que lleva más de 70 políticos asesinados.

De acuerdo al semanario católico Desde la Fe, el asesinato de Gisela Mota Ocampo muestra la horrible condición del país y el fracaso de promesas por el restablecimiento de la paz y el orden que desde distintos niveles de gobierno se ofrecen a la ciudadanía, con cifras que en realidad contrastan con la gravísima descomposición.

A unas semanas de que llegue el Papa, la editorial del semanario de la Arquidiócesis de México, señala que Morelos está a merced del crimen organizado que opera de forma despiadada y ruin; “Estado fallido por los índices de pobreza y violencia, a pesar de los vacuos argumentos triunfalistas del gobierno, que alardea importantísimas inversiones que según fomentan el progreso y estabilidad”.

Las cifras de desarrollo humano del Coneval, recuerda, dicen que el 45% de los morelenses padecen pobreza, y la violencia es fustigante de la población, particularmente en contra de las mujeres, cuando en agosto pasado la Secretaría de Gobernación emitió alerta de género por los más de 630 feminicidios cometidos durante los últimos 15 años en distintos municipios.

Indica que la alcaldesa perredista quien, según testigos de su sacrificio, murió cruel y despiadadamente. Ante esta descomposición, la Iglesia Católica en Morelos encabezada por su Obispo, Ramón Castro Castro, ha denunciado la división, el miedo, la denostación y el imperio del crimen sobre el estado de derecho en la entidad.

 Él mismo sufre amenazas, como sucedió durante la convocatoria de la Marcha por la Paz en mayo de 2015. Durante la Misa de exequias de la desaparecida alcaldesa condenó la escalada de violencia, y advirtió que el Estado es presa del mal ante el fracaso de la estrategia de seguridad pública. En palabras de Monseñor Castro, “el primer pensamiento que viene al corazón es algo que nos invade: la indignación”.

Y así es, indignación por la incapacidad del gobierno ante la necedad y caprichos, convirtiendo a Morelos en feudo de avaricia, corrupción, desolación y muerte; indignación porque lo que suponía la alternancia democrática resultó cobijo de corruptelas, de contubernios con el crimen organizado, autoritarismo y prevaricación.

Indignación por el lucro de políticos sin oficio al mercar con el dolor del pueblo morelense para hacer de la tragedia el botín de nefastas e inicuas intenciones de poder; indignación por haber hecho de la entidad que fue cuna de la justicia social, un Estado fallido por el cinismo de políticos abyectos y mezquinos. Indignación por someter a Morelos a la cultura del descarte.

A unos días de la visita del Papa Francisco a México, la editorial afirma que es útil recordar sus palabras sobre la obligación de quienes sostienen la vocación política para que no triunfe la cultura de la muerte, y es la afirmación del cristianismo ante la dura y difícil situación que padecemos.

“Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis que abundan hoy… Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia adelante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común”,  para dejar de lado la indiferencia ante la ola de destrucción que parece no perturbar nuestras conciencias”, expone.

cfe

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