23 | MAR | 2019
Ilustración: DANIEL RAZO

Cabilderos. Fuerza invisible en San Lázaro

03/01/2017
03:50
Horacio Jiménez
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Eran desconocidos, hasta que en 2005 estuvieron bajo la lupa por sobornar a legisladores en favor de la industria del tabaco. Para EL UNIVERSAL describen los mitos y las realidades de su profesión

Hay un grupo de personas al interior de la Cámara de Diputados que muy pocas personas conocen. Son discretos, pero tienen fuerza, información, poder económico y, muchas veces, el respaldo de distintos sectores de la sociedad para cambiar o influir en las distintas reformas que los legisladores federales diariamente dictaminan: se trata de los cabilderos.

¿Qué es un cabildero? De acuerdo con el reglamento de la Cámara de Diputados, un cabildero es una persona ajena al Palacio Legislativo que representa a una persona física, organismo privado o social y realiza actividades de persuasión ante cualquier diputada, diputado, órgano o autoridad de la Cámara, en lo individual o en conjunto, con el objetivo de obtener una resolución o acuerdo favorable a los intereses propios o de terceros y por el cual obtenga un beneficio material o económico.

Hace una década nadie volteaba a ver a este grupo de personas ni se sabía que existían, eran personas completamente desconocidas, hasta que en el año 2005 un escándalo los colocó bajo los reflectores de los medios nacionales e internacionales.

El entonces diputado federal panista Miguel Ángel Toscano reveló que empresas tabacaleras buscaron sobornar a legisladores, a través de sus representantes (cabilderos), para que no aprobaran el aumento de 20% al precio de la cajetilla de cigarros, invitándoles viajes por Europa.

Esa fue la fecha en la que los cabilderos por fin tuvieron rostro y se conoció el verdadero poder de influencia que tenían al interior de la Cámara de Diputados.

Después de días de controversia y polémica, los entonces legisladores rechazaron haber recibido sobornos de las empresas productoras de tabaco y en el pleno se sepultó este impuesto que buscaba aumentar con 80 centavos cada cajetilla de cigarros; sin embargo, entre la sociedad quedó la duda de la compra de conciencias hacía los legisladores.

Este escándalo dentro del Poder Legislativo obligó a que al sector se le impusieran reglas para su operación al interior de la Cámara de Diputados y medidas para que fueran regulados con registro; además se les impuso la entrega de un informe trimestral sobre sus actividades en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

Unos años más tarde, en octubre de 2013, EL UNIVERSAL informó que la firma de auditores PricewaterhouseCoopers (PwC) ofrecía sus servicios de cabildeo en el Congreso de la Unión para, presuntamente, “tirar” o “modificar” artículos de la propuesta de reforma fiscal del presidente Enrique Peña Nieto que afectan directamente a empresas privadas.

De acuerdo con un documento, del cual EL UNIVERSAL tiene copia, por cada artículo que lograra modificar a petición de un tercero, la firma internacional cobraría presuntamente un millón de dólares más IVA.

Esto también modificó el reglamento interno de la Cámara Baja para restringir la labor de los cabilderos en San Lázaro y prohibir que los legisladores reciban dádivas —en especie o en efectivo— por parte de los negociadores en busca de influir en las decisiones legislativas.

El dictamen que fue aprobado por unanimidad con 457 votos y que también va contra el tráfico de influencias establece que ningún familiar de los diputados y de su personal de apoyo —hasta en cuarto grado— podrán realizar trabajo de cabildeo al interior del Palacio Legislativo de San Lázaro, esta regla incluye a sus padres, hijos, hermanos, abuelos, nietos, tíos y hasta primos.

Meter en cintura

Con estas modificaciones también se limitará a 20 personas el número de cabilderos acreditados en cada una de las comisiones legislativas. Además, cada persona moral sólo podrá registrar a dos integrantes de su institución para que lleven a cabo las “negociaciones” con los integrantes del órgano.

De acuerdo con el registro de cabilderos que existe actualmente en la Cámara de Diputados, emitido el 31 de octubre de 2012, la lista cuenta con más de 250 “negociadores”.

Antes solamente integraban en este registro de cabilderos a quienes desearan tener algún encuentro con los legisladores y no había restricciones para el número máximo de cabilderos por comisión.

La entonces diputada federal de Movimiento Ciudadano, Merilyn Gómez Pozos, proponente de las reformas, explicó que si bien es cierto que las actividades de los cabilderos tiene ventajas para la Cámara, como otorgar mejor información a los legisladores, acceso al conocimiento especializado y fortalecimiento de las vías de comunicación, “lamentablemente su regulación es insuficiente”.

Los legisladores rechazaron dos reservas del entonces vicecoordinador de Movimiento Ciudadano, Ricardo Mejía Berdeja, quien buscaba que cada cabildero registrado en San Lázaro al final de cada periodo tuviera que presentar un informe de gastos y actividades ejercidas en este tiempo; sin embargo, fue rechazado con el voto a favor del PRI y el Partido Verde.

Por el PAN, el diputado Rubén Camarillo Ortega mencionó que los cabilderos ocasionaron situaciones en las que diputados aceptaron viajes patrocinados por empresas a las que representaban, por lo que es necesario que la Cámara de Diputados avance en los temas de transparencia y rendición de cuentas, sobre todo ahora que se discute el paquete económico.

Satanizados

Nora Cariño Monsalvo tiene casi 20 años haciendo lobbying en la Cámara de Diputados, así como en otros sectores; pertenece a la Asociación Nacional de Profesionales del Cabildeo (Procab), organización que surgió en el año 2000 y que agrupa a más de 30 empresas dedicadas al lobbying y su principal objetivo es profesionalizar la profesión del cabildeo.

Cariño Monsalvo asegura que hacer una ley o influir en ella “no es tarea fácil”, porque cualquiera de estas modificaciones afecta o beneficia a un gran segmento de la población y, se supone, la normatividad no tendría por qué ser cambiada a cada momento.

Monsalvo explica que los cabilderos diariamente, minuto a minuto y hora tras hora, recorren los pasillos y oficinas de la Cámara de Diputados en busca de los diputados que sean importantes en la definición de leyes y con quienes sus propuestas puedan tener eco para poder incorporarlas a los dictámenes. Pero reconoce que no es una tarea fácil, debido a que en esta carrera, como en otras, existen errores, entre los que destacan los sobornos o el tráfico de influencias. Es por este motivo, asegura, que esta actividad se ha satanizado.

“Sí, la actividad está satanizada, sin duda. El cabildero es el profesional que promueve una causa, una causa con todos los derechos, pero como todo tiene el error humano, los vicios... ¿Qué es cabildeo? Es una negociación, no es cometer el delito de sobornar, de traficar con influencias; eso no es cabildeo. Un cabildero se tiene que preparar profesionalmente para poder llevar a cabo esa causa, para poder presentarla y vestirla como se requiere de un profesional, no es tan fácil e intervienen muchas materias”, afirma Cariño Monsalvo.

La experta detalla que para los cabilderos es muy importante el día a día, pues es necesario planear sus temas, su agenda, así como el diálogo que tendrán con los legisladores, ya que muchas veces solamente cuentan con un minuto para que los diputados o senadores los escuchen y si su mensaje no es efectivo en ese tiempo, lo más probable es que su estrategia haya fracasado.

“Un legislador no es todólogo, entenderán a veces de algunas materias, pero no a fondo. La población debe tener esa dinámica de poder incidir sobre todas estas resoluciones que va tomando el Congreso, porque en el Poder Legislativo no solamente se hacen leyes, se hace política pública, se hace discurso y también se hace política. Si se logra juntar a todas las voces y opiniones, entonces se va a tener una ley que sea aceptable”, describió.

No es una negociación

En el “face to face” con el legislador, Cariño Monsalvo rechaza que haya negociaciones, más bien, afirma, es la presentación de tu causa: “Tú debes llevar datos técnicos que la sustenten, así como materiales estadísticos que te ayuden a mostrar cómo es posible y, normalmente, también una propuesta específica para explicarles el porqué”.

Explicó que un cabildero no es aquella persona “que detiene las leyes”, porque no se trata de detener una ley, sino de incorporar la opinión de un sector que está siendo afectado.

“Sí, existe el mito de que a los cabilderos los contrata la gente rica y los empresarios, pero ellos también tienen derecho a opinar como la sociedad organizada. Un cabildero no sólo trabaja para una empresa, sino para un sindicato, o para la sociedad civil, trabaja para quien lo contrate. Tienen una causa justificada porque también es deber del cabildero establecer cuando alguien pide un imposible.

“En el face to face con el legislador, el cabildero tiene que comunicarle al funcionario sus razones y motivos de por qué no se debe aprobar una ley o por qué se le deben incorporar ciertas modificaciones al documento, ya que son leyes que afectan de manera directa la vida de muchas personas y sectores”, dice.

La especialista acepta que en los últimos años el legislador ha ido cambiando y tiene apertura para recibir a los cabilderos, debido a que si se toma una decisión equivocada en alguna ley, habrá cientos de amparos de las personas que son afectadas por ella.

Sobornos

“Regalar viajes, traficar con influencias, pasar algún regalo costoso, eso no es cabildeo porque tarde o temprano se caen los argumentos”, explica Monsalvo. Detalla que si un cabildero busca apoyar a algún sector o actor sin contar con una base justificada, “todo al final se va a caer porque los demás no la van a aceptar”. Además, dice, el nivel de transparencia en el que se encuentra la Cámara de Diputados actualmente te permite cada vez menos llevar a cabo ese tipo de acciones.

“No es un mito el tema de los sobornos a los legisladores. Siempre he reconocido que se da el caso, pero actualmente las penas son altísimas. Lo que hay que hacer es denunciar, el cabildeo no es sobornar.

“Puede haber un soborno a un legislador, pero no a 500. Al final del día se sabe. Puede ganar un voto o 20, decir: ‘Voy a dar 20 viajes’, pero no puede dar 500 viajes en primera clase a 500 legisladores; eso suponiendo que todos se prestarán. Simplemente no es posible”, dice.

Agrega que también hay que tomar en cuenta un elemento: el escrutinio gracias a la transparencia y las redes sociales vuelve el soborno algo imposible. “Tú como profesional del cabildeo tienes que desarrollar otras herramientas, no tienes que recurrir al delito, tienes que especializarte en el manejo jurídico y en el manejo de políticas públicas”, asegura.

Tiros de precisión

Cariño Monsalvo asegura que lo más importante con lo que cuenta un cabildero es su reputación, ya que si manejan información falsa o tratan de introducir una causa que sólo beneficia a un sector y no está bien sustentada, “los legisladores no te vuelven a recibir.

“Si tú le mientes a un legislador, no te vuelve a recibir. Si estás haciendo tratos obscuros, los legisladores se pasan la voz, no te reciben fácilmente. La reputación es importantísima, si tú construyes reputaciones como un negociador o una persona que solamente intercambia influencia, nadie te recibe; tienes que llevar argumentos muy pulidos y jurídicamente bien estudiados, si no, no te reciben. Es complicado ser cabildero”, dice.

Precios

Monsalvo acepta que el cabildero tiene un buen ingreso. Pero, en cuanto a los costos, lo que importa es conocer qué es lo que se quiere modificar, pues depende de la complejidad de la modificación o ley para determinar el costo. Describe que en ocasiones se deben contratar despachos enteros para trabajar, pues un cabildero no puede impulsar solo una ley.

Explica que “el costo de tu cabildeo va en razón de lo que pides y la retribución es aún mayor. Puede incluso desaparecer una empresa o desaparecer una obra de infraestructura del gobierno; debes ponderar entre cuánto te cuesta cabildear y qué es lo que esperas”.

Detalla que el trabajo del cabildero empieza desde que se presenta una iniciativa, por lo que se debe identificar a qué comisiones se turna y después “tirar dardos de precisión” para identificar a los legisladores con quienes se puede establecer un contacto y que son los especialistas en distintos temas.

“Tú propones, argumentas, pero quien resuelve es el funcionario público, el cabildero no es quien vota y el cabildero tampoco congela las leyes”, señala.

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