Hoy se cumplen 50 años que el hombre pisó la luna. El paso de un solo hombre, que fue el gran salto para la humanidad, requirió del trabajo de muchos hombres y mujeres que en la Tierra habían preparado, con dedicación y cuidado, la trascendente misión.

Era la época de la Guerra Fría, de la competencia entre soviéticos y estadounidenses por la supremacía mundial y aún más allá de la Tierra. Fue la bandera de Estados Unidos la que ondeó en la superficie lunar.

Para el lanzamiento del Apolo 11 fueron necesarios muchos cálculos matemáticos. Margaret Hamilton fue la científica que diseñó el programa informático necesario para el funcionamiento de todos los sistemas durante la misión. Katherine Coleman G. Johnson, matemática y geómetra, calculó el ángulo de despegue del vuelo suborbital con las variables de la rotación de la tierra, los cambios de masa y la gravedad.

Dorothy Vaughan era especialista en lenguaje de computación y Judy Sullivan fue la única mujer que estuvo en la Sala del histórico lanzamiento.

En 1963, una mujer soviética había pasado a la historia como la primera en tripular una nave espacial. Después de la hazaña de Valentina Tereschkova en el Vostok 6, tuvieron que pasar diecinueve años para que otra mujer soviética saliera al espacio: Svetlana Savitskaya en el Soyuz.

Un año después, Estados Unidos envió a la primera mujer al espacio. Se trató de Sally Ride, una física nacida en 1951.

Después de ella, han venido muchas mujeres más —que por fortuna no se cuentan ya con los dedos de las manos—. Algunas de ellas eran niñas que vieron llegar al hombre a la luna aquel histórico 20 de julio de 1969: Mary Ellen Weber tenía 7 años, Pamela Melroy, 8; Peggy Whitson, 9; Nancy Currie, 10; Susan Helms, 11; Eileen Collins y Mae Jemison, 13.

Todas ellas se encontraron, cuando crecieron, con condiciones diferentes para el desarrollo de sus carreras profesionales y se abrieron espacio en mundos laborales masculinos. Eligieron ser físicas, matemáticas o ingenieras con distintas especialidades. Las universidades ya no ponían obstáculos en función del género y del color de la piel.

Todas rompieron estereotipos años más adelante. Algunas, siguieron la tradición familiar, como es el caso de Wendy Lawrence, hija y nieta de pilotos.

Estados Unidos se adelantó a los rusos en la carrera espacial y también en el tema de género. Los estadounidenses han enviado a casi medio centenar de mujeres al espacio, en tanto que, después de Tereschkova y Savitskaya, sólo 2 rusas más han tenido una tarea en el espacio. Se trata de Elena Kondakova que tripuló el Soyuz en 1994 y Elena Serova que fue parte de una misión en 2011.

Dos mujeres perdieron la vida cuando estalló el Challenger. Fueron Judith Resnik y Christa Mac Auliffe. Resnik era una veterana con doctorado en ingeniería eléctrica.

Había sido seleccionada como candidata a astronauta desde 1978. Un cráter lunar y un asteroide llevan su apellido. Christa fue elegida para ser la primera maestra en el espacio. Sobrevino el final trágico.

Además de las estadounidenses, ha habido tres astronautas europeas: la británica Helen Sharman, doctora en química que viajó al espacio en 1991 y participó en varias misiones del Soyuz; lo mismo que la francesa Claudie Haignerè y la italiana Samantha Cristoforetti, quien estuvo 200 días en la Estación Espacial Internacional.

Peggy Whitson es la mujer que más tiempo ha estado en órbita. Mae Jemison fue la primera afroamericana y Eillen Collins la primera comandante de un transbordador. Por fortuna, se sigue escribiendo la historia con más rostros de mujer tras el cristal del casco de astronauta.

No cabe duda que el espacio también es nuestro espacio. La mujer llegará a la luna en los próximos años impulsada por ella misma y por muchas otras mujeres y hombres en la Tierra.


Catedrática de la UNAM.
@leticia_ bonifaz

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