Nochebuena. Seis de cada 10 productores son mujeres

Michoacán es líder en comercialización, con 13 variedades de la planta. Este año se lograron 8.5 millones, sobre todo en Zitácuaro
Los niños ayudan en la producción de la flor de nochebuena que necesita entre tres o cuatro meses, con un cuidado de 24 horas, para lograr una pigmentación adecuada y posterior comercialización (RICARDO SÁNCHEZ)
11/12/2016
01:25
Carlos Arrieta / Corresponsal
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Zinapécuaro

Desde hace 14 años Berna dedica casi 10 horas diarias al cultivo de la nochebuena y aún se emociona cuando las hojas en forma de estrella se pintan de profundo carmesí. La mujer de 28 años platica que su día comienza cuando todavía está oscuro, se alista y saca pendientes en su vivienda, porque entre las 07:00 y las 16:30 horas todos sus cuidados serán para sus niñas, las flores de nochebuena.

Bernardina Hernández Hernández vive en el pueblo de Zirahuato, municipio de Zitácuaro. Es la mayor de siete hermanos y comenzó a trabajar en los invernaderos de nochebuena cuando tenía 14 años. “En mi hogar había mucha pobreza y quería ayudar con los gastos de comida, además tenía la ilusión de que mis hermanos estudiaran”, comenta la mujer.

“El sueldo era poquito y la necesidad grande, comencé a pensar que apenas cumpliera la mayoría de edad me independizaría y trabajaría para mi propio invernadero”, dice Berna, quien es madre soltera de un hijo y con firmeza comenta que nunca se casará, puesto que quiere estar pendiente de sus padres.

Berna, de carácter fuerte, pero curtida en amabilidad por los golpes que le dio la vida, narra cómo consiguió iniciar su propio negocio.

Al cumplir 18 años y tras obtener su credencial de elector acudió a una caja popular a solicitar un crédito —como lo hacen la mayoría de los productores en la región— y, con apoyo de algunas personas y familiares, echó a andar su vivero que apenas le daba para producir mil plantas. Sus jornadas en el espacio que le rentaban eran de 10 horas. “Más no podía, de lo contrario, ten por seguro que lo hubiera hecho”.

Sin embargo, no se quedaba quieta, además de atender su invernadero ayudaba a la siembra y cosecha de otros productos que se cultivan en esa región de Michoacán, como maíz, tomate, guayaba y durazno.

El esfuerzo de Berna, mujer de vestimenta humilde, rindió frutos y actualmente saca una producción de 50 mil flores que comercializa en esta temporada. Reconoce que en este camino ha tenido el apoyo de sus seis hermanos más y sus padre, “ellos ayudaron al crecimiento de los viveros; después de salir de la escuela, los niños ayudan a doblar papel para envolver a la flor y además acomodan en filas las nochebuenas más chicas”.

Detalla que todos reciben una gratificación. Por ejemplo, el doblez de un millar de conos de papel les deja una ganancia de 120 pesos al día y les implica, por la práctica que tienen, máximo una o dos horas. Bernardina emplea a los adolescente, pero les reclaca que lo más importante es el estudio.

De acuerdo con el padrón oficial, seis de cada 10 productores de nochebuena en Michoacán son mujeres y Berna es una de ellas; se siente orgullosa de eso, pero también carga una gran responsabilidad de no hacer quedar mal a su género, sobre todo como ejemplo de fortaleza, dice.

Demandante

Bernardina Hernández detalla que el proceso de producción de nochebuenas inicia con la plantación del esqueje, que se tiene que regar y fertilizar todos los días, bajo el sistema de invernadero. Añade que para que una flor de nochebuena llegue a su pigmentación adecuada para ser comercializada tienen que pasar entre tres o cuatro meses, con un cuidado de 24 horas.

El trabajo humano es requerido de siete de la mañana cuando se recorren los plásticos negros para que se deje el paso del sol a la flor, a las 16:30 horas, cuando se vuelven a oscurecer y cerrar por completo los viveros, con el objetivo de evitar el ingreso de plagas o de roedores.

En el caso de las plantas de 12 pulgadas y colgantes, llegan a su máxima calidad en 10 meses, a partir de que planta el esqueje, por lo que la producción arranca en febrero y se comienza a comercializar a finales de noviembre y oficialmente del primero al 24 de diciembre.

Líderes

En Michoacán se tienen cultivadas más de 800 hectáreas de nochebuena, las cuales este año arrojaron una producción de 8 millones 500 mil plantas, principalmente en Zitácuaro. La mayor plantación de nochebuena se concentra en las comunidades de San Felipe de los Alzati, Zirahuato de los Bernal, Puentecillas, Ocurio, Puerto Azul, La Mesa, Aputzio de Juárez y Rincón, del municipio de Zitácuaro. El secretario de Desarrollo Rural y Agroalimentario, Francisco Huergo Maurin, destaca que Michoacán es líder en producción de la nochebuena, al cultivarse 13 variedades, entre las que resaltan la prestige, blanca angélica, sonora, samoni, monet, nut y freedom de 10, 15, 17, 20 y 30 centímetros. Comenta que el 8 de diciembre de cada año se celebra el Día Nacional de la Nochebuena, una fecha especial en la cual se promueve la comercialización de la planta.

Raúl Romero Alcántara, subdirector de Desarrollo Rural Sustentable de Zitácuaro, explica que la producción de flor de nochebuena se encuentra entre las cinco principales actividades económicas del municipio, porque deja una derrama de más de 600 millones de pesos por temporada. Precisa que lo anterior “representa 3% del Producto Interno Bruto (PIB) y genera un aproximado de 20 mil empleos”.

Romero Alcántara dice que si bien, la producción de la flor ha crecido, a pesar de que es una actividad agrícola joven que llegó a Zitácuaro hace 30 años, ha sido frenada por la falta de coordinación entre los productores, lo que les impide conformar un solo bloque organizacional, constituirse y obtener los beneficios de apoyos y créditos al campo.

Aclara: “La falta de coordinación no es culpa de los productores, puesto que no habían recibido durante muchos años la capacitación necesaria que les permitiera tener una visión empresarial integral y autosustentable”.

No obstante, adelanta: “La organización ya ha iniciado y el próximo mes de marzo una de las cuatro asociaciones que hay de productores en la región obtendrán el código de barras para competir con mayor fuerza en los mercados nacionales, además de que ya podrán comercializar a grandes empresas”.

Todos los productores michoacanos de nochebuena la comercializan en su mayoría en la Central de Abasto de la Ciudad de México, aunque el director de Desarrollo Económico de Zitácuaro, Raúl García Pérez, anunció que hay plazas como Club Price, donde les han permitido ingresar el producto.

Pero, el problema más grande que enfrentan los productores es que no han podido ingresar sus flores a centros comerciales, tiendas departamentales y de autoservicio, porque les exigen trabajar con crédito y los productores no cuentan con un respaldo financiero que soporte esta medida. Debido a que aún no se han constituido en su totalidad como una sola asociación, casi la totalidad de los productores han tenido que recurrir, como lo hizo Bernardina Hernández, a los créditos que ofrecen las cajas populares a muy alta tasa de interés.

Mientras se terminan de constituir y avanzan los trámites necesarios para su regularización, el subdirector de Desarrollo Rural Sustentable anunció que el próximo año arrancará un proyecto de producción propia de esqueje, lo cual reducirá el costo de producción, porque actualmente esta planta madre se la compran a empresas del estado de Morelos.

Calculó que una vez arrancado este proyecto, para 2018, podrán sacar las primeras varas producidas por agricultores de la región.

Futuro prometedor

Los más de 600 productores del estado han sabido salir adelante. Un ejemplo es la señora Azucena Baltazar Hernández, quien inició hace 12 años en el cultivo de la flor de nochebuena; empezó al igual que Bernardina; sin embargo, actualmente comercializa cerca de 200 mil nochebuenas por temporada.

Azucena es una de las productoras más reconocidas de la región, porque domina todo el proceso desde que se trasplanta el esqueje, hasta que sale de su vivero la flor en sus diferentes variedades. El fallecimiento de su esposo hace cuatro años obligó a doña Susi —como la llaman sus amigos— a salir adelante sola, por lo que también tuvo que aprender a dominar el uso del agroquímico utilizado para fertilizar la planta.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas para la madre de dos varones, puesto que reconoce que también ha tenido tropiezos.

“El primer año mi planta no pintó. En ese año [2004] cayeron muchas heladas y la planta se quedó verde y me fui a la ruina total; no gané, al contrario perdí.Las ganancias las usé para solventar las deudas”, recuerda. Señala enfática que hay años que no les va bien en la producción, puesto que el clima no les favorece cuando baja demasiado la temperatura, lo que hace que la planta no pigmente. Caso contrario, apunta Susi, el clima muy caliente también les causa daños, puesto que atrae mucha plaga hacia los cultivos. Además —agrega—, en otras ocasiones la tierra de monte con hoja de encino que utilizan como base les ha salido contaminada.

En la actualidad Azucena Baltazar es una de las más grandes productoras de flor de nochebuena y asegura que su producto, desde el inicio de la temporada, está comprometido sólo para entregarlo tanto en la Ciudad de México, así como en el mismo municipio.

Obstáculos para exportar

Azucena Baltazar platica que las deudas que heredó tras la muerte de su esposo se le multiplicaron con una pérdida de cerca de 300 mil pesos, puesto que en su intento por mejorar el sustrato (base de tierra) y aumentar la producción, decidió utilizar fibra de coco proveniente de Estados Unidos y ésta estaba infectada.

Explica que para poder enviar la flor al vecino país del norte se requiere que empresas estadounidenses envíen un sustrato fitosanitado y calificado por ellos mismos, para que en esa base se cultive la flor y se envíe de regreso a la Unión Americana.

“Es que no está permitido pasar la tierra [a Estados Unidos]; ellos le temen a los contaminantes que trae la tierra y aparte nos piden una planta completamente sana”, dice.

Agroquímicos, otro enemigo

Los productores se quejan del abuso en los costos de los agroquímicos. Las empresas los encarecen cuando los agricultores incrementan su demanda. El otro problema que enfrentan los involucrados en el cultivo de la flor es que por el uso indebido y excesivo de los agroquímicos cada temporada se registran intoxicaciones en algunos habitantes de los que laboran al interior de los viveros.

Raúl Romero Alcántara menciona que el año pasado (2015) cerca de 70 personas tuvieron que ser atendidas en hospitales de la región y en lo que va de este 2016 tuvieron la confirmación de otras 40 intoxicadas. También lamenta que el riesgo sea muchos para las mujeres, puesto que en muchas de las ocasiones les afecta su embarazo o su organismo.

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