La Fiscalía General de Quintana Roo detuvo al probable responsable del homicidio de una joven de 25 años y de su hijo de cuatro, en el fraccionamiento “Ciudad Natura”, en Cancún, el cinco de julio pasado.

La Policía Ministerial cumplimentó la orden de aprehensión en contra de J. R.P. de 31 años, originario de Kalkini, Campeche, girada por un juez de control, correspondiente a la carpeta administrativa 20/2016, por el delito de homicidio calificado.

El imputado fue detenido a las 22.40 horas de ayer, en la vía pública, en la calle Zapote, entre La Ceiba y Caoba, en la colonia Misión Villamar, en Playa del Carmen.

Este viernes, se desarrolló la audiencia a cargo de la jueza de Control del Sistema Penal Oral, Landy Pamplona Pérez, en la cual personal de la Fiscalía General, hizo del conocimiento del imputado, las acusaciones en su contra.

El inculpado solicitó suplir a las defensoras públicas que le fueron asignadas, por abogados particulares, quienes solicitaron la duplicidad del término para resolver su situación legal, a 144 horas, lo cual vence el próximo miércoles.

La petición fue aceptada por la jueza, quien determinó que, en tanto vence el plazo, J. R. P. permanecerá en prisión preventiva oficiosa, como medida cautelar dictada por la jueza, quien determinó que la siguiente audiencia –para vinculación a proceso- se realizará el próximo 13 de julio, a las 12 horas.

Pamplona Pérez también instruyó al ministerio público a iniciar una investigación para determinar si J. R. P. fue incomunicado, aislado y torturado, como declaró su defensa y él mismo, durante la audiencia de hoy.

De acuerdo con la versión expuesta por la Fiscalía, a las cinco horas del cinco de julio, J. R. P. ingresó al domicilio localizado en la calle de Ébano, en el fraccionamiento Ciudad Natura; se dirigió a la recámara, vio a G.M.O. acostada en la cama, la sometió estando dormida y le clavó un cuchillo de 10 centímetros, ocasionándole una herida de 28 centímetros en el cuello, que le tocó la traquea.

El niño A.F. –hijo de la víctima- se despertó con los ruidos; el inculpado es acusado de haber tomado al menor por los pies y azotarlo sobre el piso, lo que le ocasionó fracturas en el hombro y codo. El homicida, sometió al niño –quien yacía sobre el suelo- poniéndole un pie sobre la espalda, dejando marcada la huella de su calzado.

Con el mismo cuchillo con que mató a la joven, el imputado asesinó al niño –de acuerdo con la Fiscalía- clavándole el arma del lado izquierdo del cuello, luego se subió a un sofá para bajar una cortina y cubrir con ésta el cuerpo de la mujer.

Al abandonar el domicilio, se dirigió hacia un vehículo marca Renault, se quitó los zapatos que llevaba manchados de sangre, los dejó en la cajuela y se puso otros. Se retiró del lugar y horas después volvió a la escena del crimen.

Luego de la reconstrucción de los hechos, la Fiscalía precisó que se acusa al imputado de homicidio calificado, crimen realizado con premeditación, ventaja, traición y dolo.

La otra versión

La defensa del imputado informó a la juez que, al margen de las acusaciones que enfrenta su cliente, éste fue detenido ilegalmente desde el momento en que la Policía Ministerial llegó al lugar de los hechos, momento en que fue privado de su libertad, retenido e incomunicado.

Después de interrogarlo, elementos del Departamento de Homicidios lo subieron a un auto, lo pasearon por Cancún y no se supo de él hasta las 23 horas del cinco de julio, cuando reapareció en Playa del Carmen, acusado de portación de drogas –que presuntamente le sembraron- con la finalidad de retenerlo mientras se armaba la orden de aprehensión, por el otro delito.

La abogada que lleva el caso denunció que el imputado fue torturado para declararse culpable, insistió en que la detención fue ilegal y declaró que la imputación por el doble homicidio es falsa.

Expuso que el vehículo de su cliente n fue asegurado de manera legal, que las llaves se le arrebataron por la fuerza y que los zapatos que el imputado portaba el día del crimen, son los que traía puestos ahí, al momento de la audiencia.

Añadió que a la hora y día del asesinato, el imputado no se encontraba en el lugar de los hechos y que tampoco se le practicaron análisis o pruebas para ubicar restos de sangre o evidencias de que hubiese atacado a alguien.

La juez se dirigió al inculpado para preguntarle si comprendió la narrativa de los hechos, los cargos que se le imputan y si estaba dispuesto a declarar, en el entendido de que lo que dijese podía ser usado en su contra. Le aclaró que tenía como opción el reservarse su derecho a declarar. Él respondió afirmativamente y se dijo dispuesto a rendir testimonio.

Narró que el cinco de julio, al regresar al domicilio de su propiedad –que rentó por una semana a la joven con quien sostenía una relación sentimental- vio la ventana abierta. Aunque tenía llaves del inmueble, no podía entrar porque la mujer ponía un pasador, por seguridad.

Al mover la cortina, vio unos pies sobre el piso y creyó que la joven se había acostado en el suelo porque hacía calor. Intentó abrir la puerta, giró la perilla y se dio cuenta que estaba abierta, ingresó a la recámara y vio a la joven en el piso, tapada con una sábana. Le habló, no encontró respuesta, retiró la sábana sin darse cuenta de que la mujer estaba herida; giró y vio al niño, con un cuchillo clavado en la cabeza –no en el cuello, como dijo la Fiscalía- y salió corriendo.

Durante el interrogatorio de la Fiscalía, el imputado aceptó haber tocado con “la punta de mis deditos” el mango de ese cuchillo; precisó que a la joven la conocía desde hace tres años; era mesera en un bar llamado “El Capri” y luego cambió a “Los Compadres”. Mantenía con ella una relación sentimental intermitente. Se veían una o dos veces por semana.

Él es casado y ella tenía otra pareja, pero el domicilio –propiedad del inculpado- en donde ocurrió el crimen era su sitio de encuentro. Aunque originalmente dijo que ella no vivía ahí, después reconoció que llevaba una semana de habitar el inmueble porque tenía problemas con su esposo y que ya en otra época le había rentado otro apartamento.

Respondió a la Fiscalía que una noche antes del homicidio, durmió ahí, pero se retiró a las 5.40 horas, porque debía ir por sus hijos a casa de su esposa. Al salir del domicilio la ventana –precisó- estaba cerrada y el niño dormía sobre una hamaca, en la habitación.

La Fiscalía no le preguntó en ningún momento, en dónde y con quienes estuvo desde las 5.55 –hora en que dijo haber llegado a casa de su esposa- y las 10 horas en que regresó al domicilio de la occisa y descubrió el crimen.

La presunta tortura

Al relatar los hechos, J.R.P. indicó que a las 10.20 horas marcó con su celular al número de emergencia 066 para reportar el crimen. Al volver al domicilio la policía ya estaba ahí. Él dejó su auto cuatro casas antes. Habló con los policías ministeriales, le tomaron declaración y lo subieron a un auto. Le preguntaron si sabía sobre problemas entre la joven y su ex marido; fueron a la casa de él y al de la mamá de la occisa.

Al regresar al lugar del crimen, no lo dejaron bajar del auto. Era mediodía. Le pidieron sus zapatos y lo forzaron a entregar las llaves del coche. A las 13.15 horas, luego del peritaje, pidió que le dejaran hacer una llamada, porque debía pedir que recogieran a sus hijos en la escuela.

Dijo que los agentes de la Ministerial le advirtieron que no dijera en dónde estaba porque sino “me iba a cargar la verga”. Llamó a su madre, le pidió ir por sus hijos, ella le preguntó que si estaba en problemas y respondió que sí, sin ahondar en nada.

A partir de entonces lo llevaron por todo Cancún, lo cambiaron de vehiculo, le exigieron ubicar los domicilios de su esposa y de su mamá; lo volvieron a cambiar de auto, le vendaron los ojos, los pies y las manos y le comunicaron: “Ya te cargó la verga. Tú los mataste y te vamos a echar la culpa”.

Lo llevaron a un sitio desconocido –prosiguió-  y sobre una colchoneta lo hincaron, le colocaron una bolsa de plástico en la cabeza y, estando a punto de desfallecer por asfixia, aceptó que se incriminaría. Lo llevaron a las oficinas de la Fiscalía General para que rindiera su declaración y “confesara”; se negó, pidió a un abogado. “Tú no tienes derecho a nada”, le objetaron, manifestó.

Sus presuntos torturadores lo sacaron de ahí, lo subieron a una Suburban y horas más tarde supo que estaba en Playa del Carmen, acusado de portar drogas; que lo detuvieron en la calle con una bolsita de marihuana. Al día siguiente los oficiales que lo torturaron en Cancún, estaban en Playa del Carmen y volvieron a torturarlo. Lo dejaron libre por el delito de portación de drogas, pero ya lo esperaban a fuera con la orden de aprehensión, por homicidio.

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