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Torturado. Martín, un capo ‘a la fuerza’

El 18 de septiembre de 2014 agentes de la Fuerza Única estatal detuvieron al empresario y futuro padre; lo torturaron y acusaron de ser “líder” del CJNG de la zona Valles

Martín disfrutaba una vida tranquila, incluso cuando lo llevaban en la patrulla creyó que los policías se darían cuenta de su error y lo soltarían, pero lo torturaron para intentar obligarlo a firmar una declaración (FAMILIA GONZÁLEZ MORENO)
Estados 30/09/2015 03:00 Raúl Torres / Corresponsal Guadalajara Actualizada 11:48

Para conocer a su única hija, Martín González Moreno tuvo que fraguar un plan para evadir las políticas del penal de máxima seguridad de Perote, Veracuz, a donde llegó después de ser torturado por elementos de la Fiscalía de Jalisco y acusado de ordenar homicidios, robar combustible, distribuir droga, portar armas; de ser el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación en la región de Tala.

Martín fue arrestado por un grupo de policías de la Fuerza Única de Jalisco el 18 de septiembre de 2014 en su propia casa. Cuando abrió la puerta, los policías lo sometieron y bajaron a un sujeto de una patrulla, quien supuestamente lo identificó como su jefe, entonces se lo llevaron; un mes después nació su hija.

Edna Vega Ramos es la esposa de Martín y desde aquel día ha tenido que aprender a mirar la vida de otra forma: “Fue como si me sacaran de la burbuja en la que estaba. Siempre pensé que no me podía ir mejor en la vida, tenía todo: un esposo que me quiere, trabajo, una vida tranquila y estábamos a punto de tener a nuestra hija. (…) Me enteraba de las cosas que pasaban, pero las veía lejanas”, dice mientras recorre de nuevo la historia que ha contado una y otra vez en distintas partes desde hace un año.

Cuando lo llevaban en la patrulla, Martín creyó que los policías se darían cuenta de su error y lo soltarían, sin embargo, comenzaron los golpes, los choques eléctricos, la asfixia con bolsas de plástico, la humillación, la tortura para intentar obligarlo a firmar una declaración preparada; Edna se detiene un poco en el relato cuando recuerda una confesión que le hizo su esposo: tirado en el piso con los ojos vendados y desnudo, se movió hacia atrás y sintió una descarga eléctrica, se dio cuenta que ahí estaba uno de los cables con los que lo torturaban y se lanzó sobre él para intentar electrocutarse, prefería acabar con todo ahí que pasar el resto de sus días en la cárcel… pero uno de los policías se dio cuenta y lo separó de la corriente eléctrica, “aquí tú no decides, cabrón”, le dijo.

Durante dos días, los policías mantuvieron a Martín y a otros seis hombres sin agua y sin alimento. A él lo querían hacer confesar que era el “jefe de plaza”, a los otros seis los azuzaban para que lo señalaran como su jefe; Martín insistía en que se trataba de un error, que él tenía un negocio de celulares en Tala (a 50 kilómetros de Guadalajara) y traía carros usados de Estados Unidos para legalizarlos y venderlos; pedía que preguntaran a la gente que lo conocía.

La fabricación de un criminal

El viernes 18 de septiembre de 2014, Martín llevó a Edna al trabajo y por la tarde ella viajó con su familia a la ciudad de Guadalajara a comprar ropa para su bebé; en la noche intentó llamar a su esposo para preguntarle si quería que le llevara algo de cenar, pero no contestó, ella insistió por el whatsapp y corroboró que alguien leía los mensajes, pero tampoco hubo respuesta.

A las 21:30 horas Edna llegó a su casa, una cabaña ubicada a pie de carretera a unos kilómetros de la cabecera municipal de Tala; vio las luces prendidas, la puerta abierta y todo revuelto en el interior. “Pensé que lo habían secuestrado”, recuerda.

Lo buscó durante dos días sin saber nada de él hasta que el domingo por la noche recibió una llamada desde la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) en la ciudad de México: “Ednita, estoy en la SEIDO, trame un abogado; estoy bien”.

A pesar de la tortura, Martín no firmó ninguna declaración y fue presentado ante el Ministerio Público federal, y de ahí trasladado al penal de máxima seguridad en Perote, Veracruz; fue hasta entonces que Edna pudo verlo y se enteró de lo que había ocurrido: “Estaba aterrada, decían que él era responsable de desapariciones, muertes, robo de gasolina y no sé cuántas cosas más”.

En el expediente 193/2014 las declaraciones de los policías que detuvieron a Martín son similares; aseguran que lo detuvieron en flagrancia, que circulaba en una camioneta BMW 2007 de color blanco (la de Edna) sobre la carretera a Mascota y que en ella había armas y droga en envoltorios con la leyenda “Zona Valles”, se le acusaba de ser el líder del Cártel Jalisco nueva Generación (CJNG) en la región. Nada mencionaron sobre la irrupción en su casa a pesar de que hay cuatro testigos que aseguraron haber visto las patrullas ahí.

Un dato relevante: apenas el pasado martes 22 de septiembre, las fuerzas federales se enfrentaron a tiros con un grupo armado en el municipio de Ameca (contiguo a Tala) y lograron la captura de Yhovany Castro Urbano, El Duende, uno de los principales objetivos de la Operación Jalisco y a quien —según el Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales— se identifica como el operador del CJNG en la región Valles, donde se encuentra Tala.

A Martín y a los otros seis sujetos los consignaron el 29 de septiembre bajo los cargos de portación de arma de fuego, cartuchos y 20 gramos de cristal.

Mantenerse vivo

Iniciada la lucha legal para liberar a Martín, Edna tuvo que mantenerse fuerte para darle esperanza a su esposo, por eso idearon una forma para que él pudiera conocer a su hija recién nacida: ella tomaba fotos de la pequeña que después imprimía en las camisetas que usaba para entrar al penal los días de visita.

“Me ponía un suéter encima y en la revisión me alzaba la camiseta y el suéter al mismo tiempo para que no se dieran cuenta, ya en la visita con Martín me levantaba el suéter para que viera las fotos; después a él se le ocurrió que las imágenes fueran calcomanías pegadas para que él las pudiera despegar de la playera durante los dos únicos abrazos que nos dejaban darnos”, explica Edna.

La defensa de Martín logró que en mayo pasado fuera trasladado del penal de Perote al de Puente Grande, en Jalisco, pues ahí es donde está radicado su proceso, y tras hacer una revisión minuciosa del expediente, se percató de que varias firmas estaban falsificadas.

Tanto las pruebas periciales de la defensa como las realizadas por la Procuraduría General de la República (PGR) confirmaron que varias rúbricas del expediente eran falsas, pero el juez que lleva el caso argumentó que ya no era momento de desahogar esas pruebas y se negó a emitir un auto de libertad.

Hoy Martín y Edna esperan que el Cuarto Tribunal Unitario del Tercer Circuito emita una resolución sobre la apelación que interpusieron ante la negativa del juez a tomar en cuenta que se integró un expediente de forma irregular: “Me han dicho que a principios de octubre se resuelve; me he cansado tanto de esperar que decidí ir con la magistrada y para mi sorpresa me atendió y me escuchó; me dijo que tuviera la certeza de que se acataría la ley”.

EL UNIVERSAL buscó la postura de la Fiscalía General de Jalisco sobre este caso, pues son elementos de esa corporación los acusados de torturar y fabricar pruebas en contra de González Moreno; al respecto, en el área de Comunicación Social se informó que el fiscal general, Eduardo Almaguer, está enterado y dispuesto a hacer una revisión del caso.

Se indicó que tras su llegada al cargo, en julio pasado, el fiscal ha reconocido que los señalamientos contra elementos de la fiscalía que presuntamente han incurrido en tortura son graves y por ello entrará de lleno en el tema.

jram

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