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Oaxaca está de fiesta, aún en sus múltiples protestas cotidianas. Es julio, mes de Guelaguetza.
Y entre de puños en alto y arengas, se escucha también la música y los brazos se mueven para compartir productos de las regiones.
Es la Guelaguetza, que se esparce por las calles de Oaxaca. La festividad de los Lunes del Cerro se vive también en las calles del Centro Histórico y el Zócalo de la ciudad, icono de la protesta social.
Este viernes, una calenda que precedió a la inauguración de la Feria de los Moles opacó algunas inconformidades de grupos que llegaron al Zócalo de la ciudad y al atrio de Santo Domingo, entre ellos los activistas triquis que cada festividad hacen mayor presencia para negociar con el gobierno de Oaxaca.
En el Zócalo permanece también el plantón del magisterio oaxaqueño que cumplirá ya un año en este espacio.
Otro grupo de activistas que se oponen a la construcción del Centro Cultural, en el Cerro del Fortín, por considerar que es un despilfarro económico y la destrucción de un área verde protestó en el atrio de Santo Domingo.
Distantes de los temas locales, varios turistas se sumaron a la calenda, que tenía como punto de llegada el Jardín Etnobotánico, donde se expondrá una muestra de los moles elaborados en el estado.
Disfrutaron del colorido de los trajes, las marmotas y música de viento. Oaxaca intenta presentar otro rostro, que rompe con la imagen sombría de las manifestaciones.
Es también una manifestación, pero cultural, que se comparte aún cuando en distintos foros persiste la inconformidad por algunas acciones de gobierno.
Dentro del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), otro grupo de activistas que han mostrado su inconformidad con la construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO) debatía sobre la viabilidad del proyecto.
Afuera, en el andador turístico, la gente disfrutaba de la calenda –caminata tradicional con trajes regionales y música autóctona– para decir: Oaxaca está de fiesta.
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