Más allá de la reforma educativa

Editorial EL UNIVERSAL

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El sistema educativo en México tiene dos pendientes históricos: garantizar para todos el acceso a la educación y que la que se imparta sea de calidad. Es conocida la precariedad en la que viven gran parte de las escuelas públicas del país; es en ese ambiente en el que los estudiantes mexicanos deben prepararse y en el que los maestros se desempeñan con diversas dificultades.

Ante este panorama, el gobierno del ahora ex presidente Enrique Peña Nieto impulsó una reforma educativa que tuvo la intención de redefinir el modo en que se impartiría la educación pública a la sociedad mexicana. Pretendió establecer un nuevo paradigma en la materia, pero las complicaciones en su diseño e implementación le generaron una percepción general negativa. En ese nuevo esquema, la necesidad de evaluar a los maestros se convirtió en el principal argumento, pero la calidad de la educación quedó aplazada.

Desde la aprobación de la reforma educativa, Andrés Manuel López Obrador, que entonces era el principal líder opositor en el país, se manifestó de forma reiterada en contra de esta iniciativa. Como candidato prometió derogarla y, al llegar a la Presidencia, anunció que propondrá al Congreso una contrarreforma en ese sentido.

El problema de la educación en México, sin embargo, trasciende a la propia reforma educativa. La falta de acceso a la educación tiene que ver con la insuficiente oferta y con la complejidad para gestionar un sistema educativo tan robusto. Algo falla de raíz si se da por hecho que mientras más edad tenga un individuo, será más difícil que tenga oportunidades educativas.

Por otra parte, la falta de calidad educativa es responsabilidad de los gobiernos mexicanos que han delegado esta labor en organizaciones magisteriales cuyo interés prioritario no es necesariamente el buen aprendizaje del alumnado. Nuestro país continúa formando estudiantes que, cuando tienen la oportunidad de prepararse, no desarrollan las competencias mínimas que reclama el contexto internacional.

El modelo educativo en México debe tomar en cuenta a los elementos clave en la formación de un individuo: el estudiante y su entorno inmediato, la escuela, así como la figura del maestro. Asimismo, hay que incorporar de manera indispensable aquello que permita implantar en los alumnos las competencias necesarias para un entorno complejo y cambiante como el que se vive a nivel global.

Estos son los retos que tiene la educación en México, mismos que deberán ser enfrentados por el gobierno del presidente López Obrador. El mejoramiento de la educación en México y en cualquier parte del mundo es un proceso a mediano y largo plazo, por lo que que cualquier proyecto nuevo que se plantee debe tener esta visión. No se trata de reinventar cada tanto el modelo educativo, sino de implementar pacientemente un plan que forme ciudadanos libres y responsables.

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