La comparativa es simplemente devastadora: en un año el mismo terreno luce desde el aire como un desierto, cuando tan sólo unos meses atrás era un remanso de verdor esmeralda recortado por el caprichoso trazo serpenteante de un río. Se trata de una investigación especial de EL UNIVERSAL en el que se exponen los primeros trabajos en el proceso de construcción de la refinería de Dos Bocas, en Tabasco. En pocos días se arrasaron 230 hectáreas de vegetación, en donde la naturaleza parece estar cobrando su venganza pues el área ha comenzado a registrar inundaciones, lo que no es de extrañar dada su vocación de manglar. Significativo resultó que el propio presidente López Obrador tuviera que hacer la colocación de la primera piedra de forma simbólica en un terreno aledaño, ya que el real estaba anegado. Y es que el daño no para únicamente en desmontar el manglar o la vegetación, sino que con ello se afecta irreversiblemente el ecosistema selvático y toda la cadena alimenticia de las especies que lo habitan, amén de que la totalidad de los animales pierden sin remedio sus refugios y hábitats. Los expertos advierten que la afectación ecológica no será exclusiva de Dos Bocas, sino que golpeará también a poblaciones cercanas que serán más vulnerables a inundaciones y huracanes. Estos especialistas dicen que el manglar no se debió haber destruido en Dos Bocas, sin contar de que no hay estudios suficientes de cómo se va a mitigar la contaminación que genere la refinería ya en operación.

Es tan sólo uno de tres grandes proyectos de la Cuarta Transformación que hablan de la poca sensibilidad de sus postuladores, junto con el Tren Maya y el anacrónico plan de la CFE para utilizar carbón como combustible para producir electricidad, en lugar de promover la generación de energías limpias como la solar o la eólica.

Con respecto a la polémica ecologista ante la próxima construcción del Tren Maya, la preocupación es por la afectación por el agua que está en el subsuelo, pozos, cenotes y ríos subterráneos que se podrían contaminar fácilmente con la instalación de vías o por el propio paso del ferrocarril.

Preocupa también que el mismo gobierno que dedicó sólo 5 renglones a la ciencia en su Plan Nacional de Desarrollo, planee hacer recortes significativos en el presupuesto de actividades científicas como las que desarrolla el Laboratorio de Observación de la Tierra, cuyo financiamiento depende en buena medida del Conacyt.

Más allá de la viabilidad o factibilidad económica de los proyectos de la 4T, da la impresión de que hay una prisa por concretar obras para demostrar a los adversarios que sí se pudo, sin antes contar con toda la certeza de la afectación monumental que éstos pueden generar. No es poca cosa.

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