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La Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos, situada en el extremo sur del continente americano, esconde un mundo secreto y diminuto de musgos, líquenes e insectos que escapan al ojo humano y solo se pueden observar con lupa.
Este es el germen del “ecoturismo con lupa”, un concepto acuñado por el ecólogo y filósofo chileno Ricardo Rozzi, director del Parque Etnobotánico Omora, el epicentro científico de esta reserva situada en el archipiélago de Cabo de Hornos.
“El ecoturismo con lupa pone la atención en una realidad que generalmente es invisible pero que por eso es diferente, y en un mundo tan igual poner la atención en aquello que no se ve invita a las personas de distintas partes del mundo a poner un lente que magnifica pequeños seres”, explica Rozzi.
El turismo con lupa invita a poner el foco en la rica biodiversidad que vive en la Reserva de Biosfera Cabo de Hornos, una de las últimas áreas vírgenes del planeta, que pasa desapercibida al ojo humano.
Se trata de pequeños insectos, líquenes, hongos y musgos que constituyen bosques en miniatura que reproducen a pequeña escala todos los procesos naturales que se dan con especies de mayor tamaño.
El ecoturismo con lupa tiene también una vertiente cultural y filosófica para poner un freno al vértigo y la velocidad de la vida cotidiana.
El Cabo de Hornos, situado a apenas mil kilómetros de la Antártida, es el sitio ideal para estudiar esta pequeña flora y fauna porque concentra casi 6% de la diversidad mundial de briofitas en un área que solo representa 0.01 % de la superficie terrestre.
También es un punto estratégico para estudiar los efectos del cambio climático global por su ubicación geográfica, destaca Rozzi.
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