La Pirámide del Sol parece vigilar nuestra caravana motorizada. Sus 64 metros de altura se vislumbran mientras avanzamos por una brecha tapizada de nopales y otras cactáceas. Entre apretones del acelerador y nubes de polvo, nuestras cuatrimotos nos van acercando al mirador Calzada de los Muertos. Estamos en San Martín de las Pirámides y hoy recorreremos los rincones poco explorados en los alrededores de Teotihuacán.

La primera parada nos permite obtener una panorámica de la zona arqueológica. Aunque la tenemos a 500 metros de distancia, podemos encuadrar sus principales basamentos, desde la Pirámide de la Luna hasta el Templo de Quetzalcóatl que, según nuestro guía, tiene relieves vinculados a Tláloc, dios de la lluvia, y con Tlaltecuhtli, señor de la tierra.

Sumamos a nuestro trayecto kilómetro y medio más para llegar a los palacios de Tepantila y Atetelco, antiguos barrios habitados por la clase más alta. Aunque están en ruinas aún se conservan  sus pinturas murales que plasman caracoles, quetzales y lechuzas, mariposas y ojos.

Una red de senderos conectan a este sitio con Oxtoyahualco. Aquí caminamos sobre un puente colgante con 100 metros de longitud. Pisamos, una a una, las tablillas de madera con que fue construido para tener nuevamente frente a nosotros  las pirámides del Sol y la Luna.

Descendemos una cañada; los arneses están listos para hacernos volar. La tirolesa tiene 172 metros de longitud y te da el privilegio de obtener una vista inigualable de los basamentos. Tenemos la oportunidad de repetirlo.

Volvemos a montar las cuatrimotos para irnos a degustar dulces y licores de la región.

El secreto de su preparación está en que los ingredientes son derivados del nopal, así que damos sorbos de licor de tuna o xoconostle. Para acompañar hay tostaditas con salsa y hasta gelatina de chamoy con tuna roja.

Los guías que nos acompañan nos dan tlacoyos de frijol y, si queremos, podemos guardar nuestra ración para después comerlos en un picnic.

La caravana arranca hacia su última parada: los talleres artesanales de obsidiana y vidrio de San Martín de las Pirámides.

Hay seis talleres-galerías que se dedican con esmero a elaborar desde  jarrones, hasta esculturas en obsidiana dorada, negra, plateada y arco iris. Los precios se pueden elevar a miles de pesos, dependiendo de la pieza.

Para despedirnos, nos regalan un tour exprés para extraer pulque y hacer curados.

Cuánto cuesta
850 pesos por persona y niños, 400. El recorrido tiene una duración de tres horas y media. Se realiza todos los días en dos horarios: 9 y 14 horas.

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