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El piloto francés Philippe Alliot se convirtió en una víctima más de la curva peraltada. Su bólido se partió en tres, voló hasta el lado contrario del trazado y terminó con los neumático hacia arriba durante el Gran Premio de México en su edición de 1988.
Se disputaba la última calificación el sábado 28 de mayo cuando el galo tuvo el aparatoso accidente en su Lola, a 215 kilómetros por hora, que hasta el brasileño Ayrton Senna orilló a un costado de la pista su McLaren para ir en auxilio del accidentado piloto.
Alliot salió por sí sólo de su bólido para la tranquilidad de los presentes. Dijo no acordarse de nada en tanto que José Abed, entonces director de la carrera, agarró una escoba para ayudar a retirar los escombros sobre la pista.
Al reanudarse la calificación, un segundo auto se estrelló de nueva cuenta en la peraltada. Esta vez fue el británico Julian Bailey, en su Tyrrell, en un percance menor, pero que aumentó las críticas sobre lo peligroso de la peraltada.
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