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El Real Madrid extendió su fiabilidad en finales, guiado por una exhibición futbolística de Isco, para tumbar a un luchador Manchester United en el juego por la Supercopa de Europa (2-1). Es el primer título de los Merengues, en su duro camino al soñado sextete.
La transformación del Madrid, el mayor devorador de títulos del mundo, dejó en el olvido las malas sensaciones de pretemporada. Su carácter ganador reapareció para someter a los Red Devils, con un futbol del que se proclama abanderado Isco. Sin Cristiano Ronaldo de inicio, hubo un nuevo líder.
Porque se jugó a lo que quiso Alarcón. Mientras el United apostaba al músculo y la dureza, el mago andaluz bailaba con el balón en cualquier lugar del campo. Omnipresente para invitar a sus compañeros a asociarse siempre y otorgar la posesión en contadas ocasiones. Su exhibición fue impropia para agosto y en un clima tan caluroso.

Casemiro estaba destinado a marcar. Se topó con el travesaño en su primer intento, en tiro de esquina rematado con la testa (16’), buscó la escuadra desde una esquina del área en el segundo y al tercero no perdonó, aunque estaba en fuera de juego.
Pero la gloria estaba reservada para Isco. La merecía. En un palmo encaró rivales, inventó una pared con Gareth Bale y definió bien ante David de Gea. Era el segundo tanto y la final, pensaban algunos, quedaría sentenciada.
Fue cuando tiró de orgullo el Manchester y con corazón resucitó el duelo. Keylor Navas no supo atajar un disparo seco, lejano, de Matic. Dejó el balón muerto donde un portero nunca debe dejarlo y Lukaku fusiló a placer.
El duelo tuvo drama al final, pero el Madrid supo controlar el embate y coronarse.
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