En casi todas las comunidades del mundo existe una figura femenina temida y apreciada a partes iguales. Puede ser percibida como dañina o benéfica, según el punto de vista, pero casi nunca pasa desapercibida. Y aunque su conocimiento de herbolaria o magia la hacen temible, en sus diferentes encarnaciones ha fascinado a múltiples artistas, cantantes y, actualmente, también a diseñadores, fotógrafos y fashion stylists.

Ahora, y tras siglos de persecución, las brujas se han convertido en una suerte de “modelo a seguir”, en gran parte por el surgimiento de productos culturales como Harry Potter y American Horror Story: Coven. Sus representaciones en cuanto al guardarropa también han evolucionado, en gran parte gracias a los esfuerzos de diseñadores como Alexander McQueen, Hedi Slimane y Ann Demeulemeester.

Cierto encantamiento histórico.

El concepto de brujería es casi tan antiguo como el de la civilización y ha existido en culturas como Egipto, Roma y la antigua Inglaterra; sin embargo, las tradiciones judeocristianas e islámicas solían condenar este tipo de prácticas, lo que a la larga ha ocasionado un sinfín de problemas, entre los que destacan los infames juicios de Salem y la caza de brujas entre los siglos XV y XVIII.

Así, y con criterios tan subjetivos como peligrosos, se etiquetó a las brujas como mujeres lujuriosas y prontas para causar daño a través de horribles crímenes y pactos con el diablo. Por consiguiente, se persiguieron miles de hombres y mujeres por un supuesto conocimiento de las artes ocultas, hasta que la Ilustración terminó poco a poco con esta práctica que es una muestra de la misoginia e ignorancia de la época.

Paralelamente, obras maestras como Macbeth, de William Shakespeare, crearon un arquetipo de las brujas como mujeres misteriosas, que tenían la capacidad para profetizar y lanzar hechizos. Sus capas y largas cabelleras sentaron un precedente, aunque piezas como el sombrero cónico, popular en el siglo XVI, se integraron más tarde.

No obstante, desde los años 20 del siglo pasado, se registró un nuevo interés en el tema, con círculos de personas que practicaban algunos rituales con una relativa tolerancia. Además, con la inclusión de la magia en la cultura popular contemporánea, el tema ha atraído cada vez a más personas, en particular desde los años 90.

“Para mí, las brujas son un tema realmente muy poderoso por todo ese halo de independencia y poder femenino, por ser el nexo que une lo sobrenatural y lo natural, pero al mismo tiempo por ser parias, herejes y la inevitable asociación con la maldad que, en mi caso, tienen que ver con la sabiduría”, explica Francisco Saldaña, diseñador de la firma Malafacha.

¡Hagamos magia!

En el mundo editorial, fotógrafos de gran prestigio, como Paolo Roversi y Tim Walker, han explorado el tema en sus sesiones, mientras que las primeras colecciones de Anna Sui ofrecían alternativas a las chicas que buscaban seguir la corriente neogótica de la década de los 90. No obstante, el concepto fue poco explorado hasta 2007, año en el que una de las colecciones más características sobre el tema se presentó. El autor fue Alexander McQueen, quien a lo largo de su vida mostró una fascinación por lo oculto y lo grotesco, y descubrió, a través de su madre, que Elizabeth Howe, uno de sus ancestros, fue quemada en la hoguera en el siglo XVII.

Cabe destacar que en su momento esta colección fue criticada por su supuesto abuso de recursos visuales, detalles del antiguo Egipto con rituales paganos, así como imprimir un pentagrama en la pasarela. No obstante, la influencia se mostró posteriormente con una impactante y polémica sesión que Terry Richardson realizó para Vogue Paris en septiembre de ese mismo año.

Así, el tema permeó poco a poco, y con las creaciones de Hedi Slimane para su primera colección en Saint Laurent y los esfuerzos de Ann Demeulemeester, Gareth Pugh, Rick Owens y, en el caso de México, Malafacha, se comenzaron a plantear siluetas que tomaban algunos puntos de inspiración sin ser absolutamente literales.

“Las prendas que suelen definir su estilo son túnicas, capas, medias negras y, en general, piezas maxi o con detalles deconstructivistas que ayuden a dar un entendimiento distinto del cuerpo y la sensualidad, así como elementos orgánicos en accesorios, como piedras, maderas y metales crudos”, detalla Saldaña.

A pesar de ello, series como American Horror Story: Coven han optado por abandonar lo antes posible esos esquemas y proponer un nuevo guardarropa para las hechiceras: negro, sí, pero con vestidos ajustados, túnicas con acentos folk y un sinfín de combinaciones que reflejen la personalidad de su portadora.

“Creo que el programa logró demostrar que actualmente las brujas no tienen que limitarse a un estereotipo. Existen diferentes tipos de hechiceras y en los últimos meses he encontrado gente que me ha mostrado sus propias interpretaciones a partir de los personajes, aunque en los personal prefiero un look con un vestido largo y un sombrero enorme”, dice Lou Eyrich, diseñadora de vestuario para la serie.

Si bien ésta y otras producciones han mantenido una sana distancia con las pasarelas, algunos diseñadores han tomado nota esta temporada y proponen piezas que, sin perder su impacto, podrían vestir a una bruja obsesionada con la época victoriana, de acuerdo con las ideas de Sarah Burton para McQueen. Lanvin, por su parte, optó por presentar a una mujer bohemia y excéntrica que, con un vestido estampado con motivos de paisleys, un minibolso y un par de infalibles hechizos, tiene la vida resuelta.

“Aunque la colección de Marc Jacobs se inspiró en la mitológica editora Diana Vreeland, noté que, en la campaña publicitaria, Cher personificaba perfectamente un look contemporáneo, conformado por un saco y una falda tableada hasta el suelo. Es, sin lugar a dudas, un atuendo muy poderoso y elegante que remite a la figura de la bruja como una mujer fuerte que fascina y atemoriza por igual”, indica Saldaña.

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