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La ciudad de Palmira, joya arqueológica del desierto, que el ejército sirio reconquistó este jueves por segunda vez en un año, según el gobierno ruso, tiene más de 2 mil años de antigüedad y está inscrita por la Unesco en el patrimonio mundial de la Humanidad.
Palmira cayó en manos de los yihadistas del Estado Islámico (EI) por primera vez en mayo de 2015.
En marzo de 2016, el EI fue expulsado de la ciudad por el ejército sirio y sus aliados pero los yihadistas volvieron a ocuparla en diciembre del 2016.
Mencionada por primera vez en los archivos de Mari en el segundo milenio antes de la era cristiana, según la Unesco, Palmira era un oasis para las caravanas entre el Golfo y el Mediterráneo y una etapa en la ruta de la seda.
La conquista romana, a partir del siglo I AC, y durante cuatro siglos, dio un impulso formidable a Palmira (Ciudad de las palmeras), cuyo nombre oficial en Siria es Tadmor (ciudad de los dátiles).
Pasó a ser un punto de lujo y exuberancia en pleno desierto gracias al comercio de especias y perfumes, de la seda y el marfil de oriente, de estatuas y al trabajo del cristal fenicio
En 129, el emperador romano Adriano hizo de ella una ciudad libre y le dio el nombre de Adriana Palmira. En esa época se construyeron los principales templos, como Bel, o el Ágora, al tiempo que Baalshamin se embellecía y ampliaba.
La trinidad compuesta por la divinidad babilónica Bel, equivalente de Zeus, Yarhibol (el sol) y Aglibol (la luna) se veneraba allí antes de la llegada del cristianismo en el siglo II.
El siglo III, aprovechando las dificultades que vivía el imperio romano, la ciudad se erige en reino. Desafía a los persas y la bella Zenobia se proclama reina.
En 270, Zenobia conquista toda Siria, parte de Egipto e incluso llega a Asia menor. Pero el emperador romano Aureliano retoma la ciudad, la reina Zenobia es conducida a Roma y la ciudad declina.
Durante el régimen de Hafez al Asad (1971-2000), padre del actual presidente Bashar al Asad, la prisión de Palmira se volvió tristemente célebre porque en ella murieron cientos de detenidos ejecutados o torturados.
En la primera ocupación de Palmira, el grupo hizo estallar la prisión. La oposición siria en el exilio, hostil al régimen y al EI, lamenta la destrucción de este "símbolo del terror de Asad".
El 18 de agosto de 2015 el EI, que se había apoderado tres meses antes de la totalidad de Palmira, decapitó al hombre que dirigió durante medio siglo el servicio de Antigüedades de la célebre ciudad, Jaled al Asaad, de 82 años.
Menos de una semana después, el EI, que considera idolatría las estatuas con formas humanas o animales, dinamitó dos de los más bellos templos de Palmira, Bel y Baalshamin. En septiembre de 2015 destruyó varias torres funerarias de la ciudadela, antes de convertir en polvo el célebre Arco del Triunfo.
En enero de 2017 el Estado Islámico destruyó el Tetrapilo, un monumento de 16 columnas erigido en el siglo III y saqueó el teatro romano construido en el siglo I.
sc
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