20 | MAR | 2019
El 15 de diciembre recibió el galardón en el campo de las Artes y las Tradiciones Populares de manos del Presidente. (LUCÍA GODÍNEZ. EL UNIVERSAL)

Manuela Lino Bello, una vida dedicada a bordar

31/12/2016
00:23
Abida Ventura
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La creadora obtuvo el Premio Nacional de Artes por rescatar el bordado tradicional de Hueyapan, Puebla

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Doña Manuela Cecilia Lino Bello aún tiene muy presente un relato que le contaba su abuela, el de una epidemia que a finales del siglo XIX arrasó con la población de Hueyapan, Puebla. La mortandad fue tal que, cuenta, ya no había donde enterrar a los difuntos y los envolvían en los enredos de lana, en los chales bordados por las mujeres del pueblo. Un siglo después, esa vestimenta típica casi había desaparecido. “Solo unas ancianitas las vendían en un pueblo cercano, pero cuando fallecieron se perdió”, relata.

El mayor problema entonces era conseguir el añil y la cochinilla, la materia prima de la que se obtiene los tintes naturales que colorean esos textiles tradicionales, recuerda en entrevista telefónica la tejedora y bordadora que el pasado 15 de diciembre recibió de manos del presidente Enrique Peña Nieto el Premio Nacional de Artes en el campo de las Artes y las Tradiciones Populares por su empeño en el rescate del bordado tradicional y de los tintes naturales.

En la ceremonia realizada en Los Pinos portaba un traje típico. “Es el traje de fiesta, el que usaban nuestros antepasados”, señala la creadora, quien recuerda que la recuperación de la técnica y los procesos tradicionales para elaborar una prenda como esa comenzó hace más de 35 años.

“Empezamos a agruparnos, si mi memoria no me falla, el 11 de agosto de 1979. Yo lo hice con mucho amor, con mucha alegría. No lo hice para que me reconocieran, como con este premio, sino que quise rescatar las prendas antiguas, de nuestros ancestros”, expresa la tejedora de 74 años, quien por muchos años dirigió el colectivo Tamachichijhuatl. La asociación agrupa actualmente a más de 200 mujeres que se dedican a elaborar coloridos enredos, chales, huipiles, rebozos, jorongos y otras prendas, mediante técnicas tradicionales de elaboración y teñido del hilo.

Para que la creación de esa organización fuera posible y que las mujeres de Hueyapan volvieran a producir y comercializar sus prendas sin intermediarios se requirió la ayuda de varias personas e instituciones, como el entonces Instituto Nacional Indigenista, pero sobre todo, resalta Lino Bello, la promotora del arte popular mexicano Teresa Pomar: “Cuando estábamos buscando cómo vender, ella nos dijo: ‘Yo les ayudo, pero vuelvan a rescatar su cultura’. Nos compraba en grandes cantidades, vendía en el museo y nos metió con Fonart”.

Con ese impulso, los bordados y tejidos de esa comunidad de origen nahua volvieron a florecer.

Hoy, dice, además del colectivo que ella fundó existen otros que están apostando por crear prendas modernas. “Creo que está bien, pero solo espero que los hagan bien, que no metan otros tintes porque descomponen nuestra cultura”, subraya. “Siempre soy celosa de que no usen tintes que no son naturales”, añade tajante.

Manuela Cecilia Lino Bello dejó de bordar hace unos 15 años debido a problemas de ceguera, pero sigue estando a la cabeza de las mujeres tejedoras de su comunidad.

“Ella dice que son como sus ahijadas y siempre nos ha dicho que nunca perdamos la originalidad de las piezas porque si la perdemos, esos procesos se terminan, y ya no sería artesanía, sino manualidad o maquila”, comenta su hija Cecilia Jaime Lino, también bordadora y portadora del conocimiento que le ha transmitido su madre. “Ella ya no ve bien, pero es la que diseña las ideas que nosotras bordamos, ya sean rebozos, huipiles o chalinas”, añade.

Madre de cinco hijos y hablante del náhuatl, Manuela Lino sostiene que su problema de ceguera no es ningún impedimento para seguir trabajando. “Ahora, ya casi ciega, siento los bordados con la palma de mi mano, sé cuando le añaden muchos nudos y que no deben ser. Y aunque ya no vea, continuaré porque no me gusta estar quieta, me siento mal cuando me dicen que ya no haga nada”, dice.

La creadora poblana se declara católica. Por ello, además de reconocer que este premio llegó gracias al apoyo de sus “hermanos y hermanas” del pueblo y de personajes e instituciones, describe este premio como un regalo divino: “Me siento tan feliz porque sé que el ser divino me ha dado este regalo; estoy agradecida con Dios y también le pido por la gente que me ha ayudado”, expresa.

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