[Publicidad]
ana.pinon@eluniversal.com.mx
Guanajuato- La ópera Ana y su sombra, de la compositora mexicana Gabriela Ortiz y libreto de Mónica Sánchez, con solistas del Estudio Ópera de Bellas Artes, se estrenó ayer en la 43 edición del Festival Internacional Cervantino y tuvo como invitados especiales a alumnos de primaria y secundaria, así como de comunidades marginadas del municipio de Irapuato.
La recepción de la ópera que aborda la historia de una niña mexicana que anhela volver a su país y la relación con su sombra que desea continuar viviendo en Estados Unidos, fue positiva.
Sin embargo, la producción padeció aspectos que impactaron en la calidad del montaje, el cual, dirigido escénicamente por Luis Martín Solís y musicalmente por Rogelio Riojas, con Inner Pulse Ensamble, lució un bordado grueso, expuesto, sin sutilezas.
El descuido de la escenografía permitió que los espectadores descubrieran los secretos de la magia escénica, especialmente en los momentos de lucimiento de las sombras cuando los actores estaban a la vista al crear las figuras. Aunque la ópera es en español y no es obligado el uso de supertitulaje, ante el estreno de una ópera para niños parecería idónea la inversión de pantallas que permitieran al público comprender lo que se cantaba, pero no fue así.
La participación de los solistas fue notable, sin llegar a la excelencia que se espera de cantantes becados en un taller de ópera de alto nivel. Resalta el sello personal de la obra de la compositora que fiel a su estética, puso al servicio de la voz humana una partitura fresca, festiva y dramática.
[Publicidad]
[Publicidad]









