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El Centro Europeo de Física de Partículas (CERN) inauguró ayer un nuevo acelerador lineal que inyectará al Gran Colisionador de Hadrones (LHC) partículas a una intensidad jamás alcanzada, acelerando la producción de datos con los cuales se espera atisbar la materia oscura o dar con partículas desconocidas.

El nuevo acelerador lineal (Linac 4) es el primero en la cadena de cinco de distintas dimensiones que forman parte de los experimentos de la organización científica y el único que no tiene forma de anillo.

Con los nuevos avances se podrían generar aceleradores portátiles que ayuden a los médicos a tratar pacientes con cáncer y a los expertos a analizar obras de arte.

El CERN está actualizando gradualmente su hardware para obtener más información del Gran Colisionador de Hadrones, su acelerador circular de 27 kilómetros hace chocar a los protones casi a la velocidad de la luz para investigar preguntas básicas sobre el Universo.

Junto al nuevo acelerador Linac 4, que costó 93 millones de dólares y se construyó en una década, el líder del proyecto, Maurizio Vretenar, dijo que el CERN había miniaturizado la tecnología y veía muchos usos potenciales. “Es un nuevo mundo de aplicaciones”, comentó en el túnel del Linac 4, a 12 metros bajo tierra.

El CERN ya construyó una versión para tratar tumores con protones y otorgó la licencia de la patente a ADAM, una empresa propiedad de Advanced Oncotherapy.

Otro uso médico es crear isótopos para diagnosticar cáncer. Debido a que se desintegran rapidamente, deben ser llevados con velocidad a los pacientes para que los usen. Pero los nuevos aceleradores portátiles permitirían a los expertos construirlos dentro de los hospitales.

Maurizio Vretenar explicó que su próxima meta es un prototipo de un metro y que pesa unos 100 kilos, con el cual los museos podrían analizar pinturas y joyas.

La mayor parte del financiamiento del proyecto llegó hace unas semanas. “Estamos construyendo algo portátil”, comentó. “Ya tenemos una colaboración con el (museo) Louvre, y con los italianos en Florencia en el instituto de conservación de arte", añadió el investigador.

Los resultados toman unas horas y pueden mostrar de qué mina es originaria una joya, o detectar elementos pesados para datar e identificar la pintura usada, revelando restauraciones u obras falsas. No hay riesgo de daño, aseguró Vretenar. “Somos muy cuidadosos. La intensidad de las partículas es muy baja. No es como aquí, se usan sólo unos pocos protones”, finalizó el líder del proyecto.

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